POLÍTICA
06/03/2021 10:05 CET

Yolanda Domínguez: “No todo es feminismo”

Entrevista con la artista visual experta en comunicación y género, que publica ‘Maldito estereotipo’.

CEDIDA POR LA AUTORA
Yolanda Domínguez

Yolanda Domínguez (Madrid, 1977) escucha “a diario” que es una pesada, que está loca y que qué pereza, siempre hablando de feminismo (o, mejor dicho, la falta de él) en lo que consumimos cada día. “Parece que somos personas incómodas, que estamos locas, que somos hipersensibles e intransigentes. Pero, al final, tu intención es simplemente crear un mundo mejor para todos, también para los hombres”, cuenta por teléfono.

Siglos y siglos de machismo normalizado hacen muy difícil su labor de “desenmascarar” los estereotipos que perpetúan los roles de género, pero Domínguez ya ha asumido que “el activismo también es resistir”, y que no basta con hacer humor de ello o pasar de puntillas sobre el tema. “Hay que molestar, hay que incidir y hay que exigir un cambio”, dice.

Esta artista visual experta en comunicación y género, y colaboradora de El HuffPost, ya explicó en una charla TED en 2017 qué efectos tienen en la población las representaciones que lanzan los medios y que refuerzan juicios morales del pasado. Entonces demostró que cuando un niño o una niña de 8 años observa a una mujer representada por la moda, ve a una persona “asustada”, “enferma”, “con hambre”, “triste”, “desmayada” o “muerta”; en cambio, si la imagen muestra a un hombre, los niños ven a “héroes” o a “estudiantes”. El mensaje cala.

Cuatro años después de aquella conferencia, y muchos más sin dejar de analizar el machismo en la cultura, Domínguez publica Maldito estereotipo (Ediciones B), un libro en el que explica cómo los medios y las imágenes acaban manipulando a la población. “Mi objetivo no es impedir que se vean algunas imágenes, pero sí que estemos un poquito más alerta, que sepamos cómo funcionan y mejore así la calidad de nuestra cultura visual”, señala. 

La artista admite que la industria de las imágenes (llámense películas, publicidad o prensa) ha dado pequeños pasos adelante para dejar a un lado ciertos estereotipos, pero cree que estos cambios “son todavía anecdóticos”. “Es verdad que vemos alguna princesa Disney algo distinta, es verdad que podemos encontrar otras secciones en las jugueterías o en las librerías, pero eso no significa que todo haya cambiado. Muchas veces las marcas nos dan una gotita, un lavado de cara, para que parezca que son sostenibles o inclusivas porque, por ejemplo, hacen una campaña en la que aparece una mujer de la talla 40”, comenta irónica Yolanda Domínguez. Su conclusión: “Nos conformamos con muy poquito”. 

¿Qué tipo de ‘protección’ deberíamos llevar ante las pantallas y los medios de comunicación?

La mejor protección es el conocimiento, y precisamente eso es lo que nos falta. Nos falta saber cómo nos afectan esas imágenes, qué papel tienen en la sociedad, en cómo nos relacionamos y quiénes somos. Una vez adquirido ese conocimiento, ya es decisión de la persona cómo consumirlo. Al final del libro hago una comparación con la dieta: los productos ahora vienen con una información de la composición del alimento, de las grasas que tiene o de lo saludable que es. Eso nos hace más libres, porque nos permite seleccionar qué queremos consumir. 

¿Qué efectos tienen estas imágenes y contenidos sobre nuestro cuerpo y nuestra mente?

Muchísimos. El principal es que construyen quiénes somos, son referentes, imitamos lo que vemos y, a través de la ficción, sabemos qué es lo que se premia, lo que se castiga en la sociedad y lo usamos como una guía, como un mapa, para aprender cómo relacionarnos con otras personas.

También tienen un efecto en nuestra capacidad para ser críticos o críticas con respecto a lo que vemos. Prácticamente todo lo que consumimos es emocional; cada vez consumimos menos relatos que nos hagan pensar o generar nuestra propia idea del mundo. Al sólo percibir una idea del mundo, tampoco podemos ser libres para decidir, porque sólo tenemos una visión, que es la que nos venden los medios de comunicación.  

A la larga, consumir estereotipos te llena el cerebro de ideas preconcebidas que no te benefician ni a ti como persona, porque te minan la autoestima y te llenan de complejos, ni a la sociedad por cómo nos relacionamos. 

