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28/07/2020 10:53 CEST | Actualizado 28/07/2020 10:53 CEST

Esclavo de sus palabras y de su teatro

Las declaraciones de Casado tras el éxito de España son la mejor prueba de que al presidente popular le faltan un par de hervores políticos.

Europa Press News via Getty Images
Pablo Casado, en el Congreso. 

Las prisas son malas consejeras. Y además, traidoras cuando menos se espera. Pablo Casado, por ejemplo, ha cometido varios deslices imperdonables en política, según la norma aristotélica de que “uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Lo cual no significa que lo mejor sea callar en toda situación, por supuesto; lo mejor es hablar, pero con sensatez. Teniendo bien claro que a las palabras el mismo viento que se las lleva cuando da de norte las trae cuando viene de sur. 

Tras las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco el presidente del PP dijo que “a nosotros nadie nos tiene que llevar a la moderación, porque siempre hemos estado en ella”. Pero difícilmente es moderado uno de los más reputados campeones del insulto parlamentario. Añadió, con gran solemnidad aunque imagino que no con convicción, que “los que pretenden recetar carnés de centrismo son los que pactan con populistas e independentistas”. Pero… vamos a ver, almas de cántaro, ¿quién ha pactado con Vox? 

De todas formas, los que pidieron moderación al Partido Popular fueron los electores gallegos que eligieron la vía Feijóo, muy distinta a la vía ‘casadista’ y ‘cayetana’, estruendosamente derrotada en el País Vasco.

Este sin embargo es un problema menor. Más importante, por la forma y el fondo, fue la petición ‘popular’ a los partidos hermanos o primos hermanos europeos, y por extensión a las instituciones de la UE, de que vigilaran atentamente los fondos que se concedieran a España como ayuda a la reconstrucción tras la pandemia. Es imposible negar la solidez de la reclamación: el PP es un experto en derroches del dinero público, y conoce todos los trucos habidos y por haber. Una clara muestra es como atacan, con razón, prietas las filas, a Pablo Iglesias por el oscuro episodio del misterioso móvil robado a una excolaboradora que apareció en sus manos, y cuyo chip fue destrozado; y cómo, sensu contrario, defendieron lo contrario con el también oscuro suceso del destrozo del disco duro del ordenador de Bárcenas.

El problema en cuanto a pedir a la Unión Europea que vigilara el gasto de los casi 150.000 millones de euros es, precisamente, que se pidió a Bruselas, según algunos analistas para dilatar su concesión o para a la vez condicionar y ralentizar con una madeja de normas su utilización. Lo correcto hubiera sido, teniendo en cuenta la experiencia del propio peticionario en estas enredinas, exigir en el Congreso de los Diputados una mejora de la ley del Tribunal de Cuentas del Estado, dotando a este organismo de mayor presupuesto, más medios e instrucciones (y no meramente indicaciones ni consejos, un poco a imitación del órgano de control del presupuesto federal en EEUU) de obligado cumplimiento tanto en lo que atañe a los procedimientos y su legalidad como a la eficiencia del gasto. 

El líder conservador español lo primero que tiene que hacer es tratar de conservar el partido como alternativa confiable de poder.

No puede volver la burbuja de champán que emborrachó a muchas administraciones en el tiempo anterior a la Gran Recesión del 2008. Aeropuertos ‘para pasear’ y sin aviones; estaciones del AVE en medio de la nada; autopistas madrileñas por concesión con informes exagerados y aparentemente tramposos que forman parte destacada de la historia del despilfarro español; estaciones depuradoras que no depuran; viviendas públicas vendidas en Madrid a bajo precio a fondos buitre; privatización de hospitales con costes de gestión disparatados; lo mismo que servicios de abastecimiento de aguas, recogida de basuras, construcción de puertos y viaductos por presiones de barones locales o regionales...

Era lógico que en algún momento los países que eran contribuyentes netos (y natos) de los fondos europeos de cohesión, concretando, mostraran su enfado por el dispendio y el relajo español. Claro que en esa tómbola jugaban todos los partidos que estaban de alguna manera en los gobiernos de la nación o de las regiones. PP y PSOE y la variada gama de nacionalismos, regionalismos y taxis con cartel de ‘Libre’. Poder y dispendio ha sido un binomio considerado natural. 

