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10/09/2019 20:41 CEST | Actualizado 10/09/2019 20:41 CEST

Esto parece 'Élite'

Cómo la política española se ha convertido en una serie 'teen' llena de hormonas electorales.

Netflix
Élite

Guilty pleasure. Después de horas de trabajo y problemas, uno llega a casa y se enchufa Élite. Un barrio pijo, un asesinato, una desaparición. Todo entre copas en el teatro Barceló, casas con piscina infinity, colegios privados con estanques y uniformes customizados. Todo se pone al revés cuando llegan unos adolescentes de barrio por carambolas del destino y un caso de corrupción de empresarios-buitres madrileños.

Élite no tenía más intención que entretener, que hacer evadirse de la realidad a los telespectadores. Pura frivolidad de suburbio lujoso español… y de repente se ha convertido en un auténtico fenómeno internacional. Sexo, descaro, drogas, borracheras, niñatos con chófer. Un espejo tachado de irreal de nuestra sociedad, pero que describe muy bien lo que está pasando precisamente en nuestra política.

Guzmán, Lucrecia, Carla, Ander, Polo… viven aislados en Las Encinas, entre clases de inglés, móviles 5G y compañeros bien vestidos. Hoy el Congreso de los Diputados se parece más a ese instituto que a la calle que siempre reivindican los diputados. Una burbuja de cristal en la que lo que parece importar es quién es el más guay, el listo de la clase, el que gana a los demás en la competición de natación.

TWITTER / PSOE
Montero, Calvo y Lastra

Competición de egos y el morbo de las urnas

Y en esa carrera parecen estar los líderes de los principales partidos: una competición de egos. Todos dicen hablar del interés general del país, pero ponen por encima de todo el interés general de su imagen. Están más entusiasmados con ganar la ya repetitiva guerra del relato que con formar (o permitir) que haya Gobierno. En la calle lo que pide la gente es que se pongan de acuerdo (que ya se ha votado mucho).

En Élite se respira sexo cada cinco minutos. Las hormonas están desatadas: tríos, polvos en los vestuarios, sueños orales, pajas ‘de amigos’, pérdidas de virginidad. Y, desde luego, muy hormonada está nuestra política y especialmente nuestros líderes Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera. Lo que les pone de verdad es la partida en las urnas. Más que la gestión, son auténticos animales de competición. En público menosprecian las encuestas y en privado no dejan de encargarlas y mirarlas. 

Como en la serie, todos pasan el día como pueden en el colegio, pero esperando que caiga la noche y darlo todo en el antiguo Pachá. Con los neones y ese dedo que pide silencio. Parece que quieren otra vez las madrugadas de campaña, la emoción de abrir las urnas para saber si la chica a la que desean -léase electorado- les corresponderá. Los chicos saltarán a la pista, como canta Guille Milkyway y suena en uno de los capítulos.

Desprecios, amores no correspondidos, ghosting. En una buena serie teen las relaciones personales son esenciales, poca cabeza fría. Besos, a la par que bofetones, venden más. Mensajes de whatsapp calentitos. Y desde luego la historia sentimental de los actores del Congreso está a la altura. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no esconden que no se soportan, falta de confianza. ¿Puede empezar así un acuerdo de colaboración? Este martes la reunión entre PSOE y Podemos -segundo fracaso- se ha desarrollado en un tono más amable, pero las posturas siguen en el mismo sitio que el pasado jueves: Ferraz quiere un Gobierno en solitario y los ‘morados’ ahora piden lo que rechazaron en julio (una Vicepresidencia y tres ministerios).

Las relaciones personales tienen tanto protagonismo como los ideales políticos

Los guionistas de La Moncloa están convencidos de que este abrupto final será bueno para la siguiente temporada, cuya fecha de estreno sería en las elecciones del 10 de noviembre. Pero dentro del partido en algunos sectores empiezan a cundir las dudas y creen que los espectadores que acudieron en masa el 28-A pueden aburrirse y apagar en modo de abstención.

Los colegas de pupitre ni se miran. En el de al lado, Pablo Casado y Albert Rivera se observan con recelo. Las Encinas Derechas (por ahora) no suman. Los dos compiten por ser el gran capitán del equipo, aunque les ha salido uno nuevo (Santiago Abascal), que parece en caída pero que condiciona la manera de jugar de todo el equipo-espectro.

EFE
Rivera, Arrimadas y Gutiérrez

Y desde luego en ese instituto todos compiten por ser los más guapos y mejor vestidos. Estos días todo se ha convertido en un auténtico show político en el que los dirigentes pasan más horas en las televisiones que negociando. La lucha por la imagen es brutal, la platocracia en estado puro. De hecho, parece que durante estos días asistimos más al inicio de la campaña que al comienzo de una legislatura estable.

Uno de los puntos más fuertes de la serie es que cada minuto en la investigación policial se cambia el foco, el bueno parece malo en un segundo y al revés. Apariencias, segundas caras, frases que lo cambian todo. En esa estamos también: conseguir que el frenemy político aparezca como el malo ante el resto de los ciudadanos. Eso sí con una mezcla de sentimientos al ritmo de Zazo & Gxumert, Tangana, Bad Gyal, Vetusta Morla, The Vaccines y Swedish House Mafia.

De esta manera, tras el tórrido verano y la vuelta al cole, se convirtió la política española en una serie teen llena de hormonas electorales. Élite/Congreso 3 tiene previsible fecha de estreno: el 10 de noviembre.

 

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