El pato salvaje y el canto del cisne

El pato salvaje y el canto del cisne

"Es a Aladro al que se echa en falta en este montaje".

'El pato salvaje'.LUZ SORIA / TEATRO DE LA ABADÍA

Si Carlos Aladro quería confirmar que los que le destituyeron como director artístico del Teatro de la Abadía tenían razón, no lo podría haber hecho mejor con El pato salvaje de Henrik Ibsen que acaba de estrenar en dicho teatro. Y eso que ha contado con un dramaturgo de campanillas, como Pablo Rosal, para versionar el texto, y un elencazo.

Y es que esta versión nórdica de El misántropo de Moliere, al menos tal y como se ve en escena, no funciona. Se entienden mal las motivaciones de los personajes. Lo mismo que la necesidad de las partes insertadas con datos sobre la vida del autor, o las explicaciones y los comentarios sobre la historia que se hacen al margen. Partes que están microfonadas, lo que permitirá a la crítica usar el término de moderno para describir este montaje.

No es que le falte dirección o intención a la propuesta. Es una producción que parece querer profundizar la estela artística que comenzó con Mercaderes de Babel, una obra que este mismo director montó a partir de El mercader de Venecia de Shakespeare. Un montaje que generó mucho debate y, quizás, el comienzo de la crítica a una gestión artística que quería cambiar el paso del Teatro de La Abadía que estaba muy marcado.

Un momento en que Madrid era lo más moderno en términos teatrales. Con Alex Rigola reinando en los Teatros del Canal. Mateo Feijoo dirigiendo las Naves del Español en el Matadero de Madrid. Carlos Aladro tomando las riendas de la Abadía y tratando de hacer la transición de un teatro de estilo alemán de finales del siglo XX a un teatro también de estilo alemán del siglo XXI. Miguel Oyarzun e Isla Aguilar dirigiendo el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque con Grumelot como compañía residente. Y Carlota Ferrer dirigiendo el Festival de Otoño.

Se piensa en todo esto viendo la historia desgraciada de la familia que protagoniza la obra. Una familia venida a menos, que lo perdió todo, pero que ha conseguido mantener un estilo de vida tranquilo y aparentemente decente. Que tienen como mascota un pato salvaje en el desván. Que se pone en riesgo al alquilar una habitación a un iluminado, venido del norte que se muestra como amigo y que, en ese rol, se arroga el papel de introducir la virtud en dicha familia.

Un comprometido con su fe que se cree que lo que dice es la norma a la que se deben ajustar los demás. Su objetivo es que puedan alcanzar una verdadera vida y una vida verdadera, que no es lo mismo. Un amigo que fuerza la necesidad de hacer sacrificios, ofrendas, para congraciarse con ¿dios? y obtener su favor.

  'El pato salvaje'.LUZ SORIA / TEATRO DE LA ABADÍA

Pues el hombre y la mujer modernos, entretenido en sus días y sus noches con sus veleidades artísticas, sometido a la contabilidad financiera que le permita la vida diaria, con esos vínculos superficiales, basado en naderías, han sido abandonados por Dios. Y ese ser humano debería seguir la regla, la senda de la verdad, para recuperarlo.

Una historia que se cuenta en un escenario de aspecto pobretón, gris y triste. Se podría decir que de aspecto sucio. Al que se le han añadido en los extremos del teatro unos sets en los que se quedan los actores esperando o se visten o cantan y tocan la música para la obra. Un espacio escénico que no acaba de funcionar como el espacio doméstico que parece que se quiere representar.

Ahí, en ese espacio tan difícil de habitar, es donde los actores tienen que interpretar o representar a todos esos personajes. Algo que hacen con todas sus fuerzas. No escatiman nada ninguno de ellos. No se guardan ni se resguardan. Salen a la intemperie con la que está montada la obra y se ofrecen.

Tal vez, con la misma esperanza que se ofrece Hedvig Ekdal, la hija de la pareja protagonista y que Nora Hernández, la actriz que la representa, permite que se la vea como la niña que es. Quizás, sea esa esperanza y ese ofrecimiento los que hacen que en su tercio central la obra funcione. Que, de alguna manera, consigan que el espectador, al menos el informado, se olvide del contexto en el que se ha producido esta obra. Y lo que le interese sea la historia y lo que tiene que contarle a una persona del siglo XXI que ha visto y conocido tantos talibanes que ni se ven ni se muestran como tales.

Por eso, aunque Aladro aparece en la información que da el teatro y en las ruedas de prensa, es a Aladro al que se echa en falta en este montaje. Al valiente que se inventó el teatro confinado durante la reciente pandemia de covid. Al que programó y produjo un hito teatral como fue Descendimiento. Al que la revista Forbes incluyó entre los cien españoles más creativos, hace nada, casi dos días.

Independientemente de sus errores de gestión, que al parecer de uno u otro modo ha dejado gente que se siente dañada, perjudicada, entre ellos una parte del público habitual del Teatro de la Abadía que reclamaban la vuelta de José Luis Gómez a la dirección, Aladro llegó donde llegó por lo que había hecho. Por su buen currículo. Un currículo vinculado a este teatro y a la variada y excelente programación que hizo en el Corral de Comedias de Alcalá.

Hubiera sido bonito verle salir por la puerta grande del Teatro de la Abadía con un espectáculo incontestable. Todavía puede serlo. El teatro, como el arte vivo que es, puede irse ajustando poco a poco. Aunque quizás, este fracaso de dirección, puesto en contexto, cuente mejor la historia de El pato salvaje que lo que se ve en escena convirtiéndose en su canto del cisne en este teatro.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.