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08/03/2020 10:27 CET | Actualizado 08/03/2020 10:27 CET

¿Feminismo asimétrico?

Soy de Ciudadanos y no por eso soy una “mala feminista”.

Una mujer con la cara pintada durante una marcha feminista.

Podríamos hablar del valor de la asimetría en el arte, en la arquitectura, en la joyería. Asimetría que, buscada, puede llegar a desencadenar las más bella expresión de una idea, pero que mal aplicada puede acabar por descomponer todo atisbo de belleza, armonía o composición. Sin embargo, la asimetría aplicada a la política no es más que una herramienta para dividir, sesgar, identificar; o lo que es lo mismo, para generar desigualdad, arbitrariedad y vulneración de derechos. Una asimetría mal aplicada en la legislación o en los conceptos, puede despojar a aquellos a los que se le aplica de su esencia y valor fundamental, la igualdad de derechos.

Permítame que en estas líneas me haga eco del “lema” que el Partido Socialista utiliza estos días a razón del Día de la Mujer Trabajadora, un lema que aparentemente nos engloba a todas, pero que esconde un trasfondo asimétrico que acaba excluyéndonos a muchas. “Mujeres Libres. Mujeres iguales”, un eslogan acertado si no fuese porque la realidad supera los lemas. Me explico:

¿Mujeres libres para todo? Conste que creo profundamente en la libertad en su máxima expresión para todo, pero es en este “todo” en el que comienzan las asimetrías. ¿Soy libre para decidir hacer lo que quiera con mi cuerpo? Según el PSOE no, porque si quiero ayudar a otra persona a tener hijos y decidir ser gestante, me despojan de mi libertad como mujer. Ellos, dirigentes socialistas que se llenan la boca predicando los derechos de las mujeres, deciden por mí. ¿Soy libre para votar a quién quiera? Aparentemente sí, aunque en realidad en función de a quien votes o al partido al que pertenezcas, puedes ser buena o mala feminista. ¿Soy libre, como mujer, para ir a una manifestación? Para todas menos para el Día de la Mujer o el Día del Orgullo LGTBI, porque estos días hay partidos que deciden si puedo ser una mujer libre y acudir o me echan, diciendo qué derechos tengo y cuáles no. 

Existe un feminismo liberal, un feminismo en el que defendemos los derechos de todas sin excluir a nadie, sin excluir a los hombres.

Libre para hacer lo que quieras con tu cuerpo, salvo gestar de manera altruista para otra persona. Libres para votar a quien quieras, salvo que no votes al PSOE o a Podemos. Libres para manifestarnos, pero no el Día de la Mujer o del Orgullo. Tres ejemplos de asimetría y doble vara de medir que revelan que los que dicen “mujeres libres” utilizan esto como consigna para impedir la libertad de otras mujeres de discrepar con ellos. 

Mi conclusión al respecto es que no, ¡no somos iguales! Porque muchas mujeres no expulsamos a otras de manifestaciones. Eso lo hacen ministras socialistas que nos echan de las manifestaciones, que nos quieren decir qué podemos hacer con nuestro cuerpo o que directamente excluyen a los hombres de esta lucha por la igualdad que ha de ser común. Al fin y al cabo, lo que pretenden ciertas corrientes mal llamadas “feministas” es imponernos un “pin feminista” que nos catalogue a las mujeres entre buenas y malas, o lo que es peor, que pretenda tutelarnos. No sé qué piensa usted, lectora, pero no hemos luchado para dejar de estar tuteladas por los hombres y que ahora vengan a tutelarnos mujeres.

Hablemos de consignas y de mi modesto parecer. Me pongo tacones porque me encantan y no por eso estoy oprimida. Opresión es la que sufren muchas mujeres en Irán, y que muchos pretendidos progresistas se olvidan de denunciar. Soy de Ciudadanos y no por eso soy una “mala feminista”. Creo en la custodia compartida y eso no me convertirá en mejor o peor madre. Creo que la igualdad no es decir portavozA (conste que la presente es una portavoz) y eso no me hace estar menos comprometida con la igualdad. Pienso que para llegar a la igualdad total los hombres tienen mucho que decir y hacer. Creo en todo tipo de familias y en que cada una de nosotras podamos ser libres para decidir sobre nuestro cuerpo.

No hemos luchado para dejar de estar tuteladas por los hombres y que ahora vengan a tutelarnos mujeres.

Yo creo que las mujeres no nos merecemos paternalismos ni ‘maternalismos’. A mí me educaron para creer que no existen límites que no puedas alcanzar con esfuerzo, y es precisamente por esto que, como mujer, no permitiré que me los pongan. Ni límites de hasta dónde puedo llegar, ni hasta dónde puedo pensar. Existe un feminismo liberal, un feminismo en el que defendemos los derechos de todas sin excluir a nadie, sin excluir a los hombres; un feminismo que nos representa a todas, un feminismo que aunque se empeñen en opacar o hacer desaparecer -utilizando incluso Operación Triunfo para ello y la televisión pública-, no quiere asimetrías, quiere igualdad.

Dejemos la asimetría para lo bello del arte, pero, sobre todo, dejemos las asimetrías para aquellos que sí las saben utilizar.

 

Firmado: 

Una mujer que no quiere etiquetas.

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