Esta frase te ayudará a cambiar para siempre lo que piensas del ejercicio

Así conseguí dejar de verlo como una medida disciplinaria o una forma de avergonzarme de mí misma por haber engordado.

Durante gran parte de mi vida, he tenido una relación complicada con el ejercicio físico.

La razón principal es que pensaba que hacer ejercicio era una obligación y que no se me daba bien. No me gustaban nada los deportes de equipo cuando era niña y ponía todo mi empeño en fingir que estaba enferma o lesionada para poder quedarme en el banquillo. Tenía muy poca resistencia y una coordinación nefasta. Por no mencionar el hecho de que sentía que estaban comparando mis capacidades con las de mis compañeros.

Esta forma de ver el ejercicio físico me ha acompañado hasta mi vida adulta. Muchas veces he evitado el gimnasio o las clases dirigidas porque no quería que los demás vieran lo “mal” que se me daba. Y, al igual que mucha gente, también he considerado la actividad física como una forma de contrarrestar los excesos de mi alimentación o las cosas que no me gustaban en el espejo.

Tardé muchos años en cambiar mi forma de ver el ejercicio. Dejé de verlo como una medida disciplinaria o una forma de avergonzarme de mí misma y empecé a verlo como una forma de sentirme mejor. Y fue gracias, en parte, a una frase que leí: El ejercicio es una celebración de lo que puede hacer tu cuerpo.

Detente un segundo y vuelve a leer la frase.

Nos han educado para creer que debemos entrenar para ganar músculo o perder grasa; es decir, como una forma de cambiar tu cuerpo y no una forma de agradecerle lo que puede hacer.

Yo me pasé años pensando que no era “suficientemente buena” para hacer ejercicio. Creía que no era buena para jugar a ningún deporte, ni para usar las máquinas del gimnasio. ¿Qué habría pasado si hubiera concebido el ejercicio como una forma de celebrar lo que puede hacer mi cuerpo?

En cuanto adopté esa forma de pensar, todo cambió. Me resulta muy útil en esos días en los que veo el fitness como una obligación y no como una opción.

Evidentemente, una frase, por sí sola, no te va a llevar a ninguna parte. Hay que ponerla en práctica. Aquí van más consejos para aprender a ver el ejercicio como una celebración de tu cuerpo.

Dedica un tiempo a descubrir lo que te gusta

La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, entendiendo moderada como cualquier actividad que eleve tu ritmo cardíaco un 50% o 60% por encima de tu ritmo en reposo. Vale cualquier clase de movimiento que te haga llegar a ese punto. Evita caer en la trampa mental de que tienes que acabar destrozado para que el entrenamiento cuente y recuerda que no tienes por qué hacer ningún ejercicio que odies.

“Hazte dos preguntas: ¿Te hace sentir bien? ¿Lo disfrutas?”, comenta Jessica Mazzucco, entrenadora personal y fundadora de The Glute Recruit. “Hay muchas actividades entre las que elegir: tenis, natación, baile, ciclismo, pesas, boxeo, yoga, correr, pilates, etc. Si encuentras una modalidad que dé ganas de volver, sabrás que has encontrado el entrenamiento que te gusta”.

No dudes en cambiar tu rutina de ejercicios por otros que te gusten más

Durante la pandemia hubo una temporada que me enganché a salir a correr. Me gustaba el hecho de que fuera una actividad segura al aire libre en la que poder medir mi progreso. Ahora mismo, preferiría hacer fila en el banco antes que salir a correr.

He pasado por fases similares con el entrenamiento de pesas y con otras formas de cardio. Hubo una época en la que no me apetecía nada hacer cardio, pero iba a varias clases dirigidas a la semana en el gimnasio. A día de hoy prefiero hacer spinning y pasar entre 30 y 45 minutos dándole a la bici.

No pasa absolutamente nada por cambiar tu rutina. De hecho, es hasta recomendable.

“Algunas personas se aburren de hacer lo mismo día sí y día también”, explica Mazzucco. “En esos casos, viene bien hacer distintas actividades físicas cada semana para animar la rutina”.

Convierte tus entrenamientos en una actividad social

Entrenar con otras personas puede ser intimidante, pero ayuda mucho convertir el entrenamiento en quedadas sociales. Yo empecé haciéndolo como forma de ponerme al día con mis amigos en vez de pasar una hora aburrida torturándome. Puedes quedar con tu pareja o tus amigos para caminar o para probar una clase de yoga aéreo. Es una experiencia que os unirá y os ayudará a acabar con esa actitud negativa que podáis tener hacia el ejercicio.

No hagas ejercicio como castigo por haberte pasado con la comida

También solía apuntarme a alguna clase en el gimnasio o salir a correr para compensar las calorías de una comida en la que me había excedido. Recurrir al ejercicio cuando me sentía culpable por lo que había comido o por haber engordado era una penalización, no un objetivo. Por no mencionar que esa clase de mentalidad también daña tu relación con la comida.

Para mantener una relación sana con el fitness, hay que desvincular la alimentación y el aspecto, según Mazzuco. “Es más fácil pensar en moverte un poco todos los días, dejar de pensar en el ejercicio como una tarea y verlo como una forma de cuidado personal”, añade.

Céntrate en los efectos emocionales de entrenar

El “subidón del corredor” no aparece porque correr sea algo mágico. Es el ejercicio físico en general el que te hace sentirte así. Puedes alcanzar ese mismo subidón bailando en la cocina, yendo en bici, nadando o jugando con las barras del parque. Yo siempre trato de recordar que entreno por placer y que los beneficios físicos son solo un añadido.

“Mi mantra es: ‘Quiérete antes que a nadie, quiérete más que a nadie’. Hacer ejercicio es una de las mejores formas de quererte”, asegura Jennifer Conroyd, entrenadora personal, corredora de fondo y fundadora de Fluid Running. “Estás reduciendo el riesgo de padecer enfermedades. Estás fortaleciendo tu cuerpo y tu corazón. Te estás desestresando y haciéndote sentir bien. El ejercicio es un regalo que te estás haciendo”.

Recuerda que tu relación con el ejercicio y tus ganas de hacerlo flucturarán con el tiempo. Y mucho

No soy la típica experta de gimnasio que no se salta ningún entrenamiento. Hay días en los que no estoy física ni mentalmente lista para ponerme a sudar. Hoy, por ejemplo, he apagado la alarma y he seguido durmiendo en vez de ir al gimnasio. Y es normal que algún día te pase eso.

“Es importante recordar que nuestros cuerpos evolucionan y envejecen. Hay que dejar de establecer expectativas demasiado duras sobre su rendimiento y no sentirse mal si ya no tiene el mismo aspecto o nivel que antes”, advierte Mazzuco. “Debes aceptar que no siempre te apetecerá entrenar y no pasa nada. Hasta los más entusiastas del ejercicio tienen días flojos en los que no van al gimnasio”.

No pasa nada por poner tu cuerpo en movimiento como y cuando a ti te apetezca. De otro modo, no es ejercicio, sino un castigo.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

9 consecuencias de un ejercicio físico excesivo