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19/09/2019 11:04 CEST

La historia de las pioneras en el mundo del vino que “merecía ser contada”

Alaitz Leceaga, autora del exitoso 'El bosque sabe tu nombre', publica 'Las hijas de la tierra', con tres mujeres rebeldes como protagonistas en un viñedo de La Rioja.

ASÍS G. AYERBE
Alaitz Leceaga, en las viñas de la bodega de Contino, en la Rioja Alavesa.

Alaitz Leceaga dejó el negocio inmobiliario para dedicarse a tiempo completo a la escritura, y a los pocos meses esa decisión resultó ser la mejor de su vida. Leceaga (Bilbao, 1982) es autora del debut literario más leído en España en 2018 —El bosque sabe tu nombre y ahora vuelve a la carga con Las hijas de la tierra (Ediciones B), donde siguen estando presentes la magia y la relación entre las mujeres y la naturaleza, pero donde “los monstruos esta vez sí son reales”.

Ambientada a finales del siglo XIX y con el comienzo de la industria vitivinícola de fondo, Las hijas de la tierra narra la historia de una mujer pionera en el mundo del vino, una mujer que tiene que desobedecer a su familia para salir adelante, dejando atrás un pasado de secretos ocultos. Es a esas “mujeres desobedientes y a las que no han podido desobedecer” a quienes Leceaga dedica su segunda novela, ubicada en un lugar ficticio de La Rioja.

La “semilla” de este libro se sembró precisamente con un viaje por esta zona del norte de España. “Vine un fin de semana para descansar en plena promoción de El bosque sabe tu nombre y ya tenía la historia en la cabeza, pero cuando llegué a La Rioja y vi el paisaje increíble, el cielo abierto, las viñas, esas grandes casas de piedra, las bodegas... tuve clarísimo que era el lugar perfecto para ambientar la idea que ya tenía en mente”, cuenta la autora. “Experimenté esa sensación de quedarte sin aliento y supe que este era el lugar”.  

Al mismo tiempo, Alaitz Leceaga sabía que quería contar “la historia de las primeras mujeres en el mundo del vino, cuando en La Rioja empezaba a despegar esta industria”, señala. A la escritora siempre le ha atraído “el papel de aquellas pioneras que fueron dejadas atrás y olvidadas”, y sintió “que su historia de superación merecía ser contada”, explica a El HuffPost.

Al buscar ‘Alaitz Leceaga’ en Internet, los primeros resultados casi la describen antes como “lectora” que como “escritora”.

Casi todos los escritores tendemos a empezar como lectores. Cuando te pasas horas leyendo, tú sola, con tu libro, en ese universo que se crea, es de alguna forma el primer paso para pensar: ‘Ojalá fuera escritora’. 

Ese es el principio de todo: esa niña que se pasa el rato leyendo libros. Y así hasta ahora. Creo que es inseparable una cosa de la otra, por lo menos en mi caso. A día de hoy sigo siendo lectora voraz. 

ASÍS G. AYERBE
La autora vasca, en el calado de la bodega de Contino.

¿Cómo pasa alguien de vender pisos a escribir best-sellers? 

Empecé escribiendo historias cortas que iba publicando cada semana por capítulos en internet. Es un formato que te da mucha libertad: eres únicamente tú y el lector, sin intermediarios.  

La primera idea para El bosque sabe tu nombre era seguir ese formato de historia corta. Pero cuando me puse a pensarlo más en profundidad, cuando empecé a perfilar los personajes y la historia, me di cuenta de que aquello no iba a encajar en un relato corto. Hubo un momento en que no me quedó más remedio que aceptar que aquello era una novela. Ese fue el momento en el que me lancé.

Para saber lo que sucede en una casa o en una familia hay que verlo a través de los ojos de personajes femeninos

Es curioso que siempre sean mujeres las protagonistas de sus libros. ¿O no debería llamar la atención?

