Europa entrenará al Ejército ucraniano: así será la misión con la que redobla el apoyo a Kiev

Los Veintisiete han pactado el marco: hace falta más adiestramiento, más específico, y con la implicación de todos. Ahora afina los plazos, el escenario y el coste.

La Unión Europea redobla su compromiso con Ucrania: ya ha enviado armas y dinero a Kiev, y más aún que va a llegar tras la llamada a filas de 300.000 reservistas de esta semana, y también se propone ahora entrenar a su Ejército. Su meta es doble: enseñar a los militares a usar el armamento que están recibiendo, más moderno y avanzado que el suyo, y asesorarles para optimizar sus resultados en su pelea contra Rusia, el país que le invadió el pasado 24 de febrero.

La apuesta se forjó el 31 de agosto una reunión informal de ministros de Defensa y Exteriores de la UE celebrada en Praga. Por ser informal, no salió de ella ningún documento de conclusiones, negro sobre blanco, pero sí el espaldarazo político a un proyecto que varios países reclamaron incluso antes de que se llevara a cabo el ataque ruso. “Muchos miembros lo pidieron, pero por desgracia, no lo hicimos”, es la autocrítica del jefe de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell. Entonces, aún, muy pocos veían factible una guerra, pero aún se llegó a hablar de una Misión de Entrenamiento y Asesoramiento (EUATM). Luego la guerra en sí lo ha retrasado y complicado todo. Hoy el escenario es otro y hay que hacer la apuesta.

La propuesta y las dudas

El documento de base con el que han trabajado los Veintisiete enfatiza que, pese a que hay necesidades cambiantes en la contienda, hay algunas que permanecen y en las que Bruselas debe arrimar el hombro. En la reunión praguense intervino el ministro ucraniano de Defensa, Oleksii Reznikov, y las expuso con ansia. Como dice Borrell, el diagnóstico inicial sobre el terreno es el que marcará los pasos que se den después. Lo que Reznikov explicó -hasta donde ha trascendido- es que necesitan ayuda con el desminado de los terrenos, con el entrenamiento de francotiradores, cuerpos de élite y oficiales y con la protección ante armas nucleares, químicas y biológicas, además de con las misiones médicas y la logística. Para todo eso hace falta capacitación especializada.

En la Unión, las competencias en materia de Defensa son de cada país miembro, pero para dar este nuevo paso los Veintisiete se van a apoyar en la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD). En ese marco sí que tienen cabida misiones conjuntas que benefician al bloque y que tienen un fin pacífico, siempre.

Ahora mismo hay desplegadas 16 en todo el mundo, sumando las civiles y las militares, con más de 4.000 efectivos. Son datos del Servicio Europeo de Acción Exterior. Las más destacadas y a las que se mira como espejo en el caso ucraniano son las de República Centroafricana, Mozambique y Malí. En todas ellas hay participación española. Lo que se hace en estos países es apoyar a sus ejércitos para que sean más eficaces y autosuficientes. Es lo que también necesita Ucrania, enfrentada a la segunda potencia militar del mundo.

Luego está el cómo se paga: pocos días después del inicio de la invasión por tierra, mar y aire, se creó un fondo de 500 millones de euros para financiar los envíos de armas desde Europa, un hito, un gesto sin precedentes en una UE que no se había implicado nunca en conflictos armados abiertos. Nuevas disposiciones ante un cambio de mundo que está empezando a las puertas de la Unión. Con los meses, esa cantidad ha ido creciendo hasta llegar a los 2.500 millones de euros. El Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, como se llama a esta bolsa, tiene un límite financiero de 5.692 millones de euros.

Aunque finalmente haya habido unidad de acción -sin unanimidad, el proyecto de entrenamiento no podía salir, según los protocolos de la UE-, ha habido países que han mostrado y muestran sus dudas al respecto en el proceso de cocina. Unos se plantean si la misión es necesaria en estos momentos, vista la evolución de la contienda. Otros, si no agrandará las tensiones que ya tiene Bruselas con Vladimir Putin y sus represalias, con la economía tocada. Están los que van al detalle y cuestionan si no mermará las defensas nacionales, por la aportación de efectivos, material y dinero que supone de cada miembro, o si no es mejor hacer acuerdos bilaterales supervisados por la UE, no impulsados por ella. También levantan la voz los que preguntan dónde se va a llevar a cabo la formación, siendo obviamente imposible hacerlo sobre el terreno, como es costumbre, porque hay guerra abierta.

