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10/01/2021 11:52 CET | Actualizado 10/01/2021 11:52 CET

ERC

El presidente Sánchez se jacta de dirigir una de las mejores democracias del mundo mientras se dedica a trocearla según sus vaivenes.

Europa Press News via Getty Images
El presidente, Pedro Sánchez, en el Congreso. 

Escribí aquí que Sánchez liquidaría en Cataluña a Iceta antes de cualquier pregunta de los medios a Illa. Ha sucedido. Resulta inmoral, inmersos en la tercera ola y las consabidas muertes, que el candidato Illa realice labores de precampaña mientras dirige el ministerio que presuntamente se dedica a controlar la pandemia, sin ofrecer una directriz de vacunación con la que detener el desmelene de la misma, a la que se atendrían las comunidades autónomas manteniendo sus competencias. Únicamente en esto.

Rescatar a Iceta de ministro de Política Territorial es un sinsentido. Quizás ocurrirá, a la vista de lo sucedido, que solo se ocupará de Cataluña con el visto bueno de ERC y de Euskadi con el de Bildu. También pudiera andar en la cabeza de Sánchez la jugada de ZP con Bono, hacer ministrable a un peso pesado para defenestrarlo cuando se le antoje, en el momento que los barones del PSOE observen que Iceta desatiende a sus comunidades.

Se habla de la popularidad de Illa sin tener en cuenta que el 80% de los españoles están en contra de su gestión de la pandemia. En consecuencia, se manda a Illa a apagar un fuego con un litro de gasolina y una cerilla. Pero en el laberinto catalán poco se debe aventurar con la mínima certeza… A más ver el 14-F.

Lluís Companys, uno de los fundadores de ERC, fue el más radical de ellos. A finales de 1933 resulta elegido president de la Generalitat. Desde ese momento comienza a pedir la independencia de la republicana catalana. Solo en 1938, bajo la presidencia del socialista Negrín, la declara. Negrín, por descontado, frena el intento golpista en medio de la guerra fratricida. Companys, al igual que Lerroux, son dos personajes oscuros de la Segunda Republica; Lerroux porque bailaba en cualquier concierto al margen de la partitura, lo que suele hacer Sánchez. Sin embargo, el fusilamiento de Companys a manos de los franquistas merece la condena de todos los demócratas.

Los matones de Otegi, los matones de Junqueras y los matones de Abascal están cortados por el mismo patrón

Sus actuales discípulos de demócratas tienen nada. Al igual que Bildu, las señorías de ERC juraron o prometieron servir, a sí mismos de ordinario, en las Cortes, bajo una monarquía parlamentaria y la Constitución. Con el juramento, apalancados en el independentismo, ya se desmienten y pronuncian la primera de sus muchas falacias y su torpedeo a la nación. Una cosa es entablar un diálogo con una fuerza ultramontana y otra distinta brindarle en bandeja el despiece de la patria. La tercera vía, la practicada con el garrote por los populares, carece de sentido. Pero es que el PP, y lo escribo con absoluto respeto al catolicismo, se cree con el derecho de gobernar por decisión divina.

En ERC militan antiguos miembros de la organización terrorista Tella Lliure y  peronistas de viejo cuño. Los independentistas exacerbados carecen de límites éticos, les es indiferente el compadreo en su seno de un derechista y de un terrorista de la supuesta izquierda –el terrorismo carece de ideología– a fin de cumplimentar sus aspiraciones. De ahí nacen, de Terra Lliure, los violentos jóvenes de los CDR. Sigo sin descartar un atentado de los CDR, pero esta vez bajo las enseñanzas de los ex Terra Lliure.

Los matones de Otegi, los matones de Junqueras y los matones de Abascal están cortados por el mismo patrón: la conquista de las instituciones mediante la violencia, el fascismo. ERC, al imponer el catalán y aprobar leyes que condenan el uso del castellano, afirma que aborrece todo lo que huele a foráneo. Se llama xenofobia, pata del fascismo también.

Sánchez, al sostenerse en ERC, ampara a un partido independentista y fascista cuyo jefe está encarcelado. Además, Sánchez se salta de nuevo sus estatutos, donde se declara que ningún cargo del PSOE indultará a un delincuente procesado por corrupción. Oriol Junqueras, el jefe encarcelado, está sentenciado por malversación, una forma de corrupción de en el Código Penal. Sánchez, o quizás la ley, debería interponerse; interponer, una demanda a causa de renegar de los estatutos de su partido, que cada día tiene menos de socialista y más de autócrata.

Sánchez ha traicionado a Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, a su legado de 140 años de historia

La fiscalía del TS ha resuelto por enésima vez que la sentencia es firme, arguyendo además que el indulto es una consecuencia política y no legal, en este caso de las prácticas marrulleras de Sánchez/Iglesias. La sentencia no es vinculante. Les indultarán. El presidente se jacta de dirigir una de las mejores democracias del mundo mientras se dedica a trocearla según sus vaivenes. A Sánchez solo le gusta el poder, de ahí que se dedique a repartir un pedazo sustancial de los fondos europeos entre los miembros del Ibex 35, el primer colectivo que le sostendrá en el Gobierno hasta noviembre de 2023. Sánchez tampoco acaba de comprender que la mayoría de los españoles acabarán identificándole con lo que es, un nuevo Fernando VII que alaba su gestión en los medios sin comparecer en sede parlamentaria, antes de cargársela con los hijos de San Luis, los podemitas. El agente extranjero a la socialdemocracia, Podemos, y el PSOE radicalizado, se retroalimentan. Sánchez y su partido se quedarán huérfanos, bajando en las encuestas junto con Podemos. Sánchez e Iglesias comparten pegamento ideológico. Lo demuestran las muchas informaciones aparecidas en los rotativos. Al parecer, en el culebrón del rey emérito, Sánchez le pidió al jefe del Estado que tomase la decisión que se le antojase, añadiendo que las consecuencias las apecharía no el Gobierno, sino la Casa Real. En Román Paladín fue dejar a D. Felipe VI a los pies de los caballos. De todos modos, Sánchez, que ha hecho de la mentira arte en política, se empeña en defender a la Corona. Será porque no le queda otra siendo presidente, lo poco que dure, hasta las próximas selecciones. Lo echarán por no amar a España, por alentar las llamas de la polaridad parejo al PP, y en particular por las diferentes crisis en las que, palmario, carece de sentido de estado y de orden institucional. En resumidas cuentas, su presidencia hace gala de inutilidad.

Sánchez ha traicionado a Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, a su legado de 140 años de historia, y a la memoria del PSOE en la lucha cívica contra los totalitarismos franquista y etarra. Sánchez ha perdido el derecho de arrogarse la historia del socialismo.

El conflicto se personará cuando ERC plantee lo que ha prometido: “Abrir una vía de diálogo para la autodeterminación”. Entonces averiguaremos hasta que punto Sánchez será capaz de vulnerar la Constitución.

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