Sí, es curioso. Me atrae contar la vida de las mujeres en distintos momentos de la historia. Siempre me ha parecido que sus vidas no han sido tan contadas como las de los hombres. Cuando vas a contar una historia, quieres que sea original, quieres que sea más íntima, así que para mí es indispensable contar la vida de las mujeres. Porque la Historia con mayúsculas ya la conocemos, pero para saber lo que sucede en una casa o en una familia hay que verlo a través de los ojos de personajes femeninos. 

Abusos sexuales, mujeres castigadas… ¿Es esta novela de algún modo reivindicativa? 

Es muy difícil escribir sobre una mujer que se hace cargo de sus viñedos en el siglo XIX y que no sea una novela rebelde o reivindicativa. No es la intención cuando lo escribes, pero resulta tan chocante la vida de esas mujeres en ese momento que desde la perspectiva actual te produce una sensación de impotencia, de querer llegar allí y terminar con ello. Es inevitable verlo y no ponerte en su lugar, pensar en la diferencia de vivir entonces y vivir ahora siendo mujer. La sensación que te produce te hace pensar ‘¡Qué injusto!’, ‘¡qué mal!’. 

La culpa también está muy presente en su libro. ¿Este sentimiento le atrae especialmente a la hora de escribir?

Me gusta pensar que la culpa, el pasado de una familia o los secretos son una especie de maldición que te persigue, que los personajes arrastran a través de la historia porque les marca. De alguna forma, ellos tienen que decidir seguir adelante y dejar eso atrás, o no, si no pueden.

¿Cómo eran las primeras historias no que leyó, sino que le contaron por la tradición oral?

Los primeros recuerdos que tengo son los cuentos que me contaban mi madre y mi abuela. Lo típico cuando eres pequeñita y te vas a dormir, o cuando hay tormenta y no puedes conciliar el sueño. Mi primer acercamiento fueron esos cuentos y ese es mi primer contacto con las leyendas.

En Euskadi cuesta distinguir dónde acaba la mitología y dónde empieza la historia

¿Tenían algo que ver con la mitología vasca?

En aquel momento, sí, claro. En Euskadi cuesta distinguir dónde acaba la leyenda o la mitología y dónde empieza el cuento o la historia. De alguna forma, eso está muy presente en El bosque sabe tu nombre, porque se entremezclan. Ahí me di cuenta de que todas las historias que había escuchado de niña se quedaron en mi mente y cuando me senté a escribir, seguían allí.

Cuenta que su marido es el primero que lee sus libros. 

Sí, siempre ha sido el lector cero. Pero no es de aconsejar. Es más de leer y de contarme qué ha sentido, si le han gustado las escenas, si ha conectado con los personajes… 

¿Cómo se toma las comparaciones con otras autoras, como Dolores Redondo, que escriben sobre temas similares en escenarios similares? 

Muy bien, por mí encantada. Es maravilloso que te comparen con autoras que admiras y que son geniales. 

ASÍS G. AYERBE
Alaitz Leceaga

¿Ha sido más difícil escribir con la presión del éxito de El bosque sabe tu nombre? 

Es curioso. Soy una persona que disfruta mucho escribiendo, disfruto mucho con el proceso de documentación, de hacer la escaleta… Así que por un lado tenía la ilusión por empezar un proyecto nuevo, mientras me familiarizaba con los personajes y con la trama, que es muy bonito. Por otro lado, pensaba en esos miles y miles de lectores de medio mundo de El bosque sabe tu nombre y sentía cierta responsabilidad de darles una historia que realmente les apasionara tanto como mi primera novela. 

¿Entonces escribió un poco con ellos en mente? 

No, escribí pensando en el momento tan único y especial que vivía, cuando tu primera novela se convierte en un éxito, y también pensaba en la responsabilidad de que a todas esas personas les gustara tanto como me gusta a mí. Quiero transmitir eso a los lectores, que digan: ‘Es genial, es igual que la otra, es lo que me esperaba’. 

Se rumorea que hay un proyecto audiovisual en marcha sobre El bosque sabe tu nombre. ¿Nos puede contar algo sobre el tema?

Nada, lo siento. 

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