"El concierto de Love of Lesbian será más seguro que la terraza de cualquier bar"

"El concierto de Love of Lesbian será más seguro que la terraza de cualquier bar"

Tres fans hablan del "experimento epidemiológico" con 5.000 personas sin distancia social que puede marcar el futuro de la música en vivo.

Love of Lesbian, en una actuación en el FIB en los tiempos pre-covidXavi Torrent / WireImage

¿A que no sabes dónde he vuelto hoy?

Donde solíamos gritar

Los fans de Love of Lesbian nunca habrán cantado el arranque de ‘Allí donde solíamos gritar’ como lo harán este sábado 5.000 de ellos. Será un grito bajo las mascarillas y con algún que otro recelo en el concierto / “experimento epidemiológico” que la banda celebra en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

¿Irresponsabilidad en pandemia o el primer día del futuro de la música en vivo? El público vivirá un espectáculo sin distancia social, algo que ha despertado la desconfianza de quienes temen que suponga un foco de transmisión. Público y organizadores, en cambio, ven una ocasión perfecta para demostrar que la cultura es segura, también con gente cerca.

El primer diagnóstico de los asistentes es claro: “Si me diera miedo no iría”. El titular lo da Anna, para quien “las medidas de seguridad son maravillosas; en el Palau habrá más seguridad que en la terraza de un bar, donde hay gente sin mascarilla o con algunas sucias y viejas, sin distancia...”.

Los asistentes tendrán que pasar un test de antígenos horas antes del concierto y deberán usar las mascarillas FFP2 que entregará la organización a la entrada de un recinto que aforará algo menos de un tercio de su capacidad total. Eso sí, los fans esta vez no estarán sentados ni alejados entre sí. Ni habrá un rastreo posterior individualizado.

Si la cosa va muy mal y se puede trazar que el concierto ha sido un peligro va a ser un golpe muy jodido para la música
Anna

“Se habla de la distancia social como un problema grave y es, en realidad, más una cuestión de tiempo, porque en el súper te tocas con gente. Allí estaremos más tiempo pero vamos con precauciones y en el súper no, nadie te mide temperatura ni te da una mascarilla nueva... No habrá más peligro que en cualquier otro sitio cualquier día”, plantea Anna.

El concierto de la banda, una de las grandes de la escena indie nacional, es algo “necesario”, expone Laia, otra de las participantes en el experimento. No es, ni mucho menos, el primero en tiempos de coronavirus, pero sí el primero de semejantes características. “Hay que empezar a arriesgarse, porque si no no hay perspectiva de futuro para el sector de la música”. Pide “preocuparnos de verdad de lo que sí podemos controlar: temperatura, test, quién entra, que llevemos distancia”.

Pero también hay un sector de seguidores algo más recelosos. Como Héctor, que va a acudir, aunque confiesa habérselo pensado “más de una y dos veces”: “Me da mucho respeto, pero al final las medidas que se van a tomar son las que sigo en mi trabajo diariamente, además de un test, que no se hace a diario”.

La polémica por la falta de rastreo: algo “absurdo”

Uno de los puntos más polémicos del concierto es la ausencia de un seguimiento posterior a los asistentes, salvo, explica la organización, que alguno desarrolle síntomas compatibles con el virus. Ninguno de los consultados entiende las críticas y califican de “absurdo” controlar a 5.000 personas.

“Ponte que yo al acabar me voy a otra casa a dormir o me quedo a cenar por ahí y el domingo salgo por el centro... Quién garantiza que el positivo que yo doy sea consecuencia del concierto”, razona Anna. “Además, es un gasto muy bestia y no es una herramienta infalible”, añade Laia, que opina que “si nos rastrean, entonces habría que seguir a todos los que cogen un metro lleno día tras día”.

  No, esta imagen no se volverá a vivir de momentoXavi Torrent / WireImage

Otra opción, descartada por los encargados era proponer el autoconfinamiento de 10 días a cada espectador. “Si no te autoconfinas por ir a un bar lleno, un gimnasio o un centro comercial, donde no te hacen ni test ni nada, no tendrías por qué hacerlo por este concierto”, responde Laia.

