'En palabras de Jo… Mujercitas', el divertido y cálido feminismo inclusivo de Lola Blasco

Esta es una versión libre, pero sujeta al espíritu del original, llena de humor y emoción que podrá ponerse en escena tantas veces como se quiera.

En teatro se sabe que se está ante un éxito cuando sentado en la butaca se ve la corriente de conexión y complicidad que hay entre el público y lo que sucede en escena. Este es el caso de En palabras de Jo… Mujercitas de Lola Blasco dirigida por Pepa Gamboa estrenada esta semana en el Teatro Español. Una obra protagonizada por un elenco en estado de gracia. Y no, no es la enésima versión de Mujercitas, que de tantas que hay ya se dice que cada generación tiene la suya. Esta es una versión libre, pero sujeta al espíritu del original, llena de humor y emoción que podrá ponerse en escena tantas veces como se quiera.

La historia, de sobra conocida, es la de un grupo de hermanas de una familia de clase media en el norte de los Estados Unidos durante la Guerra de Secesión norteamericana. Cada una con su personalidad. Un edén empobrecido en el que se divierten hablando, jugando y haciendo teatro para la familia. Mientras la madre las cuida a la vez que cuida a otros más desfavorecidos haciendo obras de beneficencia. Mientras el amado padre se mantiene ausente y lejos. Batallando por la libertad de los negros y la abolición de la esclavitud. Padre de un gineceo encerrado que será entregado por una buena dote a otro marido y señor, que es posible que también se entregue a otras batallas mientras mantiene a esposa y posibles hijas en casa.

Mujeres que crecen en un mundo del que el público tiene noticias a través de lo que ellas cuentan. Los bailes y fiestas a los que asisten, las visitas que han hecho, lo que ven a través de las ventanas. Los viajes que algunas tendrán oportunidad de hacer gracias a una tía rica y a un marido aún más rico. Y las cartas de un padre al que no le gustaba escribir, pero que llegaban con cierta regularidad, con muchas referencias al amor y cariño paternal que les tiene y vagas referencias sobre el frente, como si hubiera ido a la guerra igual que se iría de paseo (o a por tabaco, que ahora vuelve).

Porque todo lo que les interesa a ellas está fuera. El lugar en el que pueden ser, realizarse, es un mundo que visitan, pero en el que no viven. Ellas viven y son en el calor del hogar. En el cariño y la rivalidad con cada una de sus hermanas con las que tejen sueños de una vida mejor o diferente. Como tejen una bufanda. Como arreglan un vestido viejo para ponerlo a la moda, a la moda interpretada en provincias. Y a la que Lola Blasco ha incluido una comentarista de excepción, la propia autora de la novela, Ms. Louise May Alcott, un personaje al que Maite Sandoval hace inolvidable.

Porque fuera de la casa familiar solo hace frío. Solo nieva. Una nieve que cae lenta pero segura, hermosamente. Como caen las ideas que las someten a las convenciones sociales. Convirtiéndolas en seres románticos y sentimentales. En el que el amor solo tiene como objetivo el convertirlas en abnegadas esposas y entregadas madres. En el que la soltería es simplemente un fracaso, aunque se tenga éxito económico, y una sospecha de conducta desviada.

Un mundo en el que son los editores, los que controlan los medios de producción, los que (im)ponen la visión femenina del asunto. Lo que las lectoras quieren leer y ver sobre sus vidas. Y a las que las autoras, como cualquier autor, deberán plegarse para poder seguir viviendo, para poder seguir escribiendo. Pues ellos saben bien por lo que el público (femenino) está dispuesto a pagar. Aunque esos mismos editores hayan visto en sus casas todo lo contrario.

Algo que se cuenta en una magnífica escena, tanto escrita como dirigida, en la que Maite Sandoval es capaz de dotar a Louise May Alcott de todos los matices necesarios que permiten ver el conflicto entre resistirse y ceder. En cómo negociar para no perder el interés en la vida ni el negocio que le permita mantener esa vida. Ante un editor al que Clara Sanchis caricaturiza dotándolo de verdad, de realidad, una actriz que en esta obra recuerda mucho a su madre como actriz, Magüi Mira, por lo que uno se pregunta si no la está haciendo un homenaje.

Aunque donde brilla esta producción es en las escenas corales que tienen lugar en la sala de la casa o en el jardín primaveral, representados por una sencilla pero eficaz y, por tanto, bella escenografía. Sus jóvenes actrices son capaces de crear ese calor de hogar del que se hablaba anteriormente. Crear la casa que acoge al espectador de cualquier género u orientación que se encuentre en la sala. Hacerle uno más de sus dimes y diretes. A la vez que le mantienen a la distancia suficiente para que pueda emocionarse, pero, sobre todo, reír con ganas de las situaciones cómicas que se suceden en escena. Esas escenas que hacen que el respetable salga con el corazón contento y lleno de alegría.

Porque es esta una obra de feminismo inclusivo. Ese que ve la liberación de la mujer, su igualdad, asociada a la liberación e igualdad del resto de seres humanos, independientemente de su género u orientación (sexual, religiosa, política o la que sea). Y que llama, mediante el humor y el amor, no a una lucha, no a un enfrentamiento, sino a un caminar juntos, a un reconciliarse en lo que realmente somos no en lo que se nos dice que somos o tenemos que ser.