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03/02/2020 07:08 CET | Actualizado 03/02/2020 07:08 CET

El poder de la genómica en la lucha contra el cáncer

Aunque cumplamos a rajatabla con las recomendaciones de vida saludable, el cáncer puede llegar.

SCIEPRO/SCIENCE PHOTO LIBRARY via Getty Images
Ilustración de glóbulos blancos atacando a células cancerígenas.

Aprovechando celebración del Día Mundial contra el Cáncer, y conociendo los principales datos de esta enfermedad en 2019 y las previsiones para 2020, presentados anualmente por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), vemos necesario remarcar que el número de nuevos casos diagnosticados se ha estabilizado y la mortalidad ha caído un 1,3%. Un frenazo a la tendencia ascendente de los últimos años que sugiere, en mayor o menor medida, que los que nos dedicamos a luchar contra esta enfermedad lo estamos haciendo bien.

Es cierto que llevamos varios años dando pasos adelante en los campos del tratamiento y del diagnóstico, y que la medicina personalizada y de precisión está cambiando de forma sustancial el devenir de los pacientes. Cada vez más, localizamos los tumores de forma temprana y precisa, lo que permite a los oncólogos dar con una terapia mucho más personalizada y efectiva que frena el avance de la enfermedad.

A través de los análisis genómicos, por ejemplo, es factible conocer las alteraciones genéticas que desencadenan un tumor. Los especialistas consiguen con ellos mucha más información sobre la enfermedad y pueden tomar mejores decisiones terapéuticas para sus pacientes. Dar con la raíz del problema permite no sólo dar con el fármaco adecuado, sino también realizar seguimientos más certeros y fiables y, en ocasiones adelantarse a la evolución de la enfermedad.

Por otra parte, al determinar cuál es el tratamiento más adecuado el oncólogo dejará a un lado terapias que podrían perjudicar más que beneficiar al paciente mejorando su calidad de vida. A su vez, ahorrará al sistema de salud el coste, normalmente elevado, de los fármacos que no van a  serle de utilidad al paciente.

A todo ello se añade el hecho de que cuanta más información se obtenga a través de estas pruebas genómicas más fácil será determinar el acceso de un paciente a un ensayo clínico. De hecho, existen plataformas online capaces de interpretar esta información genómica y presentar aquellos ensayos clínicos disponibles en función de las características del paciente.

Prevención

Para que los datos del año que viene sean aún mejores que los de 2020 no sólo debemos confiar en la investigación oncológica. En nuestra mano está el llevar un estilo de vida saludable que puede ayudarnos a prevenir muchos casos de cáncer. Es de sobra conocida la relación del tabaquismo con el cáncer de pulmón, o la del consumo de alcohol con el cáncer de hígado, esófago o cabeza y cuello. También hemos de ser conscientes de que la obesidad está relacionada con el cáncer de mama y útero en las mujeres, y con el cáncer de próstata en hombres.

Por tanto, llevar unos hábitos de vida en los que estén muy presentes el ejercicio físico y una dieta mediterránea equilibrada, sin fumar ni beber alcohol, puede ayudar a evitar muchas enfermedades. No sólo relacionadas con el cáncer, también cardiovasculares y respiratorias, entre otras. Y no nos olvidemos de protegernos de los efectos nocivos del sol, principales causantes del cáncer de piel. Sus radiaciones son capaces de producir mutaciones en el ADN de las células que forman la epidermis impidiendo su reparación y por tanto iniciando el proceso tumoral.

Por último, es importante acudir al médico de forma periódica y realizar las pruebas de cribado que marcan los protocolos. Porque, aunque cumplamos a rajatabla con las recomendaciones de vida saludable, el cáncer puede llegar. Y localizarlo lo antes posible es una de las mejores garantías de éxito.