Uno de los flecos que todos piden cortar es el de las hipotéticas duplicidades, teniendo en cuenta que ya hay países que están formando a militares ucranianos en su propio territorio. En la UE, está el bloque de Alemania y Países Bajos, por ejemplo, que conjuntamente les están explicando cómo se usan los obuses autopropulsados Panzerhaubitze 2000, pero está siendo importante el entrenamiento prestado por Reino Unido (a la que se han sumado Canadá, Suecia y Dinamarca) y Estados Unidos, y que se lleva dando desde hace meses.

El documento de trabajo de los Veintisiete insiste en que cualquier misión que se adopte debe ser “complementaria” y “reforzarse mutuamente” con lo que ya existe y que, por supuesto, hay que evitar esas duplicidades. Borrell promete estar ojo avizor pero insiste en la necesidad de esta misión de todos. Su valor añadido sería, resumiendo, la capacidad de poner en común los recursos existentes. “Hay muchas iniciativas de capacitación en camino, pero las necesidades son enormes y debemos garantizar la coherencia de estos esfuerzos”, defiende.

“Hay muchas iniciativas de capacitación en camino, pero las necesidades son enormes y debemos garantizar la coherencia de estos esfuerzos”

- Josep Borrell

Reconoce que los países que ya están ayudando hacen cosas “bien hechas” en el campo de la Defensa, que como entregan “sus armas” nadie mejor que ellos para explicar cómo se emplean, pero que quedan “necesidades” que pueden abordarse mejor “aprovechando las capacidades de los estados miembros”. “Tenemos que poner las bases para un Ejército que tendrá que luchar durante mucho tiempo”, añade.

Según el Ministerio de Defensa de Kiev, aportando datos de julio, hay 700.000 ucranianos registrados en sus Fuerzas Armadas, cifra que sube a un millón si se suman la guardia nacional, la policía y los cuerpos de fronteras. Muchos de ellos son jóvenes, con escasa experiencia, y pueden ser más contraproducentes que útiles si tienen problemas hasta para limpiar un arma con la que no están familiarizados.

Hay preocupación, también, por el estado en que quedarán los ejércitos nacionales si se amplía la ayuda a Ucrania. La UE, por boca de Borrell y de la propia presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, estará con Ucrania “todo el tiempo que sea necesario estar”. Es una promesa por principios con un estado que aspira a ser parte del club comunitario, que la alemana repitió la semana pasada en el Debate sobre el estado de la Unión. Desde la oficina del español se ha calmado a los países indicando que se va a analizar la capacidad de material de cada uno tras lo que tenga que ceder o el terreno que tenga que poner a disposición de los demás. Añade la creación de un equipo especial europeo para resolver esta escasez de material.

Cómo y cuándo

El acuerdo político “general y global” ya está, pero hay que afinar los detalles, es tiempo de definir los parámetros de la misión de asistencia. El Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS) es quien tiene que acuñar unas bases potencialmente aceptables por todos. Debe hacer lo que se llama un “marco político de enfoque de la crisis”, o sea, un documento de planificación oficial, que luego se presentará a los ministros de Defensa y Exteriores. Será un tema central en el consejo del ramo previsto para mediados de octubre.

Una vez que esté aprobada por los estados, la fecha de inicio de la misión será rápida, o al menos esa es la voluntad de Bruselas. Se quiere para ya porque Kiev la pide para ya. Pero antes hay que aclarar también el dónde. Ucrania está abierta en canal y allí no pueden entrar los formadores europeos. Lo normal es que los ucranianos salgan del país y vayan a un estado comunitario, para regresar luego con nuevos conocimientos. Luego, “eventualmente”, “cuando las condiciones lo permitan”, y siempre que haya acuerdo, la misión podría trabajar en suelo ucraniano. Borrell ha hecho un llamamiento a que algún país UE vecino de Ucrania dé el paso y se presente voluntario para acoger a los soldados, porque “aceleraría significativamente” el despliegue y facilitaría la logística.

También queda por despejar la duda de la coordinación. Se ha ido de la mano de aliados como Estados Unidos o la OTAN en pasos previos como el envío de armamento o las sanciones a Rusia y el sentir mayoritario es que ahora habría que hacer lo propio, sobre todo informando a la Alianza Atlántica, con el mismo objetivo de ganar en coordinación y evitar solapamientos. Esto también lleva tiempo.

