INTERNACIONAL
26/04/2020 16:50 CEST | Actualizado 27/04/2020 17:16 CEST

Grecia, el modelo ejemplar ante el coronavirus que pende de un hilo

El país, arrasado por la austeridad, registra bajas cifras de muertes y contagios por Covid-19. Así lo ha conseguido.

ASSOCIATED PRESS

Más de 120 fallecidos y menos de 3.000 contagiados. Las cifras que deja el coronavirus en Grecia han convertido al país heleno en ejemplo de gestión contra la pandemia. Más aún si se comparan con otros países del sur de Europa, como Italia y España.   

El caso griego es aún más sobresaliente dado que fue el país europeo peor parado de la crisis de 2008 —tuvo que pedir hasta tres rescates— y el que más sufrió las medidas de austeridad impuestas por la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea). Pese a que los recortes en sanidad en 2014 llegaron al 60%, el país heleno ha sabido afrontar con la cabeza bien alta, por el momento, la mayor crisis sociosanitaria mundial de las últimas décadas.

Son muchas las claves de este éxito que, con todo, pende de un fino hilo. Grecia ha visto venir la pandemia de países a los que se siente muy cercano, como Italia y España. La previsión ha sido uno de sus mayores aciertos, pero su población es más pobre, un 22% tiene más de 65 años y hay más de 100.000 refugiados hacinados en campamentos en los que, si se propaga el virus, podría derivar en una “emergencia médica”. 

Así lo ha advertido la asociación Médicos Sin Fronteras (MSF) al país heleno, que resultó ser el más generoso de la Unión Europea a la hora de acoger refugiados en la crisis migratoria de 2015, a pesar de ser uno de los países más pobres entre los Veintisiete. 

El Gobierno conservador de Nueva Democracia, liderado por Kyriakos Mitsotakis, ha entendido desde el primer momento que factores como la fragilidad de la sanidad pública, la migración y la falta de recursos sociales, requerían de medidas adicionales para contener la propagación del virus. Algunas ejemplarizantes, como pedir a los miembros de su gobierno y a sus diputados que donen la mitad de sus salarios para destinar esos pequeños recursos a la lucha contra el coronavirus. “Todos somos iguales ante la amenaza, pero para combatirla cada uno debe participar según sus fuerzas”, dijo. 

Reuters
Kyriakos Mitsotakis, primer ministro griego. 

La gran prioridad de Mitsotakis durante estas semanas es limitar la propagación del virus mediante la protección de los más vulnerables. La segunda, el fortalecimiento del sistema de salud público y, la tercera, apoyar la economía y las empresas para evitar cierres y despidos.

Se cerraron los centros educativos antes de los 100 contagios

El temor al colapso de una sanidad desgastada y la imagen de la pandemia proveniente de España e Italia, llevó al Ejecutivo heleno a paralizar parte de las actividades económicas antes de que el daño fuera mayor. Contó con una ventaja: el virus no llegó al país en los meses de más turismo exterior, hasta el punto de que el primer positivo por Covid-19 se confirmó mucho más tarde que en otros lugares, el 26 de febrero. 

Para entonces, Grecia estaba preparada. Ese mismo 26 de febrero llegaron las primeras restricciones, como la suspensión del carnaval y otras festividades. Cuando ya eran casi cien los infectados, se cerraron los centros educativos. Con el primer fallecido se echó el cerrojo a los bares, discotecas y lugares de ocio y de turismo. A partir del 24 de marzo el confinamiento se volvió total excepto para actividades esenciales y quien saliese a la calle debía justificar por qué. 

Goran Tomasevic / Reuters
Un hombre camina en Atenas tras hacer la compra. 

Se reforzó la sanidad pública

Paradójicamente, los griegos, aprendiendo de la austeridad y de los recortes en la sanidad de la última década. Antes de que colapsara un sistema sanitario donde se había limitado al máximo el personal de las UCI y de los centros públicos, se confinó a la población y el Gobierno obligó a los centros privados a ceder sus camas a la sanidad pública. Se contrataron unos 2.000 nuevos sanitarios

El ojo puesto en los campos de refugiados 

En el otro lado la moneda figura la inquietud por los campos de refugiados y el hecho de se conviertan en focos de propagación del Covid-19. Por eso, el Gobierno ha ampliado las restricciones de movimientos en estas zonas hasta el 10 de mayo y ha instado a limitar los desplazamientos y no abandonar las instalaciones. Pero resulta difícil confinarse en pequeños pabellones o tiendas de campaña de menos de tres metros cuadrados, en condiciones insalubres y compartiendo baño o comida con miles de personas más.

Allí, sobre todo en los campos de las islas, como en Lesbos, las recomendaciones de las autoridades sanitarias son un lujo que no pueden permitirse.

MANOLIS LAGOUTARIS via Getty Images
Varias personas recogen comida al lado del campo de refugiados de Moria (Lesbos). 

Las autoridades ya han puesto bajo cuarentena varios centros para migrantes. Una de las alarmas se encendió el lunes, cuando una refugiada de 28 años procedente de Somalia y embarazada de seis meses dio positivo en el centro de recