INTERNACIONAL
13/10/2019 18:22 CEST

Españoles en Reino Unido: cómo afrontar un Brexit duro

Más de 202.000 españoles, de tres millones de comunitarios, ven con angustia la falta de acuerdo entre Londres y Bruselas, que repercute en su estatus, su empleo, su vida

ASSOCIATED PRESS
Protesta en contra del Brexit ante las puertas del Parlamento británico, en Londres.

El Brexit duro, la salida no negociada de Reino Unido de la Unión Europea, abre un abismo hondo como la Fosa de las Marianas a los pies de los tres millones de ciudadanos comunitarios que viven en el país. De ellos, 202.000 son españoles que, de golpe, serán extranjeros en una tierra en la que eran uno más.

La exprimera ministra británica, Theresa May, intentó tres veces que el Parlamento ratificase el pacto de desconexión que cerró con Bruselas, pero se tuvo que ir sin lograrlo. Su sucesor, el brexiter más acérrimo, Boris Johnson, dice que el 31 de octubre -la fecha límite fijada- se va como sea. Ha presentado una propuesta de postureo que nadie acepta. Toca ir por las malas. Y eso obliga a los de fuera a hacer muchas gestiones y a esperar con mucha angustia.

La Embajada de España en Londres ha habilitado una ventanilla única para ayudar a los ciudadanos que quieren saber cómo seguir viviendo, trabajando o estudiando en el Reino Unido. Básicamente, primero hay que pedir lo que se conoce como Estatus de asentamiento (EU Settlement Scheme), una figura que permite mantener los derechos adquiridos hasta ahora y, sobre todo, no quedar en situación ilegal. Incluso si un español tiene un certificado de residencia permanente (Permanent Residence) deberá registrarse a través de este procedimiento y lo mismo los que estén casados con un británico. Si finamente hay salida con acuerdo (improbable), el plazo para solicitar esto es hasta el 30 de junio del año 2021, pero si no hay acuerdo, el plazo termina en diciembre de 2020.

Pueden concederse dos tipos de estatus: el settled status (el permiso de residencia indefinido) para quienes llevan más de cinco años viviendo en el país, y el pre-settled status (o permiso de residencia temporal), para quienes no hayan acumulado cinco años aún. 

El proceso, que inicialmente se hacía de forma presencial y pagando, ahora es online y gratuito. Las quejas de los comunitarios han hecho que mejoren las cosas, explican desde 3 Million, una plataforma que justamente “da voz” a los tres millones de europeos del país y que es la más activa ante el reto del Brexit. Sin embargo, matizan que hay gente que no tiene información al alcance de la mano (“desde luego, no la encontrará en la prensa local”), o que lleva aquí muchos años y piensa que no le afectará, y también gente jubilada que no sabe por dónde empezar el trámite.

“No sabemos qué va a pasar con estas personas”, explican a El HuffPost vía email, “pero es importante contemplar su problema porque están en juego derechos esenciales, desde la estancia al trabajo, pasando por la vivienda o la atención sanitaria”, abundan. A su juicio, debería sencillamente darse este estatus de forma automática a toda persona registrada como comunitaria, sin necesidad de pedirlo.

La asociación -que esta misma semana ha mandado una delegación a Bruselas para explicar a la Comisión Europea los problemas que están enfrentando- sostiene que con este estatus que hay que pedir “no se garantizan de partida” todos los derechos que los españoles o demás comunitarios tienen hasta ahora.

Por ejemplo, si hay Brexit duro y quieres llevarte a un familiar a Reino Unido, sólo se podrá hacer hasta marzo de 2022, cuando si hay un Brexit blando, con red, con acuerdo, no habrá límite alguno, estando justificada la reagrupación. No está claro si un comunitario podrá seguir presentándose a las elecciones locales (y votar, por supuesto), como hasta ahora. Y si una persona abandona el país durante cinco años (por trabajo, estudios, por lo que sea), perderá su derecho de estancia. Se incrementarán además los controles de información sobre procesos rutinarios como cambio de domicilio o renovación de documentos.

