POLÍTICA
11/05/2019 12:19 CEST | Actualizado 11/05/2019 15:02 CEST

Emoción entre la clase política y la ciudadanía en el adiós a Rubalcaba

Numerosas personalidades y centenares de ciudadanos acuden a la capilla ardiente del exvicepresidente y ex secretario general del PSOE en el Congreso.

EFE

Centenares de personas y numerosas personalidades del mundo de la política y de la sociedad civil han acudido al Congreso para visitar la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba, exvicepresidente del Gobierno y ex secretario general del PSOE, fallecido este viernes tras sufrir un ictus

Un acto lleno de emoción por el que ayer pasaron los reyes Felipe VI y Letizia, y al que hoy han acudido los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía. 

Ambos han llegado las 11:00 horas de la mañana a la Cámara Baja, donde han sido recibidos por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta del Congreso, Ana Pastor.

Han estado primero unos minutos hablando los cuatro en el patio y después se han dirigido a la capilla ardiente donde les esperaba de pie Pilar Goya, mujer de Rubalcaba.

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Los reyes eméritos, en la capilla ardiente de Rubalcaba.

Los monarcas, ante el féretro, se han santiguado y Don Juan Carlos, con los ojos muy llorosos, ha tocado el ataúd mientras que a la reina se le ha escuchado decir ”¡Qué pena!”.

A continuación, ambos se han sentado junto a Ana Pastor, donde han sido saludados por los familiares de Rubalcaba y también por Jaime Lissavetzy, el mejor amigo del exvicepresidente.

Tras permaneces cinco minutos sentados y en silencio, se han levantado para despedirse de la viuda y otros miembros de la familia de Rubalcaba, así como del exvicepresidente del Ejecutivo Alfonso Guerra, el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, y otros exdirigentes socialistas.

A la salida, acompañados de nuevo por Sánchez y Pastor, se han cruzado con Felipe González y su esposa, Mar García Vaquero, con quienes se han abrazado y han estado charlando un rato.

También se han fundido en un abrazo Felipe González y Pedro Sánchez, llevan tiempo distanciados. 

González ha despedido emocionado, secándose las lágrimas de los ojos, al que fuera portavoz y ministro de Educación de su Gobierno. 

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Felipe González se seca las lágrimas ante el rey emérito, Juan Carlos I, y el presidente en funciones, Pedro Sánchez. 

“Lo echo de menos ya y estoy seguro de que lo voy a echar de menos y voy a echar de menos esa conversación interrumpida”, ha dicho con emoción en declaraciones en el Congreso, tras visitar su capilla ardiente.

González ha recordado que él tenía 35 años y Rubalcaba 25 cuando se conocieron y que desde entonces, como diría el escritor colombiano Gabriel García Márquez, habían mantenido una “conversación que la muerte ha roto bruscamente”. 

La última vez que hablaron fue hace una semana, a propósito de la visita a República Dominicana que Rubalcaba empezaba mañana y donde iba a pronunciar “un par de conferencias”.

Hablaron también del proceso de paz en Colombia y de la “preocupación” al respecto “de algunos de los que habían mediado para acabar con el terrorismo de ETA”, ha apuntado el expresidente.

Tras señalar que Rubalcaba era el “político con más capacidad e inteligencia de la política española” y que era capaz de trabajar 16 y 17 de horas, se ha mostrado convencido que todos los elogios que ha recibido desde su fallecimiento eran merecidos y sus palabras han sido acogidas con aplausos en el patio del Congreso.

El velatorio de Rubalcaba ha hecho coincidir a Felipe González con el que fuera su vicepresidente Alfonso Guerra tras décadas distanciados y ambos se han saludado con un apretón de manos.

Numerosos ministros de los gobiernos de González en los años 80, como Pedro Solbes, José Barrionuevo, Joaquín Almunia, Rosa Conde, Matilde Fernández, José Luis Corcuera, Consuelo Rumí, Narcis Serra y Luis Atienza, han llegado prácticamente al mismo tiempo que él para dar el pésame a la familia en una especie de histórica comitiva.

Miles de ciudadanos visitan a Rubalcaba

La capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba permanecerá abierta hasta las 14:00 horas.

La masiva afluencia de ciudadanos que se acercó ayer al Congreso para despedir al exlíder del PSOE obligó a la Cámara Baja a ampliar el horario de la capilla ardiente más allá de las 22:00 horas.

El velatorio, que se abrió a las 20:30 horas, estaba previsto que concluyera a las 22:00 horas, pero los centenares de personas que aguardaban en los alrededores del Congreso para dar su ultimo adiós al exvicepresidente y exministro socialista comenzaron a entrar a las diez de la noche.

Por tanto, para que diera tiempo a que el grueso de las personas que esperaban a las afueras del Congreso desde el inicio pudieran entrar en el Salón de Pasos Perdidos, donde se encuentran los restos mortales de Rubalcaba, la Cámara decidió extender el horario al menos una hora y media.

Los primeros ciudadanos que entraron en el Palacio del Congreso depositaron rosas rojas, símbolo del PSOE, encima del féretro donde descansa Rubalcaba, un gesto que no ha dejado repetirse durante el tiempo en el que se ha mantenido abierta la capilla ardiente.

Son varios los jóvenes que se pudieron ver por el Congreso, algunos de ellos muy emocionados, que no dudaron en trasladar su pésame a la viuda de Rubalcaba. Algunos de ellos son alumnos de Rubalcaba de la Universidad Complutense de Madrid, donde impartía clases de Química Orgánica, y otros miembros de Juventudes Socialistas.

“Muy buena persona pero sobre todo muy buen didacta que se ganaba el respeto”, han dicho sus exalumnos

Algunos de estos últimos señalaron, en declaraciones a Europa Press, que la de Rubalcaba es “una pérdida” para el partido porque era “muy grande”, un “referente”. Otros destacaron la labor de un político al que consideran “un hombre de Estado” al que todos respetaban con independencia de su ideología.

También se acercaron a despedir al socialista exalumnos suyos de cuando daba clases de Química en la Universidad de Ciencias Biológicas de Madrid. Uno de ellos, de 59 años, aseguró que era “muy buena persona pero sobre todo muy buen didacta que se ganaba el respeto” de sus alumnos. Emocionado, recordó una anécdota con Rubalcaba cuando se iban juntos “de cervezas y al día siguiente ponía un examen”.

Entre los que entraron a la capilla ardiente hubo un matrimonio madrileño que depositó dos rosas en el féretro que compraron a “una mujer que las vendía en la calle”. Antes de pasar al Congreso, la pareja aseguró que “había que venir sí o sí” al velatorio de Rubalcaba a pesar de esperar “tanto tiempo” en la calle. La mujer señaló que no es militante del PSOE pero “sí votante de toda la vida” por lo que “hoy no se podía hacer otra cosa que venir”.

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