Soldados ucranianos, tomando un tren en Kiev, el pasado junio.
Soldados ucranianos, tomando un tren en Kiev, el pasado junio.
Scott Peterson via Getty Images

Lo que supone para Rusia

Desde Moscú ya se ha advertido de que si este paso de la formación se da estaríamos ante una “ampliación de la zona de conflicto armado”, esto es, de la temida internacionalización de un conflicto que es de todos, como siempre repite el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, pero que para Europa, hasta ahora, lo ha sido en los márgenes. Se sabe que cualquier desliz puede acabar en agresión a un país UE u OTAN de la zona, pero Rusia dice que esto sería un paso meditado en esa extensión de la guerra. Esa es la lectura de Moscú hacia afuera, que se completa ya en las redes sociales con propaganda y bots que denuncian la política antirusa de Europa, directamente.

Pero también está el mensaje de Bruselas hacia afuera: insiste en decirle a Rusia que su movimiento no es agresivo sino defensivo, que no va contra su país, sino con Ucrania. En palabras de Robert Brieger, presidente del Comité militar de la UE, “una misión de entrenamiento fuera de Ucrania no es una señal de guerra”.

La UE le está diciendo a Putin, eso sí, que está unida, que no dejará desfallecer a Ucrania, que su apoyo le está costando pero, pese a todo, lo mantendrá, y que en concreto se tendrá que enfrentar a un ejército con más medios y conocimientos, que vaya viendo si puede afrontar eso con sus carencias actuales. “Entendemos la responsabilidad, repartimos la carga y aquí estamos”, sería el resumen.

¿Qué hace España?

España apoya la formación como bloque pero, en paralelo, está impulsando un programa propio, confirmado ya por el Ministerio de Defensa tras publicarse varios adelantos en la prensa nacional. De momento, el Ejército español instruirá a una veintena de militares ucranianos en el campo de maniobras de San Gregorio (Zaragoza), concretamente en el uso de carros de combate, artillería de campaña y baterías antiaéreas. Llegaron el pasado lunes se espera que su entrenamiento se prolongará alrededor de un mes.

La ministra Margarita Robles sostiene que la misión de formación, “por razones de eficacia, podría desarrollarse no solo en países limítrofes sino también en territorio nacional, donde se dispone de las mejores opciones de simuladores, centros de adiestramiento e instructores especializados”, como va a ocurrir en España ahora.

Con la instrucción de los militares ucranianos en territorio nacional, España da un paso más en el apoyo “decidido y sostenido en el tiempo” a Ucrania, como aseguró Robles ante sus homólogos de la Unión Europea en la reunión de Praga del pasado 30 de agosto. Un día después partían desde la base aérea de Rota (Málaga) dos aviones cargados con munición de artillería de campaña de grueso calibre, a los que se sumaron otros dos días después.

El quinto y último vuelo hasta la fecha, cargado con el mismo armamento, despegó de la base área de Torrejón de Ardoz (Madrid) el pasado día 6, y en conjunto suman 75 palés de munición, un suministro que, según Defensa, fue solicitado “con la más alta prioridad” por las autoridades ucranianas.

Ese mismo día se envió un camión con material sanitario respondiendo a una solicitud expresa efectuada por el ministro de Defensa de Ucrania durante la reunión de Praga y en agosto partieron veinte tráiler con material y uniformes para condiciones invernales preparados por el Ejército de Tierra.

Emilio Morenatti via AP
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Emilio Morenatti via AP
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Anastasia Avramenko, de 13 años, en la posición exacta en la que estaba su pupitre en la escuela de Chernihiv. Dice que se quiere graduar en ese centro, porque es donde siente que pertenece.
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Karina Muzyka tiene 10 años y está retratada en su clase de Chernihiv. "Cuando bombardearon mi escuela, me aterroricé. Vivimos cerca. Nuestras ventanas se dañaron y mi madre pudo morir porque la puerta casi la presiona contra la pared y el candelabro casi me cae encima".
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Sofia Klyshnia, de 12 años, en el espacio que ocupaba su asiento escolar en el liceo Mykhailo-Kotsyubynske. "Tengo miedo de pisar la clase destrozada que un día ocupé".
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Karina Muzyka, caminando sobre las ruinas de su cole.
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Un grupo de estudiantes, reunidos en una clase dañada por los bombardeos en el liceo Mykhailo-Kotsyubynske, este 30 de agosto, primer día de clase.
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Ventanas rotas por la explosión de 4 de marzo en el liceo Mykhailo-Kotsyubynske de Chernihiv.
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Libros ucranianos y rusos, apilados en un colegio.
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Estudiantes en una clase aún en pie en el Mykhailo-Kotsyubynske.
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Un grupo de niños juega en el patio dañado de la Escuela Chernihiv. Comparten historias de cómo han sobrevivido hasta ahora a la guerra.
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Un libro destrozado, con un retrato de Lenin.
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Estado de una de las clases del liceo Mykhailo-Kotsyubynske