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21/10/2019 07:19 CEST | Actualizado 21/10/2019 07:19 CEST

Elecciones constantes, el ruego como 'hobby'... y nuestros dirigentes de turismo

¿Y si en realidad no se quiere que los emigrantes españoles voten?

SOPA Images via Getty Images
Imagen de archivo de las pasadas elecciones en España. 

Volvemos a la casilla de salida una y otra vez, y siempre con las mismas condiciones y sin avanzar. Elecciones en noviembre... total, para hacer un cambio de sillas que alterará muy poco las combinaciones posibles para formar Gobierno. Y que nos acercará otra vez a la dominación perpetua de dos partidos por encima del resto, los partidos que han mandado los últimos 37 años de la política patria.

En este bucle de falta de compromiso, seguimos sin solucionar los problemas que llevan encima de la mesa del Congreso demasiados años. El voto rogado, que todos los partidos quieren derogar (eso dicen), sigue siendo un impedimento para que los emigrantes españoles opinen y aporten su grano de arena para decidir un nuevo Gobierno que de soluciones a todas las trabas que tenemos los que vivimos en el exterior. 

Necesitamos poder votar en los consulados como quien vota en un colegio electoral en España. Necesitamos que nos manden las papeletas o nos ofrezcan una alternativa digital acorde al año en el que estamos, para que nuestro voto valga en nuestras provincias.

Pero... ¿y si en realidad no lo quieren?

Los dos partidos predominantes, que son los que cortan el bacalao en la política de emigración tanto a nivel estatal como autonómico, ya están, como siempre, de eterna campaña electoral por el exterior… curiosamente, unidireccional, hacia Latinoamérica.

En los años de representante de la emigración en Reino Unido, nunca se nos comunicaron visitas a nuestros países de los mandamases en emigración, de esos secretarios de estado y consejeros de emigración relacionados con nuestros ámbitos de trabajo. 

Uno de cada tres sufragios rogados en abril, con el esfuerzo que ello conlleva para el votante, nunca se contabilizó.

Quizás sea por que Europa no es donde esperan cosechar votos, y saben que muchos de los votos de esta emigración joven, principalmente cualificada y con necesidad de un trabajo digno, van hacia partidos críticos con el sistema, y así lo demuestran los datos de votos de CERA, donde en 2016 el partido morado fue el más votado por delante de populares. En 2019, el voto de las cuatro primeras formaciones, es más parejo, con PSOE liderando.

Uno de cada tres sufragios rogados en abril, con el esfuerzo que ello conlleva para el votante, nunca se contabilizó.

Y entre tanto, en Europa, vemos a nuestros representantes haciendo su segundo tour del 2019 por Argentina, Cuba, Brasil… a recaudar esos votos que ya tienen de salida, y más que campaña electoral parece que lo hacen para recibir palmadas en la espalda.

En los comicios de abril, aparte de las visitas de los viajeros frecuentes, tuvieron el placer de contar justo antes del pistoletazo de salida de la campaña con la expresidenta del Congreso, Ana Pastor, pidiendo el voto por los suyos. Justamente el voto que Ana Pastor decidió no facilitar como presidenta en el Congreso, siendo cómplice de que sigamos igual. En su visita a Montevideo dijo que “el voto rogado es una falta de respeto”… ya lo podía haber dicho en el Congreso que presidia, a 9.941 kilómetros.

Y estos casi 10.000 kilómetros de distancia parece que para nuestros dirigentes se les hace menos largos que los 1.263 a Londres, o 1.870 a Berlín.

No deberíamos dudar de que quizás no vengan con tanta asiduidad por Europa, al no ser recibidos con las mismas palmas y agasajos que reciben en esas casas gallegas o de España, en Argentina o Uruguay.

No quiero dudar sobre su intención de tratar a toda la emigración por igual no basando sus visitas solo en los miles de votos fijos que reciben, y seguro que estos dirigentes se preocupan por todos los emigrantes por igual...

En Europa, quizás, los emigrantes somos más revanchistas con los partidos que con sus políticas de recortes, sin inversión en I+D, con cuotas de autónomos estratosféricas (aquí ganamos por arriba a todos los países), y con unas condiciones laborales que parecen redactadas directamente por la CEOE.

Hemos votado rogando demasiadas veces desde que nos prometieran que se eliminaría el voto rogado.

En Europa quizás tienen más fuerza organizaciones voluntarias como Marea Granate, que ponen encima de la mesa muchas de nuestras demandas, a veces compartiendo intenciones con un Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, pero con una diferencia muy grande… La Marea Granate está ahí 12 meses al año, 24 horas al día, mientras que en el CGCEE estamos ahí cuando nos dejan, y algunos consejeros ni siquiera cuando les dejan, obviando la importancia de representar y defender a nuestros conciudadanos en el exterior. En 2019, todavía no hemos sido informados del pleno que tiene que reunirse en los próximos dos meses.

Quizás nuestros representantes no quieran venir a que les digamos cara a cara que su Plan Retorno no llega a lo que necesitamos, o que hemos votado rogando demasiadas veces desde que nos prometieran que se eliminaría el voto rogado, o que exigimos que el trabajo de la senadora de En Comú Podem, Sara Vila, con la Ley de Nacionalidad se apruebe. Su propuesta ya se aprobó con unanimidad en el senado en 2018, y se volvió a presentar de nuevo este septiembre, y quizás tenga que presentar una tercera vez, una vez los diputados se dignen a concedernos tener un Gobierno de los de antes, de cuatro años.

No dudo que en el pleno del CGCEE tendremos presencia de varios partidos para decirnos que nos tienen en cuenta. Yo los esperaré con una sonrisa.


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