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22/01/2021 08:40 CET | Actualizado 22/01/2021 08:40 CET

Fortalezcamos nuestro tejido productivo

Teniendo en cuenta que la recuperación pasa por recuperar las pérdidas registradas, fortalecer nuestro tejido productivo pasa por dotar de mayor resiliencia a nuestras empresas.

EUROPA PRESS
PYME.

En lo que respecta a la recuperación de la economía española cabe destacar que, atendiendo a los últimos informes que ha publicado la OCDE, la economía española sigue mostrando un claro descuelgue en relación con sus socios europeos. De nuevo, con la publicación del último indicador compuesto del organismo, España muestra ese menor dinamismo en el contraste. Mientras el bloque comienza a mostrar niveles similares a los que mostraba antes de que se desatase la pandemia, España, aun mostrando un leve dinamismo, sigue a la cola en materia de crecimiento.

Como vemos, los precedentes amenazan con una nueva recuperación más gradual de nuestra economía en relación a sus homólogas integradas en el organismo. En este sentido, mientras que Alemania, u otros países de la Unión Europea, recuperaron su nivel previo en un plazo de entre 2 y 4 años, España, por su parte, no recuperó sus niveles anteriores hasta pasados 9 años desde la Gran Recesión. Un comportamiento que, nuevamente, podría repetirse según lo que muestran los indicadores publicados.

Y es que la economía española, como sabemos, presenta un comportamiento procíclico que nos lleva a acusar más los movimientos que se producen derivados del ciclo económico. Esto hace que, de la misma forma que cuando crecemos lo hacemos más rápido que otros países, cuando la economía se contrae, la nuestra se contrae más intensamente. Esta situación es la que hemos vivido en esta crisis otra vez, tal y como reflejan los pronósticos que sitúan a España, junto con Argentina, como la economía más dañada y la que mayor contracción prevé registrar en todo el mundo. 

Sin embargo, pese a ello, nuestro país sigue sin aplicar las reformas pertinentes para corregir esta situación, la cual se muestra como un problema multifactorial, y que como tal, debe abordarse desde numerosos frentes. No obstante, y pese a que hablamos de cuantiosos factores, uno de los que podría justificar el comportamiento del que hablamos es la enorme debilidad que muestra el tejido empresarial español. 

No solo contamos con un tejido productivo sobrerrepresentado por pymes, sino que éstas, además, concentran una gran parte del empleo activo

Una debilidad que han puesto de manifiesto los principales organismos en el planeta como el Banco Central Europeo, en adición a otras instituciones comunitarias. En este sentido, la sobrerrepresentación de pymes en nuestro tejido empresarial nos condena a un mayor deterioro en situaciones de crisis.

Así pues, si analizamos el impacto del COVID, y de otras crisis pasadas, en nuestro tejido productivo, lo que observamos es que este tipo de empresas son mucho más vulnerables a situaciones de crisis que, por el contrario, las grandes empresas. En este contexto, el comportamiento del tejido productivo español entre los años 2008 y 2017 muestra cómo, mientras que el saldo de grandes empresas arroja una destrucción de 215 empresas, el de pymes, por otro lado, arroja una destrucción aproximada de 90.000. Muy similar a la situación actual, donde el 99% de las empresas destruidas por el COVID, como califica el Banco de España, han sido pymes.

A ello se añade el hecho de que, no solo contamos con un tejido productivo sobrerrepresentado por pequeñas y medianas empresas, sino que estas, además, concentran una gran parte del empleo activo, analizando el que concentran estas en otras economías europeas. En esta línea, lo que arrojan los últimos datos que ofrece Eurostat, muestran que, en España, las pymes concentran aproximadamente el 72% del empleo en nuestro país. Un dato que contrasta bastante con la media de la Zona Euro, que se sitúa en el 66%, o el empleo concentrado en Alemania por este tipo de empresas, que se ajusta hasta situarse en el 63%.

De este modo, el mismo análisis, pero esta vez sobre el empleo, muestra que estas empresas, al igual que son más vulnerables a la hora de resistir las crisis económicas, esa misma vulnerabilidad también les lleva a ser más propensas a destruir empleo. Por esta razón, mientras que entre los años 2008 y 2017 las empresas de gran tamaño registraron una variación acumulada en el empleo del -0,10%, las pymes y microempresas, por su parte, registraron una variación acumulada del -32% en el caso de las pequeñas empresas y del -15,6% en el caso de las medianas.

Los datos hablan por sí solos. Para comenzar a recuperar la economía verdaderamente, el Gobierno debe fomentar el crecimiento de sus empresas así como el fortalecimiento de su tejido productivo. Máxime cuando en la recuperación de toda crisis económica un condicionante fundamental es la pérdida de capacidad productiva registrada.