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02/11/2021 11:56 CET | Actualizado 02/11/2021 11:56 CET

El pulso de los empresarios a Pedro Sánchez que se les puede volver en contra

No hay más que mirar al pasado para confirmar que los pulsos tan públicos a los gobiernos no siempre tienen final feliz.

EFE

“Nunca me he sentido más vulnerable y con menos poder que siendo ministro”, asegura un ex ministro de Sánchez, tras haber estado durante tres años en una de las cimas del poder político. Esta confesión, que puede sonar extraña, define bien el acoso que el poder empresarial de este país ha puesto en práctica contra el Gobierno de coalición desde el inicio de la legislatura, embarcados en la cruzada de desalojarlo cuanto antes.

Un ministro, sea del partido que sea, por la propia naturaleza de su cargo tiene la obligación de impulsar reformas para que la nación progrese y no pierda el ritmo de los países de su entorno. Sin embargo, la clase económica española lleva echando un pulso al Ejecutivo que no cesa ni tan siquiera con la llegada de los 140.000 millones de los Fondos Europeos, de los que las empresas se van a beneficiar necesariamente.  

La lluvia de millones puede significar que este, que es el Gobierno más débil de la democracia, se vea fortalecido gracias al helicóptero que reparte euros desde Bruselas, se convierta en un gobierno fuerte para las elecciones del 2023. Esta posibilidad causa escalofríos entre los empresarios, que temen disminuir su influencia.  

El poder empresarial está presionando al Gobierno porque tiene la ocasión de conseguir un fortalecimiento brutal a través de los Fondos

“No es más débil que otros gobiernos, aunque esa debilidad que puede transmitir está acentuada porque nunca el partido de la oposición (el PP) ha estado tan cerca y ha sido tan cómplice de los empresarios. El poder empresarial está presionando al Gobierno porque tiene la ocasión de conseguir un fortalecimiento brutal a través de los Fondos, ya que la administración de los 140.000 millones son un elemento de poder incuestionable”, explica un conocido economista que asesora a empresas del IBEX-35.

Al poco tiempo de formarse el Gobierno de coalición, en el 2020, durante una reunión con el Ibex, uno de los grandes empresarios comentó a Moncloa: “Vale, habéis llegado. En 2019 íbamos contra vuestra legitimidad, ahora ya no.  Pero eso sí, en aspectos como la reforma laboral vamos a ir frontalmente en contra, porque aunque no nos afecta -los convenios del Ibex suelen ser mejores que los sectoriales- desde un punto de vista ideológico, no podemos consentirlo”.

Efectivamente, el poder económico no está dispuesto a ofrecer la imagen de estar supeditado al poder político. No hay que olvidar las lágrimas del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, el pasado mes de junio cuando se echó a llorar en público tras la caza a la que le sometió la derecha, con el beneplácito  de sus colegas empresarios, tras comentar en una entrevista que los indultos a los líderes del procés serían ‘bienvenidos’. “Desde el inicio de la pandemia nunca hubo en la economía una intervención tan grande -con los ERTES entre otras muchas medidas casi de guerra-. Eso a cualquier grupo empresarial le obliga a ejercer presiones para que no se ponga en duda su poder”, comenta un analista del IBEX.

La reforma laboral -revertirá la de Rajoy, que dio el poder de la negociación colectiva al empresario-, la subida del salario mínimo, la ley de Vivienda o la escalada de los precios de la energía se han convertido en guerras que  enfrentan al empresariado con el Gobierno de Pedro Sánchez. Aunque, en el caso del Gobierno, la distancia ha sido elegida en algunas ocasiones. 

“Es posiblemente uno de los gobiernos que está más alejado del mundo económico, bastante tutelado por la radicalidad del discurso de PP y Vox. Muchos empresarios se sienten arropados por los de Pablo Casado como nunca antes. Y también por la coalición con Podemos, que ha servido como enunciado justificativo. El habitual ‘nunca se había visto a unos comunistas en el Gobierno’ que se suele escuchar en círculos empresariales, les legitima para actuar tratando de torcer el brazo al Ejecutivo”, explica un destacado asesor del mundo del lobby.  

