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07/03/2021 10:57 CET | Actualizado 07/03/2021 10:57 CET

El PSOE sin socialdemocracia

Si los partidos socialistas no admiten la defensa de los derechos individuales se extinguirán.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una presentación.

El PSOE forjó los grandes consensos de justicia social que devinieron en la sociedad del bienestar española. El PSOE ha abandonado su esencia al disparar día sí y día también contra la sociedad del bienestar. Ha trampeado con sus señas de identidad hasta confundirlas. Hay un gobierno Frankenstein y hay un partido Frankenstein, el PSOE. Lo mismo torpedea a la clase trabajadora que escabulle transparencia —dictamen del Consejo de Estado sobre los fondos europeos— o apoya el troceo de España.

Los partidos socialdemócratas están siendo arrasados en Europa por populismos, liberales de falsaria moderación y conservadores. Se aduce la falta de precisión en la definición ideológica de las socialdemocracias en el siglo XXI. Se suele achacar la desaparición de las socialdemocracias al extravío de su músculo en el mundo de las ideas o a su apropiación de practicas populistas de la extrema izquierda. El caso del PSOE. 

Hay una razón de fondo. A partir de los años 30 en Suecia y después de 1945 en Gran Bretaña, los partidos socialistas europeos comenzaron a colmar los derechos colectivos: las pensiones, la educación y la sanidad. Se ensancharon los derechos a otros grupos. Aún queda trabajo por hacer. Pero los socialistas europeos no caen en que satisfecha la parte sustantiva de las mayorías, la ciudadanía reclama derechos individuales, propios de los liberales de nuestra primera republica. Si los partidos socialistas no admiten la defensa de los derechos individuales se extinguirán.

Si los partidos socialistas no admiten la defensa de los derechos individuales se extinguirán

El primero de los derechos individuales concierne al interés personal. No se trata de la panorámica del expresidente Mariano Rajoy de crear de la nada una abundancia de emprendedores —no hubo concreción en la legislación—.  La suma de todos los intereses incrementa y fomenta una sociedad de contenido plural, cuyos impuestos ayudan a la cohesión y a desarrollar leyes, aplicables, de justicia social. Interés personal legítimo coartado por una excesiva burocracia y cientos de prohibiciones que buscan inhibir a la persona en la búsqueda de la libertad, de su desarrollo, de su pensamiento, de su felicidad.

En España, existe una socialdemocracia liberal que deberá dar la talla. No se encuentra en Ciudadanos. Este partido la obvia al aliarse con Vox y el PP.

Los partidos socialistas están fallando en lo que los sustentó. El paradigma es el PSOE, un partido incapaz de interpretar la nueva realidad de la pandemia. Un partido solo de Gobierno, que no acaba de comprender que el Gobierno es con la gente y no por encima de la gente. Un partido que se crece en la tensión a sabiendas de romper el tejido social y que, por añadidura, rehúye a los partidos constitucionalistas.

La gravedad se enraíza en que Pedro Sánchez parece, o lo indican sus acciones, no aportar demasiado a la justicia social, a la comunal y a la individual.

Sube los impuestos a los más ricos. Pues los más ricos, empresarios, se ocuparán de redondear las cifras bajando los sueldos de los empleados y acrecentando el precio de sus productos. Así que al final la política fiscal de Sánchez deshidrata a la clase trabajadora; ve incrementada el valor de la cesta de la compra y reducida el salario. Lo lógico en tiempos de crisis es bajar los impuestos y luego subirlos gradualmente alcanzado un acuerdo de máximos.

Lo lógico en tiempos de crisis es bajar los impuestos y luego subirlos gradualmente

Sánchez, en cada una de sus políticas, demuestra que no es socialdemócrata y que dirige un partido sin socialdemocracia: se ha olvidado de la justicia social. Que se lo pregunten al 80% de los que han pedido el ingreso mínimo vital y no lo han percibido. Que se lo pregunten a los dependientes, cuya ley ya no les ampara. Que se lo pregunten al alto porcentaje de españoles que han desistido en la búsqueda de empleo, hastiado de un Gobierno que no mira por ellos. Que se lo pregunten a los parados de los ERTE, que no cobran un euro después de meses en la cola de la caja común. Que se lo pregunten a la policía nacional y a la guardia civil, que reciben mucho menos que las fuerzas de los territorios nacionalistas. Que se lo pregunten a los LGTBQ, ya que nadie ha hablado de igualar sus sueldos como el de las mujeres.

Que se lo pregunten a los ciudadanos que no viven en Cataluña. La Cataluña independentista (27% del electorado) obtiene lo que aporta al Estado, cuadrando sus cuentas y mermando el bienestar de los demás territorios. Que se lo pregunten a los cuatro millones de parados. Que se lo pregunten a los bancos de alimentos, que desconocen que el Gobierno pretende subsidiar a las ONGs. Que se lo pregunten a los que padecen los convenios sectoriales, dignos del conservadurismo, de un PP desnortado, derechizado. Sánchez ora atiende a Bruselas ora no, al vaivén de su improvisación y codicia política.

A Sánchez la solidaridad le preocupa poco

A Sánchez la solidaridad le preocupa poco. El tribunal de Luxemburgo aprueba la devolución en caliente de los migrantes que se cuelan por Ceuta y Melilla. Sánchez, en lo que es una injusticia palmaria, tratar a personas como animales, no le niega la mayor a la UE. El presidente, de visión unidireccional, no ha aprendido que los migrantes con su legado cultural hacen a España mejor y más fuerte.

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