POLÍTICA
09/06/2019 21:32 CEST

Ya no hay excusas para Felipe VI

Tras cinco tormentosos años, el rey afronta una nueva etapa sin la sombra de su padre pensando en la supervivencia de la institución y Cataluña.

GTRES

Palacio de la Zarzuela, el rey espera en las puertas de su despacho. Durante 48 horas pasan quince dirigentes políticos. Es una de las máximas funciones constitucionales: las consultas para proponer un candidato del Gobierno. No hay foto delante de un tapiz, sino breves saludo con los representantes de los partidos a la entrada.

Un pequeño cambio en el protocolo, pero que quiere decir mucho simbólicamente. El rey Felipe VI vuelve el acto más ágil, más moderno, más de 2019. Y no en unos días corrientes: hace apenas una semana su padre, Juan Carlos I, dejaba la actividad pública oficial. Cinco años desde la abdicación y a punto de cumplir -el próximo 19 de junio- un quinquenio desde su proclamación al frente de la casa real.

Ya es su momento total, la sombra del padre omnipresente desaparece. El ‘junacarlismo’ se jubila. La hora del ‘felipismo’ en estado puro. ¿Y qué podemos esperar del monarca? ¿Cuáles son sus principales retos? ¿Qué impronta tendrá su reinado? ¿Con qué ánimo ha llegado hasta aquí?

Acabar con la “anomalía”

“Primero hay que ir a las razones por las que el rey emérito ha dejado la agenda pública”, reflexiona en una conversación con El HuffPost el periodista y escritor José Antonio Zarzalejos, que indica que habido motivos personales y físicos -como los problemas de movilidad-, pero principalmente son “institucionales”: había una anomalía con un monarca abdicado con una actividad de relevancia. “Esto hacía -señala- que el foco institucional y mediático no se proyectara exclusivamente en Felipe VI”.

Y apunta: “Esto va a propiciar que se perciba con mayor nitidez el hecho fundamental de que el rey es el jefe del Estado y no hay dos reyes ni dos jefes del Estado”. Apunta que esto no ha sucedido en otras monarquías, como, por ejemplo, en Holanda. Allí la reina Beatriz pasó a ser princesa una vez abdicó.

“Aquí se tenía que haber hecho eso desde el primer momento, hasta es cuestionable que haya sido acertado mantener el título de rey. Se hizo por decreto del Gobierno por una razón de tradición histórica y de agradecimiento”, añade Zarzalejos, para luego manifestar: “Lo que no ha tenido sentido es un rey emérito con agenda pública, que ha ido hasta la firma de la paz con las FARC en Cartagena de Indias”. A partir de ahora, todo será “más funcional, más claro, más nítido y no hay malos entendidos”.

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¿Qué retos afronta ahora el monarca? Zarzalejos advierte de que el rey desde el 2014 “ha tenido una experiencia de auténtico tsunami político”: tres elecciones generales, varias rondas de consultas, la primera vez que un candidato -Mariano Rajoy en 2016- declinaba ir a la investidura, la quiebra del modelo de partidos, la irrupción de Podemos y Cs en las europeas de 2014 y el surgimiento de un partido de extrema derecha (Vox) ahora.

“En cinco años a este rey, en términos políticos, le ha ocurrido un número de crisis en cantidad, hondura y profundidad como a su padre en 35”, prosigue Zarzalejos. Y especialmente ya ha tenido una “actuación que marca su reinado”: el discurso sobre Cataluña el 3 de octubre de 2017. “Lo hizo como rey, jefe de Estado y jefe de las Fuerzas Armadas”, puntualiza este periodista.

Felipe VI ha tenido una experiencia de auténtico tsunami político

Mirando al futuro, Zarzalejos señala que Felipe VI se debe afanar ahora en “garantizar la continuidad de la institución, de la corona mediante la monarquía parlamentaria”. La situación, recuerda, ahora es la de las críticas de fuerzas como los independentistas catalanes, principalmente, Unidas Podemos, los nacionalistas vascos e IU. ¿Cómo se puede hacer esa consolidación? “Con la legitimación del ejercicio, debe ser útil y funcional para las instituciones”, contesta.

Es decir, hacer ver que es perfectamente compatible la monarquía con la “democracia plena, absoluta y total, con el Estado de Derecho y el el Estado del Bienestar”. Y en este punto Zarzalejos pone varios ejemplos: Suecia, Dinamarca y Noruega.

