VIRALES
25/01/2021 15:53 CET | Actualizado 26/01/2021 10:59 CET

El relato desde la primera tos hasta la UCI: conviene leerlo antes de saltarse las medidas

"Das gracias por estar vivo y le deseas esto a nadie”, concluye.

GLEB GARANICH / REUTERS

La enfermera Marta Tomás ha impactado con el relato que ha publicado en su perfil de Instagram. La sanitaria ha querido contar la evolución de un paciente de coronavirus y su publicación ha alcanzado ya los 60.000 me gusta.

La historia empieza con una persona que se levanta con tos y algo de malestar. No le da importancia y lo asocia a que estuvo en una comida con amigos, bebió un poco y pasó frío. Por la noche, ya tiene unas décimas de fiebre, pero nada más. “Pasan un par de días y sigues encontrándote mal, incluso te falta un poco el aire. Te planteas si puede ser covid-19 y vas a hacerte una PCR que sale positiva”, prosigue.

Resultado: confinado tanto él como sus convivientes y los amigos de aquella comida, como mínimo. “Pasan dos días y ese aire que te faltaba un poco, ahora se ha convertido en ahogo. Ha llegado el momento de ir al hospital, casi no puedes moverte de la cama, así que alguien debe llevarte”, continúa.

Ya en el hospital tiene que ser ingresado. Muestra los signos vitales alterados, especialmente el oxígeno en sangre: “Te ponen oxígeno y te dejan en una silla, muy incómoda para lo mal que te encuentras, en un box improvisado en mitad del pasillo, a la espera de una cama en la unidad de coronavirus. Si venías con acompañante, ese es el último momento en el que lo vas a ver. A partir de ahora estás solo y enfermo”.

Cuando es trasladado a una habitación, se da cuenta de que no es una habitación al uso, ya que está rodeado de otros pacientes covid, sin baño y los sanitarios que le atienden llevan las EPIs.

“A partir de ahora vas a estar entre ruido, descansando poco, haciendo pis en una botella y observado a través de un cristal. Te tomarán constantes mínimo una vez al turno y no podrás ver ni a tu familia ni amigos”, explica. 

Respirar, narra, va a peor y tiene que ser conectado primero a una mascarilla con oxígeno y después a otras máquinas más potentes. La posibilidad de intubación empieza a rondar... y sí, eso suena feo. 

Entonces ponen otra mascarilla con la que le sellan la cara. “Sientes una presión constante. Te cuesta adaptarte y te resulta molesto, peor te acabas acostumbrando y te encuentras mejor. Lo de comer ya lo das por perdido. También lo de moverte de la cama”, afirma Tomás, que dice que entonces el paciente hace una videollamada con la familia acojonado por si le tienen que dormir. 

Después de unos días en planta, tiene que ser trasladado a la UCI para ser dormido e intubado: “Piensas seriamente en si vas a sobrevivir, te ves jodido. Tienes miedo”.

Ya en la UCI y tras ver un panorama desolador, es intubado y dormirá entre 15 y 30 días en el mejor de los casos. El paciente lleva sondas por todos los orificios de su cuerpo y el tubo para respirar, así como varios catéteres para poner medicación y sacar analíticas. 

“Tus pulmones fallan, tus riñones están sufriendo y la falta de oxígeno es mala para el cerebro, tu corazón también trabaja de más y con lo de no moverte hace siete días que no haces de vientre”, describe sobre el estado. 

La cosa empeora todavía más y estalla un pulmón, así que le ponen un tubo en el tórax. También necesita una traqueostomía para respirar: “Has estado a punto de morirte unas 3 ó 4 veces, tú no te has enterado pero a los que llevan el mono blanco les has dado un par de sustos buenos”. 

A partir de ahí empieza a mejorar. Le comienzan a despertar y se encuentra como “un yonki”. No puede mover los dedos porque ha perdido masa muscular, pero un sanitario le dice que lo peor ha pasado. Entonces es consciente de la situación en la UCI y se ve reflejado en otros pacientes que están como había estado él. 

“Sientes que has envejecido diez años”, señala. Empieza el proceso de recuperación con los fisios y los enfermeros, que tratan de entenderle al no poder hablar por la traqueostomía. 

Durante esos días ve morir a gente en la UCI. “Un día alguien con mono se acerca con una tablet y te pregunta si quieres hacer una videollamada. La hacéis, todos lloráis. La persona que está debajo del mono también”, indica. 

A los días le sacan el tubo del cuello y puede empezar a hablar. También a comer algo, aunque sigue necesitando oxígeno porque sus pulmones están muy dañados. 

Tomás describe cómo los sanitarios celebran que haya podido salir de la UCI, unos sanitarios que han hecho todo por él. 

“Vuelves otra vez a la planta y aún te quedan unos días allí, pero ves cerca el fin. Ya no eres covid positivo. A los días te dejan volver a casa. Has estado ingresado casi tres meses. Otros no han tenido tanta suerte y has visto como se quedaban en el hospital. Das gracias por estar vivo y le deseas esto a nadie”, concluye la historia.

Además, la sanitaria hace una última reflexión: ”¿Qué os parece si nos ahorramos toda la historia y nos quedamos con la última frase?”.

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