Su ‘compañera’ Anna lo ve algo más factible, aunque tampoco es partidaria. “Podría imaginarlo como una opción, aunque a mí no me valdría la pena ir al show entonces. Además, tampoco le veo sentido porque yo me autoconfinaría si me fuese de fiesta con 200 extraños, pero esta organización ofrece garantías de seguridad”.

Así será el protocolo

El ‘experimento’, así lo llaman los creadores, no comienza en el mismo Palau Sant Jordi. La organización ha dispuesto tres salas míticas en el circuito musical de la Ciudad Condal, Razzmatazz, Apolo y Luz de Gas, para realizar los test varias horas antes. Cada entrada va asociada a un código QR que registra turno y local específicos para someterse a la prueba, además de servir como comprobante del negativo y de acceso al recinto.

La pista estará dividida en tres zonas, con sus propios baños, lo que reduce el espectro de personas con las que cada espectador estará en contacto a imagen del otro estudio que se realizó en diciembre en la sala Apolo, de menor dimensión pero que se saldó sin contagios.

Hay que empezar a arriesgarse, porque si no no hay perspectiva de futuro
Laia

La apertura de puertas está prevista para las 17:00 y los primeros acordes de Love of Lesbian sonarán a las 19:00. “Supongo que tocarán unas dos horas, para poder acabar y volver a casa todos antes de las 22:00, que es el horario del toque de queda”, explica Anna.

El precio, otro de los interrogantes en la nueva era de la música —gastos extra en seguridad sanitaria, reducción de aforo, menos ingresos por consumiciones o merchandising—, no parecen haber notado ningún ‘efecto covid’. Plataformas de venta oficiales ofrecían (ya se han agotado) entradas desde 23€ más gastos.

La música, en el centro de todas las miradas

La cita llega en el primer fin de semana de las vacaciones y en un contexto de “cambio de tendencia” a peor, como define Sanidad este momento. La incidencia crece ligeramente desde hace días. Mezcla explosiva para que la estadística recoja nuevos aumentos de contagios con o sin concierto.

“Si es el momento adecuado o no, lo sabremos a tiempo pasado”, razona Héctor, que pide no poner como culpable preventivo a la música. Insiste en que “cuando vamos a una tienda no sabemos si a nuestro lado esas personas tienen covid”.

En el subconsciente saldrá de nosotros mismos el no juntarnos con la gente que no conocemos
Héctor

Algo más recelosa, Laia tiene claro que “si suben los contagios en Barcelona lo achacarán al concierto porque hay que buscar culpables y siempre reciben los mismos. Es más fácil llamarles irresponsables que investigar otras posibles causas”.

“Vale, pueden subir los casos, pero lo primero es analizar por qué, en qué grupos, porque los contagios están subiendo para todos”, sostiene Anna. Su preocupación es incluso mayor y la recoge con meridiana claridad: “Si se puede trazar que el concierto ha sido un peligro va a ser un golpe muy jodido para la música”.

Pero rápidamente cambia el tono. Ni ella ni los restantes 4.999 fieles a la banda quieren ponerse la venda antes de la herida. Lo que quieren es cantar, aunque no sepan muy bien cómo actuar in situ. “Hace tanto que no voy a un concierto que ni sé si bailaré, gritaré o qué”, ríe Anna.

“Yo el finde pasado estuve en otro concierto y me costó mucho quedarme sentado, así que seguramente baile y salte”, comenta Héctor entre la ilusión y la cautela, porque “creo que en el subconsciente saldrá de nosotros mismos el no juntarnos, yo creo que dejaremos espacio con la gente que no conocemos  bailaremos en nuestro metro cuadrado personal”, remata Héctor.

Y como todos ellos confiesan que de voz van “regular”, les queda un consuelo. Con mascarilla los desafines se notarán menos.