Hay que molestar, hay que incidir y hay que exigir un cambio

Da la impresión de que algunos sectores han mejorado y ya no sólo muestran imágenes estereotipadas, pero en el libro explicas que otros, como la moda, han empeorado en los últimos años.

Sí. La moda cada vez maltrata más a las mujeres simbólicamente, se normaliza la violencia asociada a la figura femenina, y esto es serio. Esto no ocurre con la figura de los hombres. Hay imágenes absolutamente espeluznantes, que parecen mujeres violadas en un descampado, y que estamos consumiendo como ocio y glamour sin que nadie reflexione sobre las consecuencias. Estas imágenes no sólo pueden generar violencia simbólica, sino desembocar en violencia física real o psicológica, y refuerzan la violencia estructural de que las mujeres son seres débiles, locas o enfermas.    

Últimamente se ha puesto de moda una cuenta en Twitter, Modelos con ciática, que señala lo que tú llevas haciendo años: que las imágenes de la moda muestran a unas mujeres enfermas, descoyuntadas y medio drogadas. ¿Qué implicaciones tiene esto y por qué se hace?

En el libro no hago referencia directa a esta cuenta, pero sí hablo de que el humor está bien para señalar, pero no nos podemos quedar sólo en eso. La cuenta de Modelos con ciática hace humor, pero no genera ningún tipo de reflexión ni exige un cambio. Ella dice que no pretende molestar a nadie, ni al fotógrafo ni a la marca, y yo sí que creo que hay que molestar, hay que incidir y hay que exigir un cambio. A mí sí me molesta y me perjudica esa imagen de las mujeres. Hay chistes machistas que hacen gracia, y eso no significa que critiquen eso que hace gracia.  

Dices en el libro que hay que tener cuidado con lo que ven los niños en las pantallas, sobre todo porque hasta los 3 o los 5 años no distinguen la realidad de la ficción. ¿Qué pasa si esos niños, sólo un par de años más tarde, ven un tipo de porno que degrada sistemáticamente a la mujer?

Les afecta muchísimo. En los primeros años de vida, no tenemos ningún tipo de capacidad crítica, todo entra directo y sin ningún tipo de filtro. El problema es que cuando ya está creada una estructura de pensamiento, es mucho más difícil cambiarla. Esos primeros años de vida son cruciales para todo lo que vendrá después, porque se genera un organigrama mental que va a influir en todas las imágenes que vemos. 

La moda bebe mucho de la pornografía. La pornografía es el mayor ejemplo de cómo a través de la ficción podemos sentir, podemos experimentar un orgasmo, placer… Y estamos asociando el placer a la violencia hacia las mujeres. Hay una sumisión de la figura femenina que es consumida para obtener placer. Esto nos tiene que hacer pensar. Estamos normalizando una serie de comportamientos que luego, en la vida real, castigamos.

Estamos asociando el placer a la violencia hacia las mujeres

¿Cuándo empiezan a calar en los niños los estereotipos de género? 

Cuando hice el trabajo de Niños vs moda, con niños de 8 años, no percibí que hubieran normalizado esa violencia. Creo que, en la adolescencia, cuando más imágenes consumen y cuando se hacen sus cuentas en redes sociales, es cuando empiezan a querer pertenecer al grupo para ser aceptados, queridos y valorados. Y ahí agachamos la cabeza, porque entendemos que para ser valoradas y queridas tenemos que cumplir un canon corporal: los chicos tienen que ser fuertes, las chicas tienen que ser sexis. En ese momento, nos volvemos mucho más sumisas. 

¿Y en qué lugar dejan estos estereotipos a los hombres? Supongo que tampoco es ideal ser siempre considerados los fuertes…

Por supuesto. Todos los estereotipos son negativos, porque implican una limitación. Que un hombre no pueda ser vulnerable o desarrollar su faceta de cuidador o no pueda reconocer que está en un apuro y pedir ayuda es limitante. También es muy necesario que los hombres puedan construirse de la manera que ellos quieran. 

CEDIDA POR LA AUTORA
Yolanda Domínguez

“Lo que no se ve produce rechazo”, dices en tu charla TED, en referencia a las barrigas posparto o al pelo en las axilas. Ahora esto se ve bastante más que hace unos años en las redes sociales, pero da la impresión de que al final nos quedamos más con las imágenes que muestran la perfección.

