El problema añadido de los menores de 25 años en la crisis del coronavirus

Son uno de los grupos más vulnerables al confinamiento.

Desde que se conoció la existencia del coronavirus, siempre se ha hablado de los grupos de riesgo respecto al contagio y sus consecuencias sanitarias. Sin embargo, poco se ha mencionado a los que más sufren el encierro en casa, los más vulnerables al confinamiento. Según un estudio de la Universidad de Zaragoza, son los menores de 25 años uno de grupos que más lo padecen.

Los científicos del Observatorio para la Investigación e Innovación en Ciencias Sociales de la Universidad han destacado el crecimiento de los hábitos nocivos para la salud en esa franja de edad (menores de 25): las dificultades para conciliar el sueño, el aumento de gente que se despierta en mitad de la noche y el de quienes tienen mayor somnolencia durante el día. Además, se aprecia un ligero aumento de la pérdida en la capacidad de atención y concentración.

Otra de las conclusiones es que los jóvenes con relaciones sociales más insatisfactorias (con dificultades para expresarse emocionalmente) muestran más tristeza y apatía, así como mayor preocupación por contraer la enfermedad ellos mismos.

Según la OMS, un adolescente está entre los 10 y los 19 años. Sin embargo, los psicólogos españoles se refieren a los menores de 25 años como adolescentes tardíos, que no se han emancipado en su mayoría y aún no han pasado por hitos evolutivos de madurez.

“En momentos de crisis tienden a desajustarse los que ya lo estaban”. Con esta aclaración, la psicóloga Ana Villarrubia se refiere a los adolescentes, porque es frecuente que sean ellos los que más tendencia tienen a la disfuncionalidad —problemas de adaptación—.

¿Por qué los adolescentes son los más vulnerables al confinamiento?

Es más frecuente que sean los adolescentes los que tienden al desajuste psicológico, según Villarrubia. “Aquí no existen protocolos de funcionamiento: hay chavales que eran brillantes en la universidad hasta ayer, pero que se están acostando a las cinco de la mañana y levantándose a las tres de la tarde, y no saben controlarlo”. Por eso precisamente han aumentado los casos de trastornos del sueño entre ellos.

¿Por qué les afecta más la ansiedad?

Les afecta más que al resto porque no han alcanzado la madurez, por el mero hecho de que la adolescencia es un periodo que se extiende mucho más de lo que acostumbramos a creer. “En esos años se construyen las estrategias de tratamiento”, indica Villarrubia. Es decir, la autorregulación de la ira, de la frustración, del control del estrés, de la ansiedad... Es una etapa en la que esas herramientas no están construidas y es normal que sean más vulnerables a estar confinados.

“En la adolescencia las herramientas de la autorregulación de la ira, de la frustración, del control del estrés, de la ansiedad... no están construidas, y es normal que sean más vulnerables a estar confinados.”

¿Qué les diferencia del resto de la población?

A esa edad, por naturaleza y por el tipo de vida que llevan desde hace unos años, los adolescentes están sobreestimulados y, de pronto, con el encierro, todo se resume a unos niveles mínimos de actividad que no han conocido nunca. No son personas de 40 años, que ya han vivido las cosas de otra forma. Los adolescentes se han enfrentado a la rapidez, a la estimulación... Para alguien de 40 las respuestas no han sido tan rápidas y la estimulación no ha sido tan ágil.

Esta es la primera vez en la que, para ellos, no lo es, y buscan refugio en la tecnología, en la comunicación inmediata con sus amigos. “Eso tampoco tiene por qué ser negativo, ayuda a que se mantengan alerta y conectados”, apunta.

“A esa edad por naturaleza y por el tipo de vida que llevan, los adolescentes están sobreestimulados y, de pronto, con el encierro todo se resume a unos niveles mínimos de actividad que no han conocido nunca”

Los hábitos nocivos

Según el estudio de la Universidad de Zaragoza, el consumo de alcohol o tabaco se ha incrementado ligeramente durante el confinamiento. Ana Villarrubia explica que “puede ser que afecte más a los menores de 25, pero estamos en un contexto excepcional y tampoco se podría anticipar que pueda aumentar el alcoholismo, y menos en tres meses... Muchas situaciones que se ven de manera alarmista pueden ser la reacción instintiva y humana con la que están haciendo frente a lo que está pasando”. Sin embargo, reconoce que hay tendencias que pueden ser preocupantes en personas que tienen problemas de control de impulsos, que precisamente son los menores de 25: “Tienen menos autorregulación, menos control de la frustración y menos gestión emocional, pero eso no significa que desarrollen trastornos”.

Tras el confinamiento... ¿subirá la lista de pacientes de psicología?

“Yo ya lo estoy notando. Hay gente que me llama, a la que ya le había dado el alta, pero de repente un síntoma de lo que sufrían se reactiva”, explica. Ocurre principalmente porque con el confinamiento la gente se encuentra con uno mismo, y aparece el desencadenante de sus problemas, es decir, no es que afloren nuevos problemas, sino que se descubren otros que ya existían.

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