Las enfermedades más habituales de cada raza de perro

Y los consejos de una experta para prevenirlas.
Perro en el veterinario.
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Perro en el veterinario.

Si hay algo que temen los dueños de mascotas es que su animal de compañía enferme por el mal que pueda suponerle. Sin embargo, al igual que hay razas con mayor esperanza de vida que otras, las hay que tienen tendencia a ciertas enfermedades.

Por ejemplo, según un estudio publicado en la revista PLOS Genetics en 2018, los perros mestizos tenían una mayor tendencia a las enfermedades comunes de tipo recesivo mientras que los perros de raza pura solían tener un componente hereditario.

Del mismo modo, distintos investigadores afirman que la consanguineidad de los perros de raza hacen que se produzcan más enfermedades. “Los datos de otras especies, combinados con fuertes predisposiciones raciales a enfermedades complejas como el cáncer y las enfermedades autoinmunes, resaltan la relevancia de la alta consanguinidad en los perros para su salud”, señala la investigadora Danika Bannasch, de la Universidad de Davis en California (EEUU) en un estudio publicado en Canine Medicine and Genetics.

En esto coincide la técnica veterinaria y etóloga, Mar Ibáñez, de Educanin, quien señala a El HuffPost que “los perros mestizos suelen tener una mejor salud que los de raza pura, especialmente si son pequeños o medianos”. “Hay ciertas razas que tienen tendencia a una mayor morbilidad, estas suelen ser por ejemplo los pugs o los bulldogs, que tienden a tener problemas respiratorios con mucha frecuencia lo que acorta también su esperanza de vida, o en el caso de perros grandes como los gran danés, que sufren del corazón”, explica.

Para Ibáñez, lo ideal es visitar al veterinario como mínimo una vez al año si el perro es ya adulto, ya que si es cachorro se recomienda hacerlo con más frecuencia. “Lo mismo sucede si es más mayor, tendrá más achaques y se deben acortar las visitas a unos seis meses”, señala. Eso si no tiene ninguna enfermedad. “Cada veterinario recomendará los controles rutinarios en función de la dolencia”, indica y aclara que esto se verá alterado siempre si el dueño nota cualquier comportamiento extraño o malestar en el animal.

En este sentido, advierte de que según la raza habrá canes que tenderán más a un tipo de problemas que a otros, por los que hay que prestar especial atención, son los siguientes:

Bulldog: según indica Ibáñez, este tipo de razas al ser branquicefálicas, tienen tendencia a tener problemas respiratorios, concretamente “es muy común el síndrome de la vía aérea obstructiva braquicefálica”. “Estos perros por su anatomía tienden a roncar cuando hacen esfuerzo o corren, aunque si la respiración es demasiado fuerte aun sin esforzarse hay que consultarlo con el veterinario”, señala.

Chihuahua: entre las dolencias que acompañan a esta raza tipo toy destacan las dentales ya que suelen mantener las piezas de leche más tiempo del que deberían, además tal y como señala la especialista, tienen tendencia a tener sarro y perder piezas dentales. “También es común lo que se conoce como colapso traqueal, ya que las razas tan pequeñas tienen muy debilitado el cartílago de la zona y esto produce toses repentinas”, señala.

Carlino: “Estos perros al tener los ojos tan saltones y la cara plana (también son branquicefálicos) tienen tendencia al prolapso ocular, es decir, la salida de los ojos de la órbita”, indica Ibáñez. La técnico pide en estos casos cubrir la zona con un paño húmedo y acudir rápidamente al veterinario. “También sufren las enfermedades respiratorias de las razas branquicefálicas”, apunta.

Pastor Collie: este tipo de canes, por su consanguineidad, al igual que otras razas presenta una enfermedad congénita llamada “anomalía de los ojos del collie”. “En general cursa de forma benigna y no afecta a la visión del ojo, pero en ciertos casos puede llegar a provocar un desprendimiento de retina y la ceguera en el animal”, recalca.

Caniche: esta raza también tiene tendencia a las dolencias oculares hereditarias, concretamente a las cataratas y al glaucoma. “En muchos casos cursan de forma leve, pero a veces puede provocar dolor en el animal o ceguera prematura”, detalla Ibáñez.