Todo ello debe ir acompañado por un “relato” propio del reinado de Felipe VI. Si su padre se unió a la imagen del “motor del cambio, el hombre que salvó la democracia el 23-F, el hombre que gobernó con la izquierda y la derecha y representó internacionalmente a España de manera extraordinaria”, ahora el nuevo rey debe construir el suyo. Y, añade Zarzalejos, puede ser “interesante”: “democratizar la monarquía, criterios de transparencia, tener una hija heredera, el siglo XXI es el de las mujeres, un hombre de su tiempo con la complicidad y el acercamiento a colectivos políticos, sociales, culturales y económicos”.

Siempre con la cuestión catalana de fondo. “España tiene un problema siempre latente y la monarquía tiene que ser la aguja que una todas las varillas del abanico”, reflexiona Zarzalejos.

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Sobre esta cuestión ahonda Alberto Lardiés, periodista y autor de los libros La corte de Felipe VI y La democracia borbónica. La marcha de Juan Carlos I es “un paso adelante” para el actual monarca, con un periodo de “convivencia bastante extraño: ha habido enfados y cabreos”. “Es bueno porque se quita en gran medida esa sombra”, advierte.

“Llega su gran momento. Está el gran reto territorial en Cataluña”, indica antes de comentar: “se le llamaba el ‘preparado’, fue muy prudente como príncipe, pero llegó el discurso del 3-O y vimos a un Felipe diferente, que salió con fuerza ante las cámaras, con convicción a defender la unidad y criticando a los nacionalistas”. “Aquel discurso -relata Lardiés- le valió para legitimarse mucho fuera de Cataluña, pero tuvo críticas duras dentro”. Esto sigue coleando, avisa, como se ha podido ver en la propia ronda de consultas cuando la representante de Junts, Laura Borràs, le dijo en el despacho que “los catalanes no tenemos rey”.

En esa lista de retos por delante, Lardiés también quiere precisar que se debe mejorar “la transparencia en la casa del rey”: “Cuando llegó al reinado, aprobó un nuevo código ético, que no se pudieran recibir determinados regalos, pero se quedó corto, sigue habiendo espacios de opacidad de cómo funciona la corona. No sabemos cuánto dinero tienen ni dónde”.

 “La corona confía en el reinado de una mujer”

Asimismo, también comenta la situación sobre el futuro una vez Juan Carlos I ha desaparecido públicamente. Ahora es muy nítida esa imagen de sucesión entre Felipe VI y la princesa Leonor. “La corona, aunque no lo diga, confía en el reinado de la princesa. El momento en el que por primera vez reina una mujer en esta dinastía después del franquismo, en tiempos de feminismo. Puede ayudar a legitimar la institución, porque ahora tiene un problema ante una parte importante de la sociedad aunque no es un debate que esté en la calle ahora mismo”, ilustra.

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Es el momento del inicio total del reinado de Felipe. Una figura no tan conocida como muchos creen. Lardiés indica: “Hay varios Felipe VI. Uno es el preparado, germánico, distante, prudente, que parece que no ha roto un plato en su vida y con mucha paciencia. Hay otro más íntimo con sus amigos de regatas, más divertido fuera de los focos, no llega a la campechanía de su padre pero no es tan sieso y aburrido fuera de los focos. Y luego hay otro en una esfera militar, con una maravillosa relación con algunos compañeros, pero que no deja de ser su jefe”.

También en Zarzuela notan los cambios. Lardiés indica que la gente de la casa sostiene las diferencias. “Felipe Vi es muy trabajador, su padre no se inmiscuía. Él es concienzudo, detallista, le gusta bajar al barro para trabajar”. Pero tiene un problema, añade este periodista: la forma en la que se presenta al rey desde la propia casa real. “No puede ser que hoy muchos millones de españoles piensen que Felipe es el que se muestra en las páginas del Hola”, ahonda. Una imagen “al final muy antigua y anacrónica”, apostilla.

Un reinado, advierte, que tiene el riesgo de pasar como de “transición” entre el de su padre (“que le puede opacar por lo que supuso”) y el de su hija, en el que confía la corona.

El rey emérito ya está jubilado. Iñaki Urdangarin, en la cárcel. Ahora todo está en las manos de Felipe VI.

 

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