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27/09/2020 10:30 CEST | Actualizado 27/09/2020 10:30 CEST

¿Es la incompetencia de derechas o de izquierdas?

La discusión no es banal, porque urge aclarar si hay formas de izquierdas y de derechas de luchar contra la pandemia del coronavirus.

FERNANDO VILLAR via Getty Images
El presidente, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Pablo Casado. 

Mirad que os lo tengo dicho: todo es o de izquierdas o de derechas. Todo lo que se pueda imaginar. Las canciones de amor son de izquierdas o de derechas. Los edificios, el trazado de las calles, la distribución de los productos en un supermercado, los calendarios, son de izquierdas o de derechas. No hay espacio para desarrollarlo aquí, pero tengo trabajadísima mi demostración de que existen documentales sobre animales de izquierdas y documentales sobre animales de derechas. Anda que no lo habré discutido mil veces con Toño: él defiende que no, que la distinción entre izquierdas -hay media docena de ellas- y derechas -hay, por lo menos, tres- sólo se refiere a diferencias sobre el modelo económico de una sociedad, según se prime más o menos la iniciativa individual o la intervención del Estado. Sólo eso. “¿Hay antibióticos de izquierdas o de derechas? ¿Alineaciones de equipos de fútbol de izquierdas o de derechas? ¿Es la vagancia, la cebolla en la tortilla de patatas, el color del tinte del pelo, de izquierdas o de derechas?”.

La discusión no es banal, porque urge aclarar si hay formas de izquierdas y de derechas de luchar contra la pandemia del coronavirus. Como me gusta informarme antes de escribir estas columnas, me revisé de cabo a rabo el currículo que se imparte en las diferentes asignaturas de la carrera de Medicina, cada tema, cada epígrafe: no encontré por ningún lado “Epidemiología neoliberal” ni “Virología socialdemócrata”. Es cierto que en alguna asignatura sobre patologías infecciosas se imparte un tema llamado “Vulnerabilidad del huésped”, pero, puesto al habla con profesores de la materia, me han confirmado que no se refiere a hoteles, medidas higiénicas para resorts turísticos o regulación de AirBnB. Así que parecería que Toño tiene razón. Toño y los cursis que defienden que la covid no distingue entre siglas políticas -desconfiad de cualquiera que use el sintagma “siglas políticas”-. Doy mi brazo a torcer: todo es de izquierdas o de derechas menos la gestión de la pandemia.

Isabel Díaz Ayuso luciendo una incapacidad galáctica para afrontar esta crisis, sólo comparable en tamaño a la sensación que transmite de no ser consciente de ello.

Mejor dicho, estaba a punto de dar mi brazo a torcer cuando la dimisión de Emilio Bouza, portavoz del Grupo Covid-19, tras cuarenta y ocho horazas en el cargo, culminó la semana en la que Madrid creó el género de la política-terror: confinamientos atolondrados, que atienden más a cifras aisladas que a la comprensión de la dinámica urbana y socioeconómica que las provocan; intervenciones policiales cuya dureza depende más de la extracción social de los intervenidos que de la gravedad objetiva de sus infracciones; Isabel Díaz Ayuso luciendo una incapacidad galáctica para afrontar esta crisis, sólo comparable en tamaño a la sensación que transmite de no ser consciente de ello; apoyos transversales más inestables que un isótopo de lutecio; y, sobre todo, ese presentimiento, casi esa certeza, de la catarata que se va a abrir bajo nosotros en cualquier momento mientras el barco es conducido por Mr. Bean poniendo caras. Esa fila de banderas, esa inauguración de un dispensador de hidrogel con protocolo de funeral de Estado, pesan más que todos los temarios universitarios de Medicina.

Así que me decidí a llamar a Toño para decirle que los acontecimientos de esta semana eran una prueba irrefutable de que las medidas contra la pandemia, como el sistema métrico decimal o las canciones infantiles, eran o de izquierdas o de derechas. Pero nada más coger el móvil me sonó entre las manos: era Toño, llamaba para decirme que los acontecimientos de esta semana eran una prueba irrefutable de que las medidas contra la pandemia, como los pasteles de manzana o los horarios de los trenes, no eran ni de izquierdas ni de derechas. Hemos quedado a comer esta semana para discutir si la incompetencia extrema es de izquierdas o de derechas o de ambas.