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08/09/2019 16:32 CEST | Actualizado 08/09/2019 17:00 CEST

España somete a Serbia y buscará las semifinales ante Polonia (81-69)

Lección de los de Scariolo a uno de los favoritos del Mundial.

AP
Víctor Claver durante el España-Serbia.

No estaba en el guión de nadie que España ganase hoy a Serbia y mucho menos como lo ha hecho. Quizás de nadie no, porque los jugadores y el seleccionador han dado toda una lección, desde la humildad, de cómo afrontar un partido como el de hoy. 

Un encuentro crucial para España en el Mundial de Baloncesto de China, que hace que los de Scariolo pasen como primeros de grupo y eviten a Argentina pero, sobre todo, a Estados Unidos. 

Y lo han hecho a lo grande, cepillándose a una de las favoritas (quizás, la más favorita) del torneo. La Serbia de Djordjevic, el entrenador serbio que dijo “que dios coja confesados” a sus rivales, incluyendo a EEUU, cuando se enfrentaran a ellos. 

Pues una de dos: o España ha ido mucho a la iglesia últimamente, o Serbia era menos ogro de lo que lo pintaban. 

Y la selección es lo que ha sido siempre: un equipo que va de menos a más durante este tipo de torneos. 

El partido comenzó mal para los españoles, ya que Serbia impuso su carácter con Bogdanovic como gran referente tirando del equipo y poniendo a la selección balcánica con siete puntos de ventaja en el primer cuarto (13-20). 

Fue el único momento en el que los serbios parecieron superiores al equipo de Scariolo. El técnico español dio toda una lección de táctica a su amigo Djordjevic, introduciendo un quinteto de ‘bajitos’ que puso ritmo tanto al ataque como a la defensa. 

Un gran parcial anotador dio la vuelta al electrónico y España se puso por delante al poco de iniciarse el segundo cuarto (26-22). 

Los serbios se desesperaban para leer la zona que planteó Scariolo y España seguía aumentando su ventaja tanto por dentro con Gasol y Claver anotando, como por fuera, con dos triples de Ricky Rubio que pusieron a España a diez puntos (41-31). 

Otro triple más de Llull sirvió para irse a los vestuarios con 12 puntos de ventaja (45-37). 

Pero Serbia no volvió con ideas frescas del descanso. Al contrario, ya que Jokic, una de las estrellas serbias se ofuscó y terminó siendo expulsado con dos técnicas seguidas mientras la ventaja española aumentaba hasta los 15 puntos. 

Y llegó a ser de hasta 21, con un gran Ricky Rubio en la dirección del balón pero, sobre todo, con una enorme intensidad defensiva. 

Pero enfrente había mucha calidad y, sobre todo, orgullo. Bogdanovic tomó la batuta y redujo la diferencia a apenas 11 puntos al término del tercer cuarto. 

Tocaba sufrir hasta el final y España, como diría Pimpinela, para eso tiene experiencia. 

Pese a los problemas de anotación y algún fallo en defensa, el equipo no se desarmó y mantuvo la solidez bajo el aro. Un trabajo que sirvió para que España sólo viera reducida la ventaja a 9 puntos. 

Al final, 81-69 para los españoles que dan un golpe sobre la mesa y animan un torneo que parecía destinado a acabar en manos de dos países. Ahora la cosa ha cambiado. 

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