POLÍTICA
22/06/2021 21:32 CEST

Mirando al futuro: el Gobierno está convencido de que con los indultos el independentismo no volverá a hacer un 1-O

La Moncloa ve “muy difícil” que un recurso tumbe la medida de gracia en el Supremo y apuesta por una solución “transversal” dentro de la ley en Cataluña.

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Pedro Sánchez

Más de cuatro horas duró la reunión del Consejo de Ministros. Hubo unanimidad entre los miembros del PSOE y de Unidas Podemos. Hay que intentarlo. Este 22 de junio pasará a la historia de España como el día en el que el Gobierno aprobó los indultos a los presos independentistas para extinguir toda su pena, aunque revisables en caso de volver a delinquir. 

Una medida polémica y con coste para el Ejecutivo. Pero una palabra se repite constantemente estas horas en La Moncloa: “futuro”. Según fuentes del Gobierno, este martes se ha abierto una nueva época: “Nos merecemos la oportunidad todos de que haya un puente de entendimiento y es la mejor decisión a tomar”.

En La Moncloa, explican las fuentes, están totalmente convencidos de que, después de estos indultos, el independentismo no volverá a repetirlo, no habrá otro 1 de octubre. ¿Y por qué lo piensan incluso con las declaraciones de algunos indultados estos días de que lo repetirían? Desde el equipo del presidente defienden esta idea: lo primero, porque el soberanismo sabe que volver a esa situación es un callejón sin salida y a un precipicio. Recuerdan en el Ejecutivo que los dirigentes independentistas tanto en público como en privado han reconocido que no sirve la vía unilateral.

También explican en el palacio presidencial que el indulto mantiene la inhabilitación dictada por el Supremo, por lo que los perdonados no pueden presentarse a un cargo público (por ejemplo, Junqueras no puede hasta julio de 2031). Asimismo, esta medida de gracia acordada fija una condicionalidad para revertirla si se cometen delitos graves (de tres a seis años, dependiendo de cada indultado). Además, ahí está el armazón jurídico, incluyendo el Código Penal.

El Gobierno toma la iniciativa y cree que el independentismo pierde argumentos

La principal razón política del Gobierno para aprobar estos indultos es la “utilidad pública”. Desde La Moncloa repiten todo el rato que se hace dentro del marco del Estado de Derecho y que se trata de una medida habitual en todos los ordenamientos occidentales. El Gobierno siempre muestra su respeto y acatamiento por la sentencia del Supremo y recuerda que ya ha tenido sus consecuencias: más de 1.300 días de prisión llevan los indultados.

¿Y por qué cree el Gobierno que es la mejor decisión? “Es un primer paso”, explican desde el Ejecutivo para poder restablecer la concordia y la convivencia en términos de normalidad en Cataluña y entre Cataluña y España. Se trata, repiten todo el tiempo en Moncloa, de normalizar tanto las relaciones institucionales como afectivas y mejorar la situación política y económica (este factor ha llevado al apoyo de los empresarios en los últimos días).

La prisión, reconocen en el Gobierno, era el principal escollo para abordar ese diálogo. El independentismo siempre esgrimía este factor para seguir ahondando en la brecha y acusar de represión a la Administración Central. “El diálogo es el único cauce”, sostienen en La Moncloa, para mejorar la situación y lanzan la pregunta de por qué no se puede resolver hablando si se consiguió, por ejemplo, para hacer la Constitución en los 70 entre personas que se habían enfrentado en una guerra y durante la dictadura. Por lo tanto, los indultos crean el “clima propicio” para que se pueda hablar y dialogar: “Es el inicio del camino”. Eso sí, se admite que hace falta tiempo y esfuerzo para lograrlo.

Borja Puig de la Bellacasa
Reunión del Consejo de Ministros

Los hechos de 2017 fueron muy graves, recuerdan las fuentes gubernamentales, pero también reconocen que es muy excepcional en las democracias occidentales que haya líderes políticos en las cárceles. Creen en Moncloa que no se entiende bien ni en Europa ni en el mundo, como las penas tan elevadas por aquellos hechos. Además, la cárcel ha alimentado el victimismo del independentismo y la desafección de los catalanes. 

