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22/05/2019 18:47 CEST

El Supremo confirma la condena a un hombre por forzar sexualmente a su mujer: "El matrimonio no supone sumisión"

Además, confirma la agravante de parentesco

AFP

El Tribunal Supremo ha dado la razón a la Audiencia Provincial de Málaga, que había condenado a un hombre como autor de un delito de agresión sexual en concurso con otro de maltrato por forzar a su mujer a tener relaciones porque decía que “era su obligación”. El alto tribunal ha desestimado el recurso de casación interpuesto por el acusado, al que confirma una pena de nueve años y nueve meses de prisión.

La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado Vicente Magro Servet, formando parte del Tribunal Miguel Colmenero, Pablo Llarena, Susana Polo y Eduardo Porres, desestima el recurso presentado contra la sentencia que condenó al hombre por haber golpeado a su pareja porque ésta no quería mantener en un día determinado relaciones sexuales, forzándole sexualmente.

Según se declaró probado en la resolución de la Audiencia de Málaga, el acusado se dirigió a su mujer en estos términos: “Es tu obligación. Es domingo y toca”, al tiempo que le decía que “no servía para nada” y que “lo suyo no era trabajar y tenía abandonada la casa y la niña”. Así, la agarró “fuertemente de la cabeza” y le dio “un número indeterminado de cabezazos y bofetones”, tras lo que la obligó a tener relaciones. “Ante la contundencia de los golpes para vencer su resistencia”, el condenado consiguió violarla, decía la resolución, tras lo que la víctima logró huir y denunció los hechos en Comisaría, siendo atendida luego en un centro sanitario.

Agravante de parentesco

“El matrimonio no supone sumisión de un cónyuge al otro, ni mucho menos enajenación de voluntades”, ha señalado en su sentencia el Supremo. “El hombre pretendía ejercitar un derecho de contenido sexual con su pareja y una corolaria obligación de ésta de acceder a las pretensiones sexuales de él en cualquier momento en que lo exigiera. Se pretende por el agresor un reconocimiento de que el matrimonio lleva consigo el derecho de los cónyuges a tener acceso carnal con su pareja cuando uno de ellos quiera, pese a la negativa del otro; planteamiento que debe ser rechazado”, prosigue el texto.

El alto tribunal considera que “la conducta ejercida con violencia del acceso sexual mediante golpes, o venciendo la voluntad de la víctima con intimidación, determina la comisión de un delito de agresión sexual”. Además, confirma la agravante de parentesco reconocida en la sentencia por la relación de pareja y convivencial.

“No puede admitirse bajo ningún concepto que el acceso carnal que perseguía el recurrente, porque entendía que ese día debía ceder su pareja a sus deseos sexuales, es una especie de débito conyugal, como obligación de la mujer y derecho del hombre”, precisa la resolución, consultada por Europa Press, por lo que insiste en que “si se ejercen actos de violencia para vencer esa voluntad con la clara negativa de la mujer al acceso carnal, como aquí ocurrió, ese acto integra el tipo penal”.

La libertad sexual de la mujer casada o en pareja “emerge con la misma libertad que cualquier otra mujer"


Señala que la libertad sexual de la mujer casada o en pareja “emerge con la misma libertad que cualquier otra mujer, no pudiendo admitirse en modo alguno una construcción de la relación sexual en pareja bajo la subyugación de las expresiones que describen el sometimiento que consiguió el recurrente a su pareja bajo la coerción de la fuerza”. Este tipo de conductas “constituye, sin duda alguna, un grave atentado al bien jurídico protegido por el tipo, que es la libertad sexual, que no se anula por la relación conyugal, por lo que no existe justificación alguna para violentar por la fuerza o mediante intimidación la voluntad contraria del otro cónyuge”.

Al respecto, se precisa que “ni existen supuestos ‘derechos’ a la prestación sexual, debiendo primar, ante todo, el respeto a la dignidad y a la libertad de la persona”, apuntando que en este caso, además, “la víctima hizo constar su falta de consentimiento de una forma expresa, manifiesta y activa, que solo mediante la violencia pudo ser superada”.

El Tribunal defiende “el derecho a la autodeterminación sexual en cada uno de los miembros de la pareja” y señala que en este caso se da “una conducta de dominación sexual del autor del delito que compele a su víctima en la medida en la que le traslada a ésta que tiene la obligación de aceptar esa orden de contenido sexual que le dirige bajo la concurrencia de actos violentos para vencer y superar su oposición, sea cual sea ésta”.