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29/08/2020 12:01 CEST | Actualizado 29/08/2020 12:01 CEST

El vuelo errático de la gaviota

Qué viraje al centro del PP ni qué gaitas se pueden soplar con el acuerdo del Sr. Casado y del Sr. Abascal.

SOPA Images via Getty Images
Pablo Casado y José María Aznar, en una imagen de archivo. 

Antecedentes de la derecha española, del PP:

  • Acción Popular (AP): Nace en abril de 1931. Defiende a la iglesia, la propiedad y la familia.
  • CEDA: Surge de la anterior. El conjunto de las derechas surte de fondos al general Mola, cabeza del golpe militar y del inicio de la guerra civil.
  • Alianza Popular (AP): Curiosa coincidencia con el acrónimo de Acción Popular. La funda Manuel Fraga Iribarne, de ascendencia franquista. Nada que objetar, compañeros de mi partido y miembros de Podemos cuentan con los mismos antecedentes, en este caso familiares. El problema es que Fraga, siendo ministro de Propaganda del dictador, realiza una campaña que justifica el fusilamiento en 1963 de Julián Grimau. Nunca se retractó. AP agrupa a partidos y organizaciones, entre ellas ANEPA (Asociación Nacional para el estudio de problemas actuales). ANEPA crece a la sombra del franquismo. A partir de 1976 la presidió Enrique Thomas de Carranza, miembro preeminente de Fuerza Nueva. Pese a ello, hay que aplaudir que Manuel Fraga, muerto Franquito el cuquito, fuera uno de los máximos exponentes de los vencedores en el camino de la reconciliación. Los vencedores y los vencidos rubricaron la paz y las libertades en la redacción de la Constitución y su aprobación ciudadana. En rigor, Fraga resultó imprescindible en la reconstrucción de  nuestros legítimos derechos. 

Esta es la derecha que se encuentra Aznar en 4 de septiembre de 1989, su primera candidatura a la Presidencia del Gobierno. Su grandeza radica en convertir un partido con semejantes precedentes en una organización plenamente democrática (hoy no lo es tanto), sin complejos, que ostenta el poder bajo su mandato ocho años. Un mago de la política que elimina la mili, le sigue declarando la guerra sin cuartel a los terroristas y presta su apoyo incondicional a las víctimas. Justo es elogiar los logros del adversario. Se comenta con razón que Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, está en el bando de los duros del PP y que sus medidas contra la covid resultan de dudosa eficacia. Salvo dos, las primordiales: el protocolo educacional del regreso a las aulas y construir un hospital en Madrid dedicado en exclusiva a las pandemias. En la presente y las que vendrán, los demás serán liberados y se dedicarán al cuidado de los enfermos de diferentes patologías. Un avance a aplicar en las capitales de provincia de España. No de “este país”, eufemismo que usa el presidente del PP, y el arco parlamentario, con la intención de congratularse con el votante de las regiones de tendencia independentista. Habrá que averiguar si la gerencia del hospital será publica o privada, lo que condicionará el acierto.

Las declaraciones del Sr. Casado en el Congreso de los Diputados rozaron el absurdo mencionando de soslayo que el PP obtuvo los fondos europeos.

Escriben los articulistas, proclaman los tertulianos y afirman líderes del PP que la destitución de la portavoz Cayetana Álvarez de Toledo y los nuevos nombramientos moderan a la formación y la conducen al centro. Mentira la intención de los nuevos nombramientos, el PP lleva cuarenta años buscando el centro sin encontrarlo. Hay pocas recetas más de derechas que la reforma laboral del expresidente Rajoy, donde se obliga a los convenios sectoriales, lo que invita al empresario a hacer lo que le salga de las gónadas con los contratos. El ensayista Owen Yones, en su libro La demonización de la clase trabajadora, editorial Capitán Swing, escribe: Los tories siempre han tratado de debilitar el poder colectivo de la clase trabajadora como grupo social. Los conservadores españoles y los británicos coinciden al respecto.