Pastor alemán: “Los pastores alemanes, como en otros perros grandes como labradores o golden, tienen tendencia a los problemas de cadera y articulaciones, concretamente a la displasia de cadera”, indica la especialista, quien recuerda que puede ser hereditaria y provocar atritis, dolor y dificultades para caminar.

Labrador: al igual que el pastor alemán tiende a tener displasia de cadera o distrofia muscular. “Son una raza que tiende a engordar, por lo que hay que controlar su peso y su actividad física para evitar la obesidad”, señala. Además, recuerda que es común en ellos problemas de dermatitis alérgica y de “miopatía de la cola”, una parálisis dolorosa de la cola, que se produce cuando el animal es sobreentrenado.

Labrador en la visita al veterinario.
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Labrador en la visita al veterinario.

Beagle: en algunos casos, estos perros tienden a sufrir epilepsia, ante lo que Ibáñez recuerda que hay numerosos tratamientos seguros y efectivos. “También pueden tener problemas de oído al tener las orejas largas, hay que extremar la higiene en estas razas”, recuerda.

Rottweiller: “Estos animales son muy grandes y se desarrollan muy rápido, por lo que sus problemas principales son osteomusculares, como displasia de cadera, de codo, artritis u osteocondritis disecante. Para prevenirlo, hay que cuidar su alimentación y su estilo de vida”, señala.

Yorkshire: debido a su reducido tamaño y su gran actividad, estos perros tienden a sufrir luxaciones de rótula o dislocaciones de la tibia. “También pueden tener problemas de columna vertebral por el reducido tamaño de sus patas”, explica.

Daschaund (perros salchicha): la forma alargada de estos perros provoca, según Ibáñez, que tengan tendencia a las hernias de disco y los problemas de columna. “La mejor forma de prevenirlo es controlando el peso para evitar que se sobrecargue la espalda”, señala.

Bóxer: estos animales, además de los problemas de branquicefalia ya mencionados, también sufren problemas de caderas y de torsión gástrica. “En algunos casos se habla de que los bóxer tienen tendencia genética a la aparición de tumores, benignos o malignos, para prevenirlo es conveniente realizar las revisiones convenientes”, explica.

Cocker Spaniel: “Como ocurría con los beagles, los cocker tienen las orejas largas, por lo que sus principales problemas provienen de los oídos, aunque también hay cierta predisposición genética a las patologías oculares”, apunta.

Pomerania: para Ibáñez, los canes de esta raza tienden a problemas hormonales, bien hipotiroidismo o lo conocido como “alopecia X”. “Se produce cuando es cachorro dado un desequilibrio hormonal, pero es reversible con la esterilización o castración”, señala.

Pomerania con el collar de protección veterinario.
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Pomerania con el collar de protección veterinario.

Grand danés: esta raza de perro tiene una corta esperanza de vida, en gran parte por sus problemas cardiacos. “Estas dolencias son genéticas y hereditarias y conviven con otras propias de las razas grandes como los problemas de cadera o la torsión gástrica”, detalla. “Para evitar la torsión gástrica deben estar tranquilos después de comer y comer siempre después del paseo y no al revés”, explica.

Husky: “Los husky suelen tener problemas de piel, que provocan pérdidas de pelo, por ejemplo un déficit de zinc provoca pérdidas de pelaje en la zona de la nariz, que se conoce como ’nariz de husky”, señala Ibáñez, quien destaca también la incidencia de problemas de retina y cataratas entre estos ejemplares.

Pitbull: al igual que otros perros de gran tamaño tiende a la displasia de cadera o la luxación de rótula, especialmente si tiene un peso elevado. “Hay casos de labio leporino hereditario, que pueden variar entre casos leves y graves, ya que pueden ser tratados en la mayoría de ocasiones”, explica.

Doberman: al igual que los gran danés tienden a tener problemas de corazón y torsión gástrica. También sufren, como los de la mencionada raza, el síndrome de Wobbler. “Un trastorno de los discos intervertrebrales que puede llegar a comprimir la médula espinal”, apunta.

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