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30/06/2019 09:51 CEST | Actualizado 30/06/2019 09:51 CEST

Fases de la dependencia emocional

Elvira Zamorano

¿Has sentido alguna vez un flechazo? Multiplícalo por tres, añade pánico al abandono, deseo constante de contacto, pérdida de identidad, un estado anímico inestable y prolóngalo en el tiempo. El cóctel resultante es algo parecido a lo que siente una persona con dependencia emocional.

La dependencia emocional no es un estado de enamoramiento exacerbado, se trata de un patrón continuado y recurrente en la forma de establecer relaciones afectivas. En este patrón encontramos componentes emocionales, cognitivos y conductuales, todos ellos orientados a la búsqueda de la proximidad del otro y la satisfacción de un vacío afectivo.  

A pesar de que hablamos de fases, no es adecuado tratar de estandarizar un proceso que si bien muy común, es único e individual. Estas fases deben ser entendidas como procesos o lugares comunes que atraviesa la persona con dependencia. No siguen una secuencia lineal ni se dan en la misma forma o intensidad en todos los casos. Cada relación se da entre diferentes miembros, en distintos momentos vitales y circunstancias, y genera dinámicas propias.

Fase inicial de euforia 

Conocemos nuestro objeto de deseo. Comienza el idilio. El vínculo afectivo surge de manera abrupta e involuntaria. No siempre se necesita una reciprocidad equivalente y manifiesta en el deseo. Se idealiza tanto al otro como la propia relación. Aunque se conozca superficialmente a la nueva pareja, se fantasea con proyectos comunes e incluso con un futuro compartido.

La experiencia de bienestar o plenitud contrasta con el vacío previo. Este estado de euforia es muy relevante, ya que será el motor del desequilibrio y será anhelado en el resto del proceso. Esta felicidad transitoria se graba a fuego y justifica el amor a pesar del sufrimiento, el miedo y los conflictos posteriores.

Subordinación 

Ambos miembros muestran su mejor versión. El otro provoca sentimientos de felicidad y satisfacción. Nada es tan gratificante como compartir el día a día con la otra persona. Se desea el contacto constante y se siente ansiedad ante la separación, aunque esta sea breve.

Siendo más o menos consciente, la persona dependiente comienza a orbitar alrededor del otro. En este proceso se produce una paulatina disolución de la identidad. La persona dependiente tiende a asumir como propios intereses, creencias o comportamientos del otro.

La dependencia emocional no es un estado de enamoramiento exacerbado, se trata de un patrón continuado y recurrente en la forma de establecer relaciones afectivas.

En algunos casos se da una distinción de roles; la persona dependiente asume una posición de sumisión y subordinación a su pareja. Sin embargo, no siempre hay un miembro autoritario y otro sumiso. El dependiente no vive sometido a sus parejas necesariamente en todos los ámbitos. A menudo ostenta el poder en temas económicos, sexuales, domésticos, familiares, etc. Las dinámicas que se generan son complejas, con desequilibrios pronunciados y caldos de cultivo perfectos para la frustración y el conflicto.

Deterioro

Las demandas exacerbadas (de uno o ambos miembros) son difícilmente satisfechas. La tensión se recrudece. Ambos miembros comienzan a mostrar sus defectos y se hacen visibles las amenazas a la viabilidad de la propia relación. 

Es frecuente que la persona dependiente viva en constante estado de alerta midiendo lo que el otro expresa, aporta o cede. La ansiedad ante la separación se transforma en miedo al abandono, territorialidad o celos. Estos no son exclusivos de las personas dependientes, y no siempre son exteriorizados a través de comportamientos agresivos.

La idea de ruptura comienza a sobrevolar y la persona dependiente anticipa un futuro catastrófico si el otro no está a su lado. Aparece el bucle de ruptura y reconciliación, de sufrimiento y buenos propósitos. A pesar del deterioro y la infelicidad, se prefiere el infierno conocido. Se siente pánico a la soledad, al vacío.

Ruptura

Tras la ruptura, son frecuentes los cuadros ansiosos y depresivos. La vida carece de sentido sin el objeto de deseo. La sensación de vacío se hace sólida. En muchos casos se produce afectación en sueño y alimentación, incluso en la vida académica o laboral. Conviven ideas de victimización y culpa, o de idealización y demonización del otro. En este momento es cuando más frecuentemente se solicita apoyo psicológico.

El duelo acostumbra a ser complicado. Aceptar la ruptura resulta una tarea de titanes. En muchas ocasiones se cae en el autoengaño, sólo se procesa aquella información que nos dice que es posible restaurar la relación. Se negocia con la idea de la pérdida, se fantasea con la reconciliación o con el clásico “podemos ser amigos”. La persona dependiente idea de manera obsesiva formas de volver con el otro. Como en un auténtico síndrome de abstinencia buscamos el contacto con el otro, ya sea a través de un encuentro casual, una llamada de teléfono, un whatsapp, un vistazo a sus redes sociales, etc.

Relaciones de transición

Nos liamos la manta a la cabeza y, de manera consciente o no tanto, promulgamos aquel “un clavo se saca con otro clavo”. Emprendemos la búsqueda de un nuevo objeto de deseo sobre el que orbitar. Es frecuente que se sucedan diversidad de candidatos/as para ocupar el vacío dejado por el otro. Ser dependiente no implica tener manga ancha o caer en la promiscuidad emocional. No vale cualquier clavo. Esta etapa puede prolongarse en el tiempo hasta dar con la persona adecuada con la que reiniciar el ciclo. 

Reinicio del ciclo

Y la cabra tira al monte, aunque no siempre en la misma forma o intensidad. A pesar de existir una tendencia a repetir patrones. el perfil del otro o el rol que desempeñamos en la relación también puede variar. El cambio puede hacernos creer que esta vez no cometeremos errores previos, desafortunadamente encontramos otros nuevos.

Es posible romper el ciclo y mantener relaciones que nos hagan felices. Buscar apoyo psicológico puede ser una opción. Un buen punto de partida para buscar soluciones será la toma de conciencia y entendimiento del problema.

 

Este post se publicó originalmente en el blog de autor.

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