Hablamos de periodos largos, de vida estable, pero la incertidumbre también afecta a quien tenga, por ejemplo, una estancia temporal por estudios. Reino Unido y la UE se encargaron de garantizar la pervivencia del programa Erasmus al menos un año más, pero los estudiantes debían contactar con sus universidades de origen para que éstas pusieran al día su documentación. Si esta comunicación no se hace a tiempo, los alumnos corren el riesgo de no tener acceso al Sistema Nacional de Salud, a préstamos universitarios o ayudas sociales.

“Es un desarraigo”

Los españoles aplauden la información suministrada por el Ministerio de Exteriores a través de la embajada o los consulados y la puesta en marcha de portales específicos como el de Preparados para el Brexit, en la web de La Moncloa, pero aún así muestran su miedo al día después de esa terrible noche de Halloween en la que se romperán 40 años de hermanamiento europeo.

 

CEDIDA / EL HUFFPOST
Fran Rodríguez.

Fran Rodríguez es profesor de español en el condado de Northumberland. A sus 38 años, tras nueve en el país, con trabajo estable y una novia italiana igualmente asentada, teme “tener que cambiarlo todo”. “Es un despropósito. Unos políticos caraduras han mentido a la gente y ahora es demasiado tarde para rectificar. En los primeros días, algunos vecinos que me miraban mal, en plan ‘ahora te vas, extranjero’, pero ahora lo que veo en ellos es preocupación, porque saben que es dejar marchar buenos trabajadores, mano de obra que también levanta el país, y dinero, que no robaba tanto Bruselas”, denuncia.

En su caso particular, ya ha presentado todos los papeles (fue de los rápidos, de los que se comió más de 80 folios de disposiciones y colas para el papeleo) y espera resultados. “Me gusta lo que hago y este lugar. Regresar a España no sería un desastre, pero sí supondría una pérdida de calidad de vida, empezar de cero. No puede ser que tiren a la basura a gente válida que ha confiado en las oportunidades del Reino Unido”, lamenta.

Teresa Cano (27 años) es albaceteña, secretaria en una empresa de logística del sur de Londres. Allí logró, hace poco menos de cuatro años, su primer empleo estable “tras infinitos cutre-jobs en España”. Es candidata al pre-estatus, una protección que ha gestionado con una app en el móvil. “El problema no es el trámite, sino lo que te dan con ese trámite. Con Johnson mandando, creo que nos apretará las tuercas. Es como Trump, proteccionista, y está visto que no le importa romper de mala manera”, dice preocupada. Para ella, su remain (quedarse) personal es una cuestión económica. “Cobro mejor que en España”, dice, pero lo siente ve bien tratada. “Están muy cansados de la inmigración y, si eres de la UE, te ven como una amenaza para puestos buenos. Pelearé por quedarme, pero si se mantiene ese rechazo me iré”, augura.

CEDIDA / EL HUFFPOST
Teresa Cano.

Más doloroso sería para el abogado gerundés Roberto Campos, que lleva casi 17 de sus 49 años años en Escocia. Casado, con un hijo, asesora a empresas con negocios en América Latina. Hizo un par de años de la carrera en Londres, regresó a España, pero quería volver. “Soy un poco de los dos lados. Para mí, este Brexit es un desarraigo”, lamenta. Se siente “rehén”, un perjudicado del que no se habla cuando se negocia el acuerdo, porque los ciudadanos son “secundarios”. Su plan era jubilarse e irse a España, pero el periodo cotizado y la prestación por desempleo se verán afectados a partir de la fecha en que el Reino Unido se desvincule de la UE, por lo que dejarán de contar para el cálculo de las pensiones y el paro. En el caso de las pensiones contributivas es diferente, pues se pagan independientemente del lugar de residencia del beneficiado y el Gobierno ha confirmado que no prevé cambios. “Si me dejan parado porque como europeo doy problemas, ¿tendré garantizado todo lo que he sembrado?”, se pregunta.

Demasiadas cuestiones esenciales aún en el aire, aunque el calendario corra raudo hacia el 31 de octubre. 

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