POLÍTICA
31/03/2021 07:04 CEST

Coalición: la secuela

La segunda parte del Gobierno PSOE-UP echa a andar con cambios mínimos, el ascenso de Yolanda Díaz y la incógnita sobre el papel fuera de Iglesias.

EFE
Díaz, Calvo, Sánchez, Calviño y Ribera

La coalición lleva apenas un año y dos meses de vida, pero ya ha vivido hasta una pandemia. Y, desde este martes, encara su segunda parte motivada por la salida de uno de los actores protagonistas, Pablo Iglesias. Esto ha hecho mover los cimientos de ese Gobierno que pasará ahora a tener a Yolanda Díaz como principal referente de UP y que se conjura para aguantar hasta 2023. Con una gran incógnita: hasta qué punto intentará influir desde fuera el todavía líder de Unidas Podemos.

No ha habido sorpresas de última hora. Sánchez ha confirmado los retoques mínimos en su Gobierno y que se habían pactado hace dos semanas con Unidas Podemos. A los hechos: a partir de ahora Nadia Calviño pasará a ser la vicepresidenta segunda y ministra de Asuntos Económicos, Yolanda Díaz conserva Trabajo y asciende a la Vicepresidencia Tercera y se incorpora Ione Belarra como ministra de Derechos Sociales.

El presidente del Gobierno no ha querido aprovechar para hacer grandes cambios y mover demasiadas sillas. Cree que no es el momento y se ha dedicado a deslizar las piezas mínimamente indispensables. Pero con una convicción dentro del sector del PSOE: las cosas pueden ser más fáciles ahora con la salida de Iglesias y el papel más dialogante de Díaz.

La ministra de Trabajo no dejará de ser tan ‘cabezona’ como Iglesias, es una política peleona. Pero su relación es menos tirante con los socialistas y es una obsesionada del pacto: ha llegado a varios con sindicatos y patronal. Su relación con Sánchez es bastante buena, los dos hablan en privado muy bien del otro. 

Asimismo, esta modificación supone tener un Gobierno con más mujeres con hombres (el sexto más paritario del mundo). Con una foto inédita en las escalinatas de La Moncloa: cuatro vicepresidentas (Carmen Calvo, Nadia Calviño, Yolanda Díaz y Teresa Ribera). El sello inconfundiblemente feminista de la coalición progresista, que pretende convertirlo en una seña de identidad dentro y fuera de las fronteras.

Eso sí, queda una incógnita para muchos socialistas: ¿de verdad Iglesias va a dejar de intentar influir? Es un auténtico animal político, que ahora se enfrenta a la batalla de las elecciones autonómicas de Madrid. Un dato: sigue siendo secretario general de Unidas Podemos. Díaz será la encargada de negociar dentro del Gobierno, pero ella no tiene el control del partido. Iglesias señaló el camino para que sea la próxima candidata, pero ella no es de UP y tendrán que buscar fórmulas en las primarias de los ‘morados’. Además, la gallega ha evitado confirmar que se postulará para esa carrera. Por lo tanto, negociará dentro de la coalición pero no es el referente orgánico. Dentro del Ejecutivo aparece la figura de Irene Montero como gran ascendente de UP.

Sánchez, que no deja nada al azar en sus comparecencias en La Moncloa, ha querido despejar las dudas que cada día crecen sobre si las elecciones serán a su tiempo. Lo ha dicho alto y claro: aspira a agotar el mandato hasta finales de 2023 (tiempo, por cierto, en el que España ostenta la Presidencia de la UE en el segundo trimestre, lo que haría no deseable llevar a los españoles a las urnas entonces). 

Atendiendo también a la nueva jerarquía, hay una nueva beneficiada: Nadia Calviño. Sube a la Vicepresidencia Segunda al tener Asuntos Económico y creer La Moncloa que Trabajo no podía sobrepasar ese escalafón. Díaz aceptó ese ‘sorpasso’ y ahora se enfrenta a un nuevo capítulo de su enfrentamiento con la propia Calviño, con la que ha tenido una relación de máxima tensión durante estos meses. Con otro importante telón de fondo: la batalla por la derogación de la reforma laboral y la futura ley de vivienda con la regulación de los alquileres.

Precisamente de esa última negociación sabe mucho (o todo) Ione Belarra, la nueva ministra que se sentará en el Consejo. Se trata de una cartera de escasas competencias (que pierde el rango de Vicepresidencia) pero con un gran valor simbólico para Unidas Podemos. Ella se ha fajado en las negociaciones durante toda la coalición (de hecho fue la encargada de hablar con Félix Bolaños para las estructuras del Ejecutivo). Ella es muy de la escuela de Anguita: programa, programa, programa. Es decir, santifica el pacto de Gobierno firmado. Además, es la persona de máxima confianza de Pablo Iglesias e Irene Montero. También a partir de ahora podrá criticar de tú a tú a Margarita Robles (con la que ha tenido fuertes desencuentros en las redes y en los medios de comunicación).

Todos estos cambios llegan en un momento de alta tensión política con la celebración de elecciones en Madrid el próximo cuatro de mayo, que se han planteado con una perspectiva nacional (la versión castiza de las midterm elections). Un escenario en el que el PSOE ha desvelado que prefiere pactar con Más País y Cs: “Con este Iglesias, no”. Pero en La Moncloa y en UP esperan que esto no afecte al funcionamiento del Gobierno central, que ahora tiene como principales retos la situación de la posible cuarta ola y la llegada de los millonarios fondos europeos. 

Empieza la secuela de la coalición, el final está muy abierto.

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