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14/10/2020 11:30 CEST | Actualizado 14/10/2020 12:17 CEST

Garnachas de Gredos, la revolución de los sentidos

Un grupo de jóvenes entusiastas, cuya misión es recuperar estos viñedos viejos, han apostado por una viticultura extrema, de mínima intervención, para obtener unos vinos naturales de personalidad única.

Pequeños viñedos en parajes bellísimos, rodeados de bosques, con sus sólidas raíces aferradas a suelos de granito o pizarras, donde la garnacha se expresa de una forma singular.

Un grupo de jóvenes entusiastas, cuya misión es recuperar estos viñedos viejos, han apostado por una viticultura extrema, de mínima intervención, para obtener unos vinos naturales de personalidad única.

Viñas viejas, vinos jóvenes. Una revolución, una mirada original a los vinos de esta tradicional región vinícola, muy mencionada por los grandes autores del Siglo de Oro de las letras castellanas.

La franca decadencia en que se encontraban los viñedos en esta región, que abarca tres provincias, Ávila, Madrid y Toledo, inspiro al riojano Telmo Rodríguez a recuperar viñas viejas junto al puerto de Arrebatacapas que forma un magnifico anfiteatro sobre el pueblo de Cebreros y las estibaciones de la sierra de Gredos. Viñas de garnachas centenarias, de muy difícil cultivo, que se habían salvado del arranque generalizado de viñedo en la zona (se ha perdido un 80% en 30 años) y que habían quedado para el autoconsumo. Eso sí, las uvas son devoradas con devoción, año tras año, por los numerosos corzos, jabalíes, conejos y pájaros de la zona.

Viñedo viejo de garnacha en Cebreros.

Telmo afirma que “todo viñedo excepcional tiene futuro; los sitios difíciles hay que reivindicarlos hasta que lleguen al conocimiento del consumidor”; y “Gredos ya ha demostrado que es una buena zona. Sus vinos son complejos, y algunos de ellos pueden llegar a dar vinos míticos”. Él fue el visionario que impulsó a otros jóvenes a descubrir estos parajes singulares.

Las garnachas de Gredos se encuentran con un problema legal: sus vinos se elaboran en tres comunidades distintas, y que cuentan con tres denominaciones de origen diferentes: Cebreros, Vinos de Madrid y Méntrida. Pero sus vinos tienen plena coherencia; son viñas viejas de garnacha plantadas en suelos de pizarra (tan solo algunas vetas en las montañas de Cebreros), y mayoritariamente en granito (fruto de la descomposición de las rocas), que les aporta una fluidez, acidez y frutosidad singular. 

Viñas a cierta altitud, desde los 1.100 metros en Ávila hasta los 800 metros en Real de San Vicente (Toledo), y Cadalso de los Vidrios (Madrid), y a unos 700 metros en San Martín de Valdeiglesias. El clima varía mucho en esta región, aunque tiene una marcada influencia de la sierra de Gredos; el valle del Tiétar (Ávila) es el más fresco y lluvioso, mientras en Cebreros, en pleno valle del Alberche, es más caluroso y seco; y el clima de San Martín es un punto medio entre ambos. 

El impulso inicial de Telmo Rodríguez fue continuado en Cebreros por Daniel Ramos, que elabora en la antigua cooperativa de El Tiemblo, y por Jesús María Soto Manrique, en la cooperativa de Cebreros. Este impulso se trasladó a viticultores de la zona, que dieron el salto para crear sus propios vinos, como ocurre con el respetado Rubén Díaz. Mientras, en la subzonas de Vinos de Madrid, de San Martín de Valdeiglesias apostaron por este estilo de vinos las bodegas Marañones, Bernabeleva, Las Moradas de San Martín y Comando G. (cuyo grito de guerra es: Gredos, Garnacha, Granito); sin olvidarnos de la original 4 Monos Viticultores, de Cadalso.

Javier García, de 4 Monos Viticultores, en Cadalso de los Vidrios.

En el sur de Gredos, en Méntrida (Toledo), surgió un movimiento reivindicativo de las viñas viejas de Real de San Vicente, montaña ubicada al sur del valle del Tiétar, donde los tres fundadores de la bodega Canopy descubrieron estas viñas. Y alrededor de la bodega Jiménez-Landi impulsaron unos vinos naturales que expresan el singular terruño, elaborados con muy poco sulfuroso, con una suave infusión con sus raspones para aportarles cuerpo y frescor, y con crianza en barricas de roble, siempre de roble francés, y de gran tamaño para que la madera no tape la frutosidad del vino. En esta zona, la bodega Arrayán se sumó a esta iniciativa, apostando por la personalidad de estas garnachas.

Durante las dos semanas de agosto que estuve descubriendo viñedos, bodegas y vinos, charlando con sus viticultores, me sorprendieron gratamente los vinos blancos de Albillo Real, blanca autóctona de la zona, famosa antaño en Madrid por ser la primera uva de mesa que llegaba al mercado. Los vinos de estas uvas doradas, pequeñas y esféricas, despliegan notas de miel, membrillo y hierbas balsámicas, son de moderada acidez y fino amargor, con volumen y untuosidad en la boca, idóneos para disfrutar en la mesa.

Bodega Jiménez-Landi, de Méntrida.

Las garnachas de Gredos son vinos de placer, sensuales, frescos, a veces livianos de color, pero con una vibrante frutosidad y una marcada mineralidad. Vinos para soñar, descubrir y compartir. Como afirma José Benavides, propietario de la bodega Jiménez-Landi: “vinos con identidad”. A los que ya se han rendido, de forma incondicional, los grandes gurús del vino mundial.

Me gustaría recomendarles algunos de los vinos con lo que más he disfrutado en este periplo, por su arrebatadora personalidad:

  • Los Chorrancos 2013, de la bodega de Daniel Ramos (El Tiemblo, Ávila).
  • Las Violetas 2017 (vino de pueblo de Cebreros) y La Mira 2018 (vino de paraje) de la bodega Soto-Manrique (Cebreros, Ávila).
  • Cuesta del tejar 2018, de Viñadores de Gredos, del viticultor Rubén Díaz (Cebreros, Ávila).
  • Pegaso Granito 2016; y Barrancos de Pizarra 2016, de la Bodega Pegaso, por Telmo Rodríguez, (Finca la Piñonera, Cebreros, Ávila).
Vinos de la Bodega Pegaso, en Cebreros.
  • Senda 2017; de la bodega Moradas de San Martín (Vinos de Madrid).
  • Navaherrero 2018, de Bernabeleva (San Martín de Valdeiglesias, Madrid).
  • Agujas del Fraile 2017, de 4 Monos Viticultores; y su vino de paraje La Danza del Viento La Isilla 2017 (Cadalso de los Vidrios, Madrid).
  • La Bruja de Rozas 2018, de viñedos del valle del Tiétar; y Las Uvas de la Ira 2018, de viñedos del Real de San Vicente, por Comando G.
  • 30.000 Maravedíes 2017, de Bodegas Marañones (Pelayos de la Presa, Madrid).
  • Cadalso 2018, de Península Viticultores.
  • La Suerte de Arrayán 2016; y Garnacha de Arrayán, de Bodegas Arrayán (Mentrida, Toledo).
  • Ataulfos 2017; y su vino de paraje Piélagos 2017, de la bodega Jiménez-Landi (Mentrida, Toledo).
  • La Viña Escondida 2017; y Kaos 2010 (buen ejemplo de la evolución de las garnachas de Gredos en la botella), de Bodegas Canopy (Méntrida, Toledo).

¡Vinos de puro placer!

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