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27/05/2020 09:31 CEST | Actualizado 27/05/2020 09:31 CEST

Es el momento de la 'Revuelta de la Atención'

Mi teléfono se ha convertido en mi sombra y en demasiadas ocasiones me impide disfrutar de tiempo de calidad con mi familia o mis amigos.

d3sign via Getty Images

La melancolía es mi amante más fiel. No me extraña que la quiera tanto. 

(Kierkegaard) 

Todavía recuerdo los primeros (mis primeros) días en Internet. Un nuevo territorio sin reglas en el que podía buscar información sobre mis grupos favoritos de heavy-metal, charlar con amigos al otro lado del charco y enviar correos electrónicos con bromas. Internet era una Acadia feliz en la que todo estaba por escribir y en el que podías experimentar y disfrutar el momento con candor e inocencia. 

Algo único en esos primeros días era que no estaba “siempre-conectado”. Solo podía disfrutar de Internet a ciertas horas y en ciertos lugares (en mi caso, era en el campus la facultad). Tenía que conectarme y desconectarme. Puede parecer ingenuo, pero esta desconexión era en el fondo una bendición que, entre otras cosas, me permitía reflexionar sobre lo que acaba de perpetrar online. A menudo me preguntaba a mí mismo: ”¿Realmente acabo de escribir eso?”. Era como ir a un concierto o a una discoteca para pasarlo bien o hacer el loco por unas horas y al día siguiente, como cantaba Robe en Pedrá, decirme “Aquello no era yo”.

El tiempo pasó, y tanto Internet como el teléfono móvil se convirtieron en parte fundamental de mi vida: sí, ahora ya podía acceder a la información que quería cuándo quería y dónde quería. Sin embargo, este superpoder tenía un precio (o una maldición): poco a poco ya no era capaz de desconectar del teléfono móvil. Y hoy puedo afirmar, sin lugar a duda, que soy adicto a las pantallas: mi teléfono se ha convertido en mi sombra y en demasiadas ocasiones me impide disfrutar de tiempo de calidad con mi familia o mis amigos. También ha socavado mi tiempo de aburrimiento y mis momentos de soledad. Cada vez me resulta más complicado soñar despierto y tener un poco de espacio para la creatividad por culpa de las continuas interrupciones que provienen de mi teléfono móvil. He perdido la atención.  

Mi teléfono se ha convertido en mi sombra y en demasiadas ocasiones me impide disfrutar de tiempo de calidad con mi familia o mis amigos.

Y no estoy solo. Por desgracia la adicción digital y la distracción están afectando cada vez a más de personas. Algunos investigadores sostienen incluso que lo que está en riesgo es nuestra propia atención. Por ejemplo, para el escritor e historiador Yuval Noah Harari, “los humanos estamos siendo hackeados” . En similares términos se expresa Tristan Harris, un antiguo empleado de Google y co-fundador del Center for Humane Technology. Según Harris: “Desesperadas por los clics y las visitas, las plataformas tecnológicas buscan cualquier vía para que la gente ‘vuelva’ y para ello recurren a los instintos humanos. Funciona”.

Un número cada vez más mayor de estudios y artículos nos avisan que el abuso de la tecnología y del tiempo delante de la pantalla podría afectar negativamente a los seres humanos. Es cierto que alguna de estas conclusiones no está completamente validada aún y que es demasiado pronto para estar 100% seguros; incluso hay investigaciones que sostienen lo contrario. Sin embargo, es difícil ignorar lo vulnerables que somos ante las tecnologías. Y nuestros menores lo son aún más. En palabras de Matthew MacDonald, “si el impacto de los teléfonos móviles es todavía un gran interrogante, ¿por qué somos tan laxos a la hora de dejar que nuestros niños los usen?”. Por desgracia, la historia no ofrece grupos de control y todas las decisiones que tomemos hoy tendrán un impacto que no podremos revertir. 

Hace unos meses pude asistir al Digital Wellness Festival Europe, uno de los primeros congresos europeos sobre el Bienestar Digital. Participaron expertos en diversas disciplinas: negocios, filosofía, ética, sector público, etc. Y estas son las conclusiones que extraje

  • La tecnología interrumpe nuestra capacidad de prestar atención y conectar con gente real en el mundo real. La tecnología, y en especial los teléfonos móviles nos controlan y dirigen (y no al revés). La realidad es que los algoritmos y la Inteligencia Artificial puede manipularnos.
  • Todos y cada uno de nosotros vivimos en la economía de la atención en la que las compañías FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google) compiten por un pedazo del pastel (el pastel, en este caso, es nuestro tiempo). Nuestro tiempo equivale a sus ingresos. En palabras de Reed Hastings (co-fundador de Netflix): Nosotros competimos con el sueño...y eso son muchas horas”.
  • La triste realidad es que hay gente muy brillante que recibe salarios muy altos para vendernos publicidad o para que nos enganchemos a los pantallas y productos digitales. 
  • Nos faltan evidencias sobre el impacto de la tecnología. Por ejemplo, el tiempo delante de las pantallas no es necesariamente malo y es evidente que la tecnología, cuando se utiliza de forma adecuada, nos ayuda de muchas formas. La pregunta que hemos de hacernos es: ¿qué sucede cuando la tecnología reemplaza interacciones con objetos y personas en el mundo real?  
  • La tecnología debería existir para hacer nuestras vidas mejores. Necesitamos una relación equilibrada con ella. Y la ética y el bienestar digital deberían la Estrella Polar en Internet. La ética no debería ser un artículo de lujo. 
  • La tecnología es un medio para llegar a un fin, no un fin en sí mismo. Ninguna tecnología es inevitable o irreemplazable. 
  • No deberíamos permitir que empresas digitales como Amazon, Google, Facebook, Apple, Tencent o Netflix sean juez y parte en el mundo del Bienestar Digital. Necesitamos organizaciones independientes. No tiene mucho sentido que las empresas que ganan dinero por mantenernos conectados vayan a ser las que nos ayuden a desconectar. Es complicado no ver la ironía en la recomendación de Tim Cook (Director Ejecutivo de Apple) de desactivar las notificaciones de su iPhone, una de las funcionalidades más icónicas de estos teléfonos. Dicho de otra manera, pagamos cientos de euros por un iPhone, nos convertimos en adictos... y la solución es que dejemos de usar parte del valor por el que hemos pagado. De hecho muchas personas se sentirán identificadas con esta frase: ”sé que tengo que desactivar las notificaciones y no dejar mi teléfono en la mesilla de noche. Pero no puedo”. 
  • Los modelos “gratuitos” (basados solo en publicidad) tienen sus fallos y hay cientos de empresas compitiendo por nuestra atención. “Hackearnos” es clave para su supervivencia. 

Soy de los que creen que nuestra relación con la tecnología no es sana ni equilibrada. Las empresas FAANG y los negocios basados en publicidad tienen demasiado poder. Estamos siendo hackeados. Estamos perdiendo el control. Este es uno de los grandes retos que los seres humanos tenemos por delante. Es el momento de devolverle a la gente su tiempo y su atención. Es el momento de la revuelta de la atención.