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19/04/2020 09:26 CEST | Actualizado 19/04/2020 09:26 CEST

Fotoperiodistos del dolor

El tipo de reportajes que se está haciendo sobre el coronavirus deja patente que el fotoperiodismo pide a gritos un cambio urgente.

Me estaba preguntando qué tendrían en común todos esos fotoperiodistos que nos están contando la pandemia a través de imágenes que son prácticamente iguales: se centran en el sufrimiento, salen muchos cadáveres, el personal sanitario no tiene identidad, las camas y los ataúdes están dispuestos en fila en perfecta simetría, hay escenas de familias destrozadas, calles vacías, dirigentes con ojeras… y mascarillas, bien de mascarillas. Además de coincidir en el tipo de fotos que hacen (deben haber estudiado todos en la misma escuela) tienen otra cosa en común: son todos hombres. Muy hombres. De esos que se han educado viendo pelis de Schwarzenegger en las que para ser muy hombre y demostrarlo tiene que aparecer mucha sangre por todas partes, agresividad, peleas, desesperación y guerra. Normalmente en este tipo de pelis hay un protagonista, que es un hombre también, y que a través de la violencia hace cosas buenas. Él se enfunda el traje de salvador, a veces el de piel, otras de cuero (EPI en esta ocasión) y sale al mundo a enfrentarse a los peligros él solito. Cuando gana levanta su espada para mostrar su triunfo. También me pregunto si estos fotoperiodistos levantarán su cámara y emitirán sonidos guturales cada vez que disparan. 

En un mes de pandemia no hemos visto ni una sola foto en los medios que nos cuente algo que no sabemos. Están todas perfectamente encuadradas, con desenfoques en primer plano, composiciones equilibradas, colores saturados y perfectos balances de blancos. Está claro que la técnica la dominan, pero ¿y lo de mostrarnos aquella realidad a la que nuestros ojos no pueden llegar? ¿Y lo de aportar con su trabajo aquello que la gente necesita? Porque el sufrimiento y el número de muertos nos los recuerdan cada día y a cada hora los medios, no nos hace falta verlo. Es más ¿sirve de algo? ¿Ver a un muerto en una portada va a aportar un cambio a esta situación o por el contrario va a angustiar y a alarmar aún más a la población? ¿La sobresaturación de imágenes dramáticas nos moviliza o nos vuelve más insensibles a lo que relatan? No tengo muy claro si esas fotos surgen de la falta de consciencia y reflexión de los fotógrafos o de la búsqueda de imágenes que alimenten currículums y atesoren premios. Resulta espeluznante pensar que en momentos así se realicen actos que respondan sólo al ego. 

El tipo de reportajes que se está haciendo sobre el coronavirus deja patente que el fotoperiodismo pide a gritos un cambio urgente.

Esta crisis es mucho más que desesperación y un número de muertos. Hay millones de historias dignas de contarse y de documentar en imágenes. Familias enteras confinadas en sus casas por pura solidaridad e inventándose cada día nuevas formas de sostener a sus hijos y a sus hijas. Hay millones de personas cuidándose las unas a las otras y de maneras que jamás habríamos podido imaginar. Hay parejas separadas que se esperan. Hay científicos y científicas trabajando incansablemente por encontrar soluciones para salvar al planeta. Hay artistas que nos están dando ese abrazo que tanto nos falta con sus creaciones. Hay personas que curan y que se curan. Hay hombres y mujeres de más de 60 años que están aprendiendo ahora lo que es el teletrabajo y negocios que se están reinventado… No se entiende, ni se justifica, que en los medios estemos viendo constantemente topicazo tras topicazo.

El tipo de reportajes que se está haciendo sobre el coronavirus deja patente que el fotoperiodismo pide a gritos un cambio urgente. Necesita dejar de fotografiarse el ombligo y mirar lo que tiene en frente. Abrir un diálogo con las personas, tanto a las que se dirige como a las que intenta retratar. ¿Han considerado si a las personas que compran el diario esa portada les ayuda o les agrede? ¿Han preguntado a las personas que aparecen tiradas en las camas cómo les gustaría ser fotografiadas? Cualquier profesión que siga pensando en su trabajo como algo meramente individual se quedará caduca y apartada. Ahora la filosofía que mueve los proyectos, y a los clientes de estos, es colectiva y respetuosa. Desde aquí recomendamos a Salones Venecia que contraten al equipo de fotógrafos que ha cubierto la pandemia para sus reportajes de boda… porque lo de hacer clichés lo bordan.

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