Lo cierto es que ninguno (aunque haya personajes exentos de culpa, e incluso valientes Pepitos Grillo interiores) ha hecho algo serio para cambiar las cosas, como podría ser aumentar sustancialmente los medios de la Agencia Tributaria, de la Administración de Justicia, de los órganos de control de la propia  Administración y de las universidades públicas (otro saco sin fondo mal ejemplo de ineficiencia y clientelismo pero envuelto en vistoso papel de fantasía) o poner coto legal a la indecente feria de ‘asesores’ paseantes, cargos públicos innecesarios y demás variedades del enchufismo…

Un libro titulado El saqueo a la democracia, publicado por Ediciones IDEA que publiqué en Las Palmas en 2014, recoge una ‘cabreada’ conferencia en 2003 ante un público con numerosos políticos regionales y locales, en la que ante la galopante y desenfrenada corrupción y despilfarro sólo encontraba una diferencia con el camino hacia un ‘corralito’ a lo argentino, que estaba de actualidad: las ayudas de la Unión Europea. “Por mucho que se robe (y dispendie) siempre queda. Como en las tómbolas de pueblo, siempre toca. Hasta que los contribuyentes alemanes, los trabajadores que viven en sus Polvorinhausen y sus Rehoyas strassen (dos barrios de Las Palmas G.C.) y los nórdicos, y los franceses, y los holandeses… se harten de subvencionar dispendios y corrupciones españolas a costa de sus impuestos”.  

Y seguía en otro párrafo, que me recordó un lector, y fue el hilo del que he sacado todo este ovillo: “Pero aquí eso de la hora menos es un verdadero chollo. Uno puede decir (o hacer) lo que se le ocurra sin miedo a las consecuencias porque todo sucede a la hora en que todos los jueces, fiscales, policías, guardias civiles… están durmiendo o resolviendo tongas de legajos…”.

Al finalizar el acto algunos de los periodistas intervinientes y de los oyentes consideraron estas palabras ‘catastrofistas’, exageradas y hasta ‘excéntricas’ y ‘extemporáneas’. Lo cual me reafirmó en una apreciación: el sentido común y el análisis de la realidad según el método científico eran, y siguen siendo para muchos, excentricidades, extravagancias y ganas de incordiar propias de buenistas, noístas y otros profesionales del mal rollo.

Las declaraciones de Casado tras el resultado de la ‘cumbre del dinero’ y el éxito de España son la mejor prueba de que al presidente popular le faltan un par de hervores políticos.

Casado, actuó mal a sabiendas. Calculó erróneamente que las condiciones de los ‘frugales’ iban a ser más duras y alambicadas, tanto que, probablemente, no llegarían a tiempo de los presupuestos. Pero hay conservadores europeos que no hacen camarilla de zancadillas y puñaladas traperas para los asuntos estratégicos, y había uno para el que no se podía desaprovechar la palanca a lo Arquímedes de la pandemia: dar el gigantesco paso adelante de un endeudamiento comunitario que, encima, compensaría la pérdida de moral e imagen por el Brexit y, a medio plazo, hasta podría neutralizar parte de sus efectos. 

Esta carencia ha sido considerada desde hace tiempo como una de las grandes debilidades del euro. Angela Merkel aprendió de la experiencia de los implacables ‘hombres de negro’, de la asfixia de los ya asfixiados y de las graves secuelas que dejó aquel ataque a los pilares del Estado de bienestar y a la confianza en la Unión… y escogió este nuevo camino, que defendió con ahínco. Se unió al francés Macron, al italiano Giuseppe Conte, al portugués Antònio Costa… y se fueron adhiriendo todos los demás, buscando dos objetivos: beneficiar a toda la UE y beneficiar a los países más afectados por el coronavirus.

Las prioridades del acuerdo, por otra parte, son elementales y encajan perfectamente en los objetivos de las instituciones comunitarias. 

El líder conservador español lo primero que tiene que hacer es tratar de conservar el partido como alternativa confiable de poder. Hay dos reflexiones que tengo anotadas en mis fichas de uso frecuente: una de Talleyrand que dice que “la oposición es el arte de estar en contra tan hábilmente que luego se pueda estar a favor”; y otra de Churchill, un gran cínico burlón, me recuerda a veces en este aspecto de su personalidad a Lord Byron, con perdón, que confesaba que “la política es la capacidad de predecir lo que va a ocurrir mañana, la próxima semana, el próximo mes y el próximo año, y tener luego la habilidad de explicar por qué no sucedió nada de ello”.

Las declaraciones de Casado tras el resultado de la ‘cumbre del dinero’ y el éxito de España son la mejor prueba de que al presidente popular le faltan un par de hervores políticos. Sus explicaciones, ni de Antoñita la fantástica.

Próxima cita: camino del Presupuesto.

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