Sí. Lo fácil es quedarse con lo que ya conocemos, quedarse a gustito en nuestra zona de confort. Pero para poder cambiar las cosas, se requiere mucho compromiso y mucho esfuerzo. Muchas veces, las personas seguimos siendo machistas por comodidad. Porque el cambio exige arriesgarse al rechazo, exige un esfuerzo de ponerse a estudiar, de reflexionar… Como vamos a lo rápido, queremos el like fácil. Si pones una imagen tuya de lo que la gente ya conoce, recibe muchos likes. Si creas una imagen diferente, no sólo no recibe likes, sino que recibe críticas. Lo más placentero es dar lo que la gente quiere. El activismo siempre es muy complicado, y también cansa.

Las personas seguimos siendo machistas por comodidad

¿Sueles encontrarte, incluso en tu entorno, con comentarios del tipo ‘qué pesada’ o ‘qué pereza, otra vez con lo mismo’?

A diario. Es muy difícil ir a contracorriente. Siempre parece que somos personas incómodas, pesadas, que estamos locas, que somos hipersensibles e intransigentes. Pero, al final, tu intención es simplemente crear un mundo mejor para todas las personas, para los hombres también. Me pasa muchas veces. Me dicen: ‘Tienes algo contra los hombres’. No, en absoluto. Señalo a la cultura como fuente de desigualdad, no a las personas. Las personas, hombres y mujeres, somos el producto de esa cultura. Todos somos machistas, las mujeres también. 

Una cosa es que la gente diga ‘qué pesada’ y otra es directamente el odio en redes. ¿Esto también lo sufres?

Sí. Desgraciadamente, soy una de tantas mujeres que encuentran no sólo rechazo, sino amenazas, insultos, odio… De repente, te retiran contenidos de las redes porque no les gustan. Sin preguntar, te insultan, te atacan, te acosan. Es complicado convivir con la parte oscura de las redes sociales, con esos personajes que se ocultan bajo máscaras anónimas y perfiles falsos que se unen para el odio. Y no hablo de las críticas, que, si se hacen con respeto, siempre son bien recibidas. 

¿Alguna vez esto te ha llevado a decir: ‘Hasta aquí, me rindo’?   

Muchas veces desconectas varios días de las redes, porque es un poco inasumible. Pero otras, me enfrento a ellos no sólo por mí, sino por todas las mujeres. Si no me enfrento a ello, al final sí que consiguen callar nuestra voz. Parte del activismo es también resistir. Pero ninguna de las mujeres que trabajamos en temas de igualdad tenemos nada personal en contra de los hombres. Lo que nos mueve es la necesidad de construir una masculinidad más saludable para todos.

El feminismo no es un tema de buena voluntad, sino de conocimiento

¿Te encuentras a menudo con gestos que perpetúan los estereotipos pero, en cambio, se muestran recubiertos de un halo feminista? Pienso en la actuación de Jennifer López y Shakira en la SuperBowl, o en las canciones de Bad Bunny, que has analizado en El HuffPost.    

Sí. El feminismo ahora está de moda, y hay muchas marcas, muchas personas famosas y muchos medios que lo utilizan como bandera, pero lo utilizan mal, porque no tienen conocimiento. El feminismo no es un tema de buena voluntad, sino de conocimiento. Si no lo tienes, no puedes detectar lo que es negativo, la desigualdad, y por lo tanto no puedes cambiarla. Hay un montón de marcas que están utilizando el supuesto empoderamiento de las mujeres sexualizándolas, repitiendo lo mismo que llevamos viendo durante siglos. Se debe a falta de conocimiento, y se detecta muy fácilmente.

Estoy de acuerdo en que el feminismo colabore con otros movimientos de justicia social, pero hay que saber qué es el feminismo. No todo puede ser feminismo. No todo es feminismo. 

Imagino que cuando dices estas cosas te acusarán de ir repartiendo carnets de feminista…

Lo de repartir carnets de feminista es un comodín para evitar la reflexión. El feminismo es un movimiento social y político histórico que requiere profundidad, no es cualquier cosa. Pero esto no es negativo. El conocimiento nos da la libertad; el movimiento se ha ido adaptando a las necesidades de cada época. No necesitábamos lo mismo en 1930, que por ejemplo se centraba más en lo político. A lo mejor eso ya lo tenemos más conseguido y tenemos que trabaj en otros ámbitos. El objetivo sigue siendo el mismo, que es la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres; pero sí cambian las estrategias para conseguirlo. 

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