¿Está en peligro la tele que hace Movistar+?

Parte 1.
Andreu Buenafuente en 'Late Motiv'.
Movistar+
Andreu Buenafuente en 'Late Motiv'.

Desde que se desató la semana pasada el tsunami Movistar+, todos nos preguntamos lo mismo: ¿Está en peligro la buena tele que Movistar+ ha hecho desde que arrancó en 2015?

Voy a deciros la verdad, NO LO SÉ. Pero sé otras cosas. Por ejemplo, que no hay que confundir la cúpula de una empresa como Telefónica con el equipo de creadores y profesionales que llevan seis años haciendo televisión, bastante buena, por cierto. Y muy celebrada por muchos de nosotros, los periodistas, y por muchos de vosotros, los espectadores.

Sé que están tristes, que ellos lo que quieren es seguir creando buenos productos televisivos, porque creen en su trabajo, porque les parece que tienen todo a su favor para seguir componiendo buenas historias televisivas, que no quieren tirar la toalla, que no quieren, claro, que los despidan (eso es algo que no le gusta a nadie), que se han currado mucho durante estos años una imagen de marca, luchando muchas veces contra elementos adversos de todo tipo. Y sí, han hecho concesiones muchas veces, pero en fin, a ver quién es el guapo que puede decir que no las hace en su lugar de trabajo.

Sé más cosas. Que a la larga, solo lo ético es útil. Que si las concesiones que has de hacer para seguir estando desestabilizan los pilares fundamentales de tu trabajo, la cosa acabará mal. Que si dejas escapar el talento, las ganas, las buenas intenciones, si pones trabas, si coartas, si molestas con peticiones absurdas, con presiones absurdas, todo languidece y sí, todo se puede ir a la mierda.

Yo prefería que no estuviera en peligro, la verdad, no solo porque allí dentro quedan compañeros con ganas de seguir haciendo la misma tele que llevan haciendo o intentando hacer desde el 2015, también porque me gustaría seguir disfrutando de buenos ratos frente a la pantalla, que me hagan más feliz, más sabia, que me den qué pensar, que me distraigan, que me hagan reír.

En 2015, cuando arrancó Movistar+, que heredaba el espíritu del mítico Canal+, hasta ese momento la única televisión de pago que teníamos, todo esto era campo. Pero enseguida empezaron las buenas noticias. Buenas noticias que todos vitoreamos acaloradamente, vuelvo a decirlo. Repasemos un poco aquellos logros, que es importante saber de lo que hemos gozado.

Esos logros

Llegó Andreu Buenafuente y su proverbial manera de hacer televisión, latenights sobre todo, y lo recibimos con los brazos abiertos. Su Late Motiv fue una bendita bocanada en la desierta tele nocturna. Cierto, no todo el mundo tenía esa plataforma, pero las redes ayudaban mucho.

El equipo del programa lo hizo bien desde el minuto uno y sus píldoras en redes fueron virales, o al menos muy comentadas. Yo personalmente descubrí allí a un tipo que me ha dado ratos soberbios de televisión: Miguel Maldonado, a quien no conocía de nada. Me enamoré de él la primera noche que le vi, me reí a carcajadas, y tuve claro que tenía una cabeza privilegiada. Otro hallazgo de la factoría de Buenafuente. Conté aquí hace un par de años lo interesante que era seguir la estela del talento descubierto por Andreu. Lo sigo diciendo.

El caso es que Late Motiv nos ha regalado varios años de buenos programas, de momentos estelares de televisión, noches plagadas de carcajadas y de entrevistas a artistas, personajes que solo podíamos ver en ese formato. Tuvimos música en directo que no podíamos oír en ningún otro espacio.

Buenafuente seguía haciendo desfilar por el sofá a colaboradores agudos, interesantes. Como Bob Pop. Sobre todo a Bob Pop. Una vez más, gracias a las redes, se conocieron sus destellos enormes de lucidez, su capacidad para decir cosas potentes, rotundas, atravesándolas con humor, con ironía fina. Fue una parte importante del programa, en la dirección, y cuando desapareció de antena todos lo echamos muchísimo de menos. Sus intervenciones eran torpedos contra el sistema muchas veces. Notabas al escucharle muchas noches, ante la atenta y risueña mirada de Andreu, cómo se tambaleaban los cimientos de las casas de los poderosos de la tierra.

