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02/05/2019 08:36 CEST | Actualizado 02/05/2019 08:36 CEST

Frente a crédulos y resentidos: Antonio Escohotado

Si algo debe agradecerse a un pensador, aparte de que realmente piense, es la claridad expositiva. Es fácil afirmar, pues así lo demuestra la experiencia, que el oscurantismo es propio de aquellos que quieren apagar la luz para robar mejor y que ello constituye un pecado contra la humanidad, y no contra el Espíritu Santo (así lo expresaba Schopenhauer al menos). Antonio Escohotado, según esta premisa inicial, avanza en el sentido contrario al que se desarrolla la cerrazón, intentando aproximarse, no tanto a las bondades metafóricas de la luz, como a los posibles y pedestres tramos de claridad a los que se presta o no, a través del estudio desinteresado y reposado, una materia. En su caso la materia que aborda tiene dos características principales: que es concreta y que es vasta. No está exenta, por otro lado, de otra dimensión más difusa y secularmente sacralizada, que se adhiere a ella como una sanguijuela a su huésped desprevenido: el mito del comunismo como humana vía para alcanzar un Paraíso de felicidad social y fraternal en la tierra.

Los tres amplios tomos que constituyen Los enemigos del comercio. Una historial moral de la propiedad recogen y exponen el proceso histórico, filosófico, político y social a través del cual se desarrolló la idea, el firmísimo convencimiento, de que el dinero y el comercio, los comerciantes y los empresarios, eran los enemigos de la libertad y los causantes de las tragedias que impedían el “correcto” rumbo de la Historia (con mayúscula para ellos), lo que en definitiva significa (también para ellos) el “correcto” y “justo” desenvolvimiento de la conciencia de la mayoría hacia un fin concreto: la felicidad de una clase-raza-pueblo en un mundo que ha trascendido la tiranía del comercio (“¡Por la fuerza será arrastrada la humanidad a ser feliz!”, clamaba Gorki, del que Nabokov decía, no sin razón, que como artista creador era poco importante). Así, sabemos gracias al análisis de Antonio Escohotado que el primer comunismo parte de una suerte de espiritualismo ascético, como forma de trascender postulados individualistas, que estará también presente de forma ulterior en el comunismo contemporáneo, aunque, en este último caso, de una forma filosófica y científicamente materialista, sujeto a una concreta conciencia de clase. La existencia de ideales anticomerciales se mantiene durante dos milenios: se perpetúa irredentamente la oposición a la propiedad privada y al comercio, y se ofrece a cambio un estado de cosas en el que “lo necesario resulte gratuito”. Sus tres volúmenes sirven para calibrar y comparar lo dicho y hecho por este modus vivendi pobrista (que aúna lo mejor de las sectas religiosas con la presunta ciencia de la dialéctica marxista), en los que podemos comprobar, detenidamente, que el eslogan no llena estómagos y que los anunciados paraísos sociales tienen condiciones climáticas más propias del Infierno: no, en ellos no crece ni la vida ni la felicidad.

El tercer y último tomo, que acabo de terminar esta semana y que abarca desde Lenin hasta la actualidad, ofrece interesantísimos datos y esferas de análisis, que van desde los pactos y alianzas de la díada Hitler -Stalin (“¡Qué gran tipo! ¡Qué manera de lidiar con los oponentes políticos!”, dirá Stalin cuando Hitler haya hecho su purga de adversarios y aliados durante la Noche de los Cuchillos Largos en 1934), figuras estas que a menudo se presentan como antagónicas cuando en realidad parten de un mismo interés por someter, despreciar y asesinar al que no se pliegue a las teorías y caprichos arbitrados por ellos, hasta las manifestaciones culturales de estas doctrinas totalitarias (teatro, literatura, etc.), por referir tan solo algunas posibilidades a las que se atiende en este último libro. Pues lo remarcable en el conjunto de esta obra, aparte de su ya mentada claridad, y obviando la preocupación y vocación de estilo, por lo pronto expresivo y elegante, es lo prolijo que resulta en la inserción de ejemplos, muestras de facto que acompañan e ilustran el desarrollo de los acontecimientos y planteamientos ideológicos que describe y analiza.

Es esta una obra tan fecunda en posibilidades, en caminos aún más susceptibles de profundización, que intentar atender o resaltar uno concreto aquí sería desbaratar su esfuerzo, cancelar el vibrante dinamismo de lo expuesto: podría extenderme en subrayar la constante lucha de los enemigos del comercio por hacer desaparecer al adversario interno y externo (un proceso paranoico en dos direcciones), en su lucha por una eugenesia de clase (comunismo) o de raza (nazismo) o quizá detenerme en las expresiones boscosas e impenetrables del pensamiento comunista, en la vacuidad y eficacia de su profusa propaganda. Con todo, habrá momentos en los que el lector más interesado en aspectos históricos se verá superado por digresiones económicas y viceversa. Lo importante en todo caso es que el texto invita a continuar estudiando al margen del mismo y a llenar esas lagunas propias, en las que anida generalmente el prejuicio, hechas de nuestra falta de contacto con determinadas disciplinas intelectuales.

Este libro sería más valioso si fuese capaz de ser leído por aquellas personas que tienen a diario la boca llena de grandes palabras, de grandes sentimientos, de grandes ideales, porque descubrirían que, aunque partamos de ideas a priori incontestables y hermosas, su puesta en práctica conlleva atender y prestar importante atención a un sinfín de actores y acciones que se escapan al alcance limitado de una única mente, de una única y rígida doctrina. Definitivamente, estas páginas son una vacuna contra la credulidad y el resentimiento: los dos inveterados motores que entorpecen la conquista de nuestra libertad al apuntalar soberbiamente el miedo ante los demás.

 

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