El vuelo errático de la paloma del PP está a punto de entrar en barrena. Creyendo que Pedro Sánchez sale investido presidente de una cortísima legislatura, el Sr. Casado se dedica desde la oposición a negarse a cualquier acuerdo con el PSOE. Copia la receta, condimentada en la crisis de 2008, de Rajoy con Zapatero el último año de gobierno socialista. Las urnas revisten al Sr. Casado de servidor público. En aras del interés general sus votantes le instan a conciliar unos mínimos con el Gobierno, en plural. La renovación del TC suena a racanería.

Somos el partido que representa el mayor posibilismo político, la capacidad de llegar a acuerdos con otras formaciones. El Sr. Casado repudia nuestra geometría variable. La dirección del PP escupe pestes contra su aliado, Cs, cuando está dispuesto a negociar los nuevos Presupuestos, pero de Vox ni la pía. Encima nos echa en cara el apoyo que recibimos del PNV. ¿Ha olvidado el Sr. Casado que Aznar y Rajoy pactaron con el PNV? Lo único que ha conciliado con nosotros el Sr. Casado es el plan sanitario, necesidad electoral, que no convicción.

Las declaraciones del Sr. Casado en el Congreso de los Diputados rozaron el absurdo mencionando de soslayo que el PP obtuvo los fondos europeos. Y el martes afirmando frente a las cámaras que obró el milagro el grupo conservador de la Eurocámara. Sus compinches mediáticos llegaron a escribir que Pedro Sánchez estuvo de vacaciones en la cumbre. Cortedad de memoria. Pedro Sánchez antes visitó Suecia, uno de los frugales, con la prudencia y el coraje necesarios. Durante la cumbre consiguió los fondos gracias a su determinación, sumada a las de Conte y Macron.

Qué viraje al centro del PP ni qué gaitas se pueden soplar con el acuerdo del Sr. Casado y del Sr. Abascal.

El Sr. Casado no ha comprendido que Sánchez, ahora apretando las mandíbulas en el cuello de Podemos, con la patronal y los sindicatos a su favor en los ERTES y demás, concluirá la legislatura, lo parece, y reactivará nuestro programa social. Y eso que se avecina un otoño tórrido. Mientras Sánchez, debido a los problemas de los morados con la justicia, no está secuestrado por Podemos (el PSE sí afectado del síndrome de Estocolmo), el PP vive bajo la garra de Vox. Qué viraje al centro del PP ni qué gaitas se pueden soplar con el acuerdo del Sr. Casado y del Sr. Abascal.

El Sr. Casado afirma que bajar impuestos es de derechas y subirlos de izquierdas. Nuevo puñetazo a la verdad. Alemania, gobierno conservador, mantiene una presión fiscal del 41’3 del PIB. Bélgica, gobierno de los liberales, la derecha modernizada, mantiene una presión fiscal del 44’1% del PIB. No computo al gobierno japonés ni a ciertos estados republicanos norteamericanos ni a los conservadores israelíes, etc. En España, el marqués de la Ensenada, siendo secretario de Hacienda y consejero de Estado, registra el primer catastro impositivo de la nación. No llega a buen puerto, la nobleza tumba el catastro. Era un político ilustrado de derechas. Los hay en el PP. Tampoco se les escucha.

Al Sr. Casado le ha puesto en bandeja el viaje al centro la moción de censura de Vox, próxima e inválida. Debería intentar, apoyado en Cs, formar una coalición de gobiernos con el PSOE. Se alternarían en la presidencia el PSOE y el PP de Andalucía, Murcia y Madrid. En consecuencia, con el supuesto pacto, el Sr. Casado rompería con Vox. No lo hará. El Sr. Casado y el Sr. Abascal convergen en ideas y proyectos. 

Carmona, buen amigo y compañero, inteligencia aguda del partido, diagnostica atinado al teléfono: En España la izquierda tiene diez años de retraso; la derecha, treinta.

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