¿Está preparada España para ser un país amable con la menstruación?

Nuestro país no está tomando medidas para luchar contra la pobreza menstrual.
Una mujer participa en la manifestación del 8 de marzo de 2020 en Madrid.
Una mujer participa en la manifestación del 8 de marzo de 2020 en Madrid.

2021 ha empezado fuerte en cuanto a justicia menstrual. Cada vez son más los países que se suman a la lucha contra la pobreza menstrual.

Argentina ha propuesto la entrega gratuita por parte del Estado de productos de menstruación sostenible, así como la inclusión de la educación menstrual dentro de la educación sexual.

En Francia, las universitarias tienen desde este mes acceso a productos menstruales como las compresas y tampones de manera gratuita. Por su parte, las alumnas de secundaria de Nueva Zelanda tienen acceso a productos menstruales gratuitos desde mitad del año pasado.

Escocia se convirtió a finales de 2020 en el primer país del mundo en ofrecer productos para la menstruación gratuitos a sus ciudadanas.

¿Y qué está haciendo España a este respecto? Seguramente te preguntes qué medidas se están llevando a cabo en nuestro país. Pues bien, déjame decirte que realmente ninguna.

Han sido varias las propuestas respecto a la fiscalidad de productos menstruales —de educación menstrual ni hablamos—. Partidos como ERC y la CUP se han atrevido a proponer una reducción del IVA menstrual al 4%.

Incluso las dos formaciones que sustentan el Gobierno de coalición, PSOE y Unidas Podemos, metieron esta medida en campaña, sin llegar nunca a materializarse en los Presupuestos Generales del Estado.

“Solamente en Canarias nos acercamos a la justicia menstrual”

La única medida al respecto se ha llevado a cabo en las Islas Canarias, donde desde desde 2018 los productos para la menstruación carecen de Impuesto General Indirecto Canario (IGIC), el equivalente al IVA.

¿Para cuándo vamos a tratar este tema, nuestro tema, el de la mitad de la población española —y mundial— en un tema social y político? Un asunto en el que finalmente el Estado reconozca que la tasa impositiva sobre productos para la menstruación puede ser un motivo de discriminación y que es necesaria la educación menstrual en el currículo escolar.

No se trata de una moda, de un concepto trending topic —en España la menstruación nunca lo ha sido—. Estamos hablando de que aún hay niñas y mujeres que no pueden acceder a productos para la menstruación de calidad, sanos y respetuosos con el medio ambiente. Muchas veces porque ni siquiera saben que existen alternativas.

El problema radica también en que no existen estudios oficiales en los que podamos valorar el impacto y alcance que esta desigualdad tiene en los estudios de las niñas, su salud ginecológica o la situación general de las familias. Quizá es momento de ponerle números a las realidades que muchas educadoras menstruales vemos, que no a todas les alcanza para comprarse el producto menstrual de su elección.

Esto no debería depender de la corriente política que lidere en ese momento, si no que es una preocupación que nos debería tocar a todas. Que nuestras niñas jamás se vean en apuros ya no solo para comprar una compresa o una copa menstrual, si no para pedirla o demandar su acceso en casa o en la escuela.

“Me gustaría imaginarme España como un país a la vanguardia de la justicia menstrual”

Personalmente llevo desde 2016 protestando todos los 8 de marzo por la eliminación del IVA menstrual y este año volveré a hacerlo. No dejaré de luchar por visibilizar un tema que repercute a toda nuestra sociedad, porque la injusticia menstrual nos toca a todas y todos en alguna momento de nuestra vida. En este mes de marzo en el que queremos visibilizar las desigualdades a las que nos enfrentamos las mujeres, volvamos a reflexionar sobre lo que supone para todas nosotras menstruar.

A día de hoy, la educación menstrual sigue recayendo en propuestas privadas en las que mujeres con pasión pedagógica se encargan de buscar cursos, formaciones y autoeducarse en temas relacionados con la menstruación. Somos las educadoras menstruales las que solas, en la mayoría de los casos, llevamos el peso de la educación menstrual.

Sin apoyo de instituciones públicas, programas educativos formales o ni si quiera poder formar parte de las decisiones educativas que involucran a nuestras niñas y niños.

¿Te imaginas que España se convirtiese en un país amigable con la menstruación? Me encantaría que nos convirtiéramos en pioneras en estudios sobre la menstruación, el ciclo, que sigamos investigando a fondo todos los aspectos sobre nuestra ciclicidad que hasta ahora desconocemos.

Quizá, querido Gobierno, sea el momento de pasar a la acción y dejar de utilizar la justicia menstrual como propaganda electoral.

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