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07/07/2020 13:32 CEST | Actualizado 07/07/2020 14:05 CEST

El 56% de los trabajadores españoles está en riesgo de contagio, el país más expuesto de toda la OCDE

Están demasiado cerca unos de otros y tienen mayor interacción con el público.

Carlos Alvarez via Getty Images
Los reyes Felipe VI y Letizia visitan una empresa hortofrutícola en Murcia.

Un 55,9% de los trabajadores españoles desarrolla su actividad laboral en un entorno de riesgo de contagio por Covid-19, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Es la tasa más alta entre los países que forman parte de la organización, cuya media es del 48,1%, y se debe al elevado grado de proximidad física entre colegas de trabajo y a la mayor frecuencia de interactuación con el público.

“La proporción de trabajadores empleados en trabajos en riesgo varía del 39% en Luxemburgo al 56% en España, lo que refleja las diferencias entre los países en cuanto a la composición ocupacional”, apunta la institución en su informe Perspectivas de empleo 2020.

En este sentido, la OCDE advierte de que las mujeres y los trabajadores más jóvenes son relativamente más propensos a trabajar en empleos con más riesgo de contagio en todos los países de la OCDE. Lo mismo es cierto para los trabajadores de bajos ingresos, que con mayor frecuencia se ocupan en trabajos que los exponen al contacto físico y a un mayor riesgo de infección.

Por el contrario, entre los 24 países de la OCDE analizados, España registra el segundo porcentaje más bajo en empleos que pueden realizarse desde casa, con solo el 24% del total, únicamente por delante del 22,2% de Eslovaquia y muy por debajo del 31,2% de media en el ‘club de los países ricos’.

De este modo, la OCDE señala que, además de continuar alentando el teletrabajo, hay que dar prioridad a las prácticas de seguridad y salud ocupacional que limitan la propagación del contagio, lo que requerirá de una apropiada definición de las prácticas adecuadas, así como de apoyo a las empresas, en particular a las pymes.

Por otro lado, tal y como advertía en sus perspectivas macroeconómicas, publicadas el pasado mes de junio, la OCDE anticipa que, a pesar del efecto amortiguador ejercido por los ERTE en España, la tasa de paro en el país rondará el 20% a finales de 2020 independientemente de si hay un rebrote del virus o no.

“Las recientes proyecciones de la OCDE sugieren que la tasa de desempleo podría alcanzar un máximo a finales de 2020, aunque no se produzca un nuevo brote de la pandemia a finales del año. El desempleo medio proyectado para el año 2020 sería del 19,2% en el escenario de un solo brote, y del 20,1% en el caso de un segundo brote”, prevé.

En este sentido, la OCDE señala que, como en otros países de la organización, las diferencias regionales en el número de empleos en riesgo varían mucho en España, entre otras cosas debido a la fuerte concentración de las pérdidas de empleo en algunos sectores muy afectados por la crisis.

“En particular, varios de los principales destinos turísticos, como las Islas Baleares y las Islas Canarias, pueden enfrentarse a una gran caída del empleo”, advierte.

En el conjunto de la OCDE, incluso en el escenario más optimista proyectado, la tasa de paro alcanzará este año el 9,4% en el cuarto trimestre, superando incluso los máximos registrados durante la crisis financiera.

Las consecuencias negativas de congelar los despidos

Por otro lado, en su informe la OCDE destaca que España prohibió explícitamente a las empresas despedir a los trabajadores mientras participaban en el ERTE, así como durante un corto periodo después. “A medida que la economía reabre, debería considerarse la reintroducción de una condicionalidad más estricta para las empresas”, recomienda.

En este sentido, Stefano Scarpetta, director del área de Empleo y Asuntos Sociales de la OCDE, ha destacado que la decisión de países como España e Italia de legislar para prohibir los despidos durante el periodo de confinamiento para contener la propagación de la pandemia “fue una medida razonable dadas las circunstancias”.

No obstante, una vez superada esa fase, el experto advierte de la necesidad de trazar una línea entre los incentivos para la contratación de nuevos trabajadores por parte de las empresas y el apoyo a los empleados.

Scarpetta aboga por introducir una mayor diferenciación en el uso de los distintos esquemas de protección temporal del empleo, como los ERTE, con una mayor condicionalidad en el caso de aquellos sectores en los que se haya reanudado la actividad y manteniendo el apoyo al resto de sectores.

“Congelar los despidos conlleva un riesgo de que los empleadores recurran a los contratos temporales, aumentando la dualidad del mercado laboral”, señala.

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