El martes pasado, al recoger su Ondas por Maricón perdido, lo dijo en alto: “A mí Movistar me echó antes que a ellos (refiriéndose a los compañeros de Late Motiv) porque les resultaba incómodo”. Bob es amigo, quizá algún día cuente exactamente cómo pasó todo, los que le queremos no vamos a hacerlo por él, hasta que él se decida a narrarlo con detalles. Fin de la cuestión.

Volvamos a Late Motiv. De allí salió un spin off muy bueno, La Resistencia. Desde el principio quedó claro que el programa de Broncano tenía dos lecturas (le podía gustar a David Trueba y a los seguidores de Forocoches), que estaba hecho, y muy bien por cierto, para gustarle a dos tipos de público.

El caso es que nos lo hemos pasado (espero que eso dure mucho tiempo) francamente bien con sus métodos televisivos. Ahí redescubrí a Jorge Ponce, ese cómico que en En el aire estaba difuminado pero que en La Resistencia ha dado momentos irrepetibles, como sus faltadas con las provincias. Arropado por David Broncano, dirigido por Ricardo Castella, que es un geniecillo de la tele desde siempre, desde que empezó en la tele no convencional, Ponce es uno de mis favoritos.

Series, reportajes, documentales, deporte...

En Movistar+ hemos visto también durante estos años series buenas de verdad, como Antidisturbios, o las tres temporadas de la serie de Berto, Mira lo que has hecho, la primera comedia de la plataforma con la que disfruté de lo lindo. Quizá Berto, sin su recorrido en Buenafuente, sin su alianza con Movistar+, no habría podido llevar a cabo la serie, no habría encontrado el lugar donde mostrar su talento como creador. Estar en el lugar oportuno y en el momento adecuado es tan importante como tener talento.

Allí vimos dos narraciones estupendas de Mariano Barroso: La línea invisible, una historia distinta sobre ETA, cuando aún no estaba del todo bien visto hablar sobre ese asunto en la ficción. Y El día de mañana, una historia delicada que no habríamos podido ver en ninguna tele convencional.

Vimos los reportajes de Jon Sistiaga, siempre de altura, hechos con sosiego, con recursos, con tiempo, con criterio, aprovechando el bagaje del periodista, su destreza, su historial como reportero. Y muy importante, sin esa presión casi siempre absurda de la audiencia del día después.

Los que ya veníamos de Canal+ pudimos seguir con los tipos de Ilustres ignorantes, marca de la casa, tan gratos de ver. Pudimos seguir con Informe Robinson, que hasta yo, que nunca veo deporte, he seguido con gusto. He visto a mi marido, un espectador exigente y poco dado a la frivolidad audiovisual, disfrutar de lo lindo con reportajes y documentales relacionados con el deporte.

También tuvimos Arde Madrid, una serie estupenda en blanco y negro, La Unidad y Hierro, con una Candela Peña protagonista que lo llenaba todo. Y dos temporadas de la serie Capítulo 0, de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, donde este último nos regaló un episodio maravilloso, Mi padre, que nunca me cansaré de recomendar.

Música, cine y la entrevista con arte

Vimos una tele diferente, como los programas de música Canciones que cambiaron el mundo, o Pop, una historia de música y televisión, que me entusiasmó. O las sesiones movistar, un regalo.

Hace poco llegó Mercedes Milá con un formato redondo, Milá vs Milá, donde la periodista que se perdió tras Gran Hermano vuelve para hacer lo que se le da bien, la entrevista con arte, distinta. Es un formato televisivo interesantísimo que tampoco cabría en ninguna otra cadena.

Se probaron cosas buenas, como la vuelta de la pareja con más química de la televisión, Patricia Conde y Ángel Martín. O el programa de cine La Script. O los biopics de verdad, especiales como Lola, de Israel del Santo, que ya hizo otra cosa memorable para la cadena, la docuserie El Palmar de Troya. Y otro hallazgo: Muerte en León. Era el primer true crime patrio que veíamos y era excepcional. Hay, no obstante, algo raro en este formato, que parece que no sentó bien entre determinados miembros de la cúpula de Telefónica. Poco tiempo después fue retirado de su catálogo y ahora se puede ver en HBO Max.

Podría seguir pero de momento vamos a parar aquí.

Mañana os espero con una historia un poco rara que me ha contado un jefazo de una empresa de telefonía. Me ha pedido que os la haga llegar. Pero eso será mañana. Ahora me voy a ver la tele.

Imágenes impagables de Andreu Buenafuente