INTERNACIONAL
05/11/2020 09:48 CET | Actualizado 05/11/2020 12:56 CET

El Tribunal Supremo, decisivo en la resolución de las elecciones de EEUU

Trump ha anunciado ya su recurso al Alto Tribunal, donde hay una aplastante mayoría de afines a su partido. ¿Se impondrá la objetividad?

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La Corte Suprema, en Washington.

Donald Trump lo tiene claro: va a presentar batalla de todas las formas posibles para mantenerse en la presidencia de EEUU, pese a que los recuentos aún incompletos dan la victoria a su adversario, Joe Biden. Además de sus estrategias tramposas, también apuesta por la vía legal. Ya ha anunciado que llevará el conteo al Tribunal Supremo para que decida, al fin, quién debe ocupar el Despacho Oval.  

La Corte Suprema de los Estados Unidos es el intérprete último de la Constitución del país. Por tanto, tiene que dar el visto bueno a las leyes que se redacten. De su aval o su persecución depende el futuro de cada articulado. Y también tienen autorización para avalar un proceso en duda o denunciado como tal. Hablar de independencia de los jueces, en este caso, es un poco quimera, ya que quien controla el Tribunal, controla su ideología y, al final, controla las normas y las resoluciones que toma.

Y el Supremo, hoy, es republicano. Del ala dura, además. La Corte se compone de nueve magistrados, con mandato vitalicio. Hasta que mueran, siguen en el cargo, aunque también se contempla la opción de que salgan con un impeachment planteado el Congreso (eso no ha ocurrido nunca) o porque no tengan salud suficiente para seguir tomando decisiones lúdidas. Los nombres de los componentes del Tribunal los propone el presidente y los confirma el Senado.

Los magistrados son apartidistas, esa es la teoría, pero suelen comulgar con las ideas del mandatario que los ha nombrado. Le devuelven el favor, se puede decir. Hasta hace dos semanas, había cinco magistrados nombrados por los republicanos y cuatro elegidos por los demócratas. Pero la progresista Ruth Bader Ginsburg murió el pasado 19 de septiembre y Trump la ha sustituido en plena campaña electoral por alguien de su rama, la jueza conservadora Amy Barrett, declarada católica, antiaborto y proarmas. Así que ahora los republicanos cuentan con seis de nueve magistrados alineados con sus posturas. No obstante, el presidente, John Roberts, avalado por los republicanos, tienen un carácter “heterodoxo”, indica nuestro compañero del HuffPost USA Paul Blumenthal, por lo que no siempre comulga con ellos. 

Llegado el caso de una pelea electoral, se supone que lo que mandan son las sumas. Los números salen o no salen. Algunos gobernadores republicanos ya han avisado a su jefe Trump que, aunque avalan los recuentos repetidos, hay poco margen para arañar, más allá de pequeñas equivocaciones, porque los procesos han sido limpios. 

Ya en el año 2000, fue el Supremo quien tuvo que declarar al vencedor. Entonces ganó George Bush hijo, frente a Al Gore.  La polémica se centró en los sufragios de Florida -las famosas papeletas mariposa- y el asunto tuvo que resolverlo el Supremo, que dio la victoria al entonces gobernador de Texas frente a quien era vicepresidente con Bill Clinton por 537 votos en dicho estado y, con ello la mayoría, en el Colegio Electoral. El Alto Tribunal consideró anticonstitucionales los recuentos manuales impulsados en Florida por el candidato demócrata. 

“En Estados Unidos, ninguna persona o partido político puede alterar el principio inexpugnable de que prevalece el estado de derecho. Cada voto debe contarse en esta elección y la voluntad del pueblo estadounidense determinará el resultado. Debemos mantener la calma. La democracia triunfará”, ha escrito justo el demócrata, a quien no benefició la decisión de los jueces.

Ahora está por ver sobre cuántos estados arroja la sospecha Trump.

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