También influye que algunos de los primeros empresarios que entraron en Moncloa con el actual Gobierno, lo hicieron mirando por encima del hombro. “No podéis imaginar el tono de Florentino la primera vez que vino al despacho. Primero, tratando de despertar complicidades con lo del fútbol. Luego, dijo tales cosas que te quedabas pensando ¿pero este hombre con qué gente ha tratado antes aquí adentro? No volvió”, explica una fuente del entorno del Gobierno. 

Este Gobierno tiene la idea de que la política es Moncloa y el Parlamento; se manejan mal en el complejo mundo de los juegos de interés

El hecho es que en los últimos meses no les ha bastado con que Pablo Iglesias saliera del Ejecutivo. La agresividad desde el anuncio de Bruselas ha ido in crescendo. La historia les justificaría solo en parte, porque jamás se ha recibido una cuantía tan elevada de fondos como la actual desde que España ingresó en la UE en 1986, que se irá haciendo efectiva en los próximos cuatro o cinco años. Claro que tampoco se ha vivido una pandemia global. Pero el temor a que esto robustezca al Gobierno cuando se empiece a invertir la situación, convierte a los grandes empresarios -los que realmente detentan poder- en más frágiles.

Una de las quejas más habituales entre ellos es que no es sencillo acceder al Gobierno. “Este Gobierno tiene la idea de que la política es Moncloa y el Parlamento; se manejan mal en el complejo mundo de los juegos de interés. Los recelos que expresan cuando va a verles alguien de ese mundo son increíbles. Pepe Blanco -su consultora ‘Acento’ se dedica al lobby- no pinta nada, porque no le quieren recibir en Moncloa. Hay temor a que se les acuse de corrupción. Todo lo que ha ido aflorando del PP ha propiciado que se marcaran mucho las distancias. Es difícil que un ministro o director general te reciba”, explica un directivo de una multinacional española. La llegada a Moncloa de Antonio Hernando, que impulsó en 2019 la creación de la consultora de intermediación con Blanco, se ha interpretado desde ámbitos empresariales como un intento de Pedro Sánchez por acercarse a ese poder, al que hasta ahora solo se había acercado Iván Redondo y que podría haber desencadenado su despido.

“Se equivocan tratando así al poder económico. Es cierto que hay algunos empresarios que están ensoberbecidos y fuera de la realidad, pero no todos son iguales. No es un problema de debilidad, algunas normas han tocado mucho las narices, como todo el tema eléctrico o la ley de vivienda, que machaca a grupos de promotoras que iban a construir pisos para alquiler. Este Gobierno ha decidido vivir de espaldas al poder económico excepto en algunos temas muy concretos”, aduce el mismo cargo del IBEX. 

No hay más que mirar al pasado para confirmar que los pulsos tan públicos a los gobiernos no siempre tienen final feliz. En la memoria está presente lo que pasó con Ruíz Mateos, que quiso oponerse a Felipe González, aunque entonces el PSOE tenía mayoría absoluta. O Mario Conde, que no sólo echó un pulso a González sino también a Aznar y hasta pretendió ser candidato de la derecha y acabó en la cárcel.

Un ejemplo más reciente es el del Consejo Empresarial para la Competitividad, el mayor intento de lobby económico de la última etapa. Es la muestra , de cómo acaban las injerencias del poder económico en el político. O los pulsos.  “Ese Consejo lo impulsaron en 2011, Alierta, Faine y Botín con el beneplácito de Zapatero, en un momento en el que la prima de riesgo estaba disparada. Luego se mantuvo con Rajoy, hasta que en 2017 echó el cierre. Fue un fracaso estrepitoso y le costó el puesto a Alierta. A los empresarios les supuso un desprestigio y las nuevas generaciones han tratado de no reproducir ese modelo de un poder económico que quiere torcer la mano al gobierno de turno”, recuerda un ex ministro socialista que lo vivió.

Quien sí que retuerce el brazo a los gobiernos de derechas y de izquierdas es Bruselas, el poder de la UE, a la que hay que someter los objetivos económicos. Bruselas es el cuarto invitado a la mesa de negociación con Gobierno, patronal y sindicatos. Y nunca se puede olvidar, eso es poder. 

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