Sánchez y los suyos entienden que ha habido errores de todos, pero especialmente del independentismo, pero creen que hay que romper esa “espiral tóxica”, esa en la que el soberanismo ha ignorado a la mitad de los catalanes y en la que el Gobierno de Mariano Rajoy dio la espalda al problema. Por lo tanto, la coalición quiere abordarlo desde la política y no desde la vía judicial: “Hacerlo desde el cerebro y no desde las vísceras”.  Es una decisión compleja, pero acertada, analizan las fuentes.

 

Moncloa entiende que el independentismo se escudaba en la cárcel

Una cosa a la que se da mucho valor es que el Gobierno de España toma la iniciativa ahora, algo que no había pasado en años. Se trata, añaden en Moncloa, de hacer política con p mayúscula. Esta es la señal del Ejecutivo: hemos dado un paso, ahora le toca al independentismo. Sánchez apuesta por una Cataluña europea, plural, próspera y con más autogobierno dentro de España.

Con un reto por delante: convencer también a los catalanes de que la Constitución protege a todos, incluso a los que intentaron acabar con ella. No se trata de que renuncien a sus ideas, pero el Gobierno quiere hacer calar en esa comunidad que es positiva la unidad de España. 

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Juicio del 1-O

¿Y dónde lleva esto? El Gobierno aspira a lograr una “solución transversal”, con amplia y sólida mayoría dentro del pueblo catalán (recuerdan las fuentes que el Estatut fue avalado por un 74% de la población). Desde el Ejecutivo se ha rechazado en todo momento un referéndum pactado -como ha pedido el propio Pere Aragonès tras los indultos-. Por el momento se piensa convocar la Mesa de Diálogo y escuchar al soberanismo (se esperan propuestas razonables), y cuando el Gobierno tenga una propuesta concreta, la comunicará. Sánchez quiere un proyecto político atractivo y capaz de seducir. En cambio, en el Gobierno se preguntan cuál es el que tiene la derecha y rechazan el modelo de enfrentamiento y de barcos de Piolín.

Otra de las ideas que traslada el Ejecutivo es que los indultos no van dirigidos a los nuevos presos, sino directamente a toda la sociedad catalana representada por esos líderes, con el mensaje de “queremos debatir y confrontar ideas en libertad”. También va dirigido a aquellos no independentistas que consideran que el castigo ya ha sido suficiente y que la prisión intoxicaba el clima, además de aquellos que quieren pasar página y que acabe la crispación.

El Gobierno descarta un referéndum y promete echar las horas que hagan falta en la Mesa de Diálogo con la ley como límite

En la Mesa de Diálogo, añaden desde La Moncloa, los límites estarán muy claros: la Constitución y la ley. Se echarán las horas que hagan falta para intentar llegar, dentro del ordenamiento, a alguna solución pactada. No se descarta que pueda participar Oriol Junqueras. El 1-O, comentan las fuentes, fue un gran día para el independentismo, pero con hoy se restan argumentos a ellos y se los suma España. La unidad de España está garantizada, repiten ante los ataques de la derecha. Se da importancia a las noticias a favor de los indultos que han aparecido en medios como el Financial Times, The Washington Post y The Guardian.

Saben que es una decisión muy controvertida y que rechazan millones de españoles, pero en el Gobierno creen que con el tiempo se irá entendiendo más. Hoy, comentan las fuentes, se comprende mejor que hace quince días y mucho mejor que hace un mes. Los gobiernos socialistas, recuerdan, se suelen arriesgar con decisiones difíciles que se entienden más con el tiempo, como pasó por ejemplo con José Luis Rodríguez Zapatero y el fin de ETA.

El Gobierno ha preparado con mucha minuciosidad estos decretos de indultos, con un trabajo coordinado por Carmen Calvo, Juan Carlos Campo y Félix Bolaños. Desde el Ejecutivo se estima muy difícil que el Supremo pueda fallar a favor de algún posible recurso (Vox y PP tienen intención de presentarlos) y se rechaza que se trate de un autoindulto como llegó a sugerir el Alto Tribunal. 

Se abre una nueva etapa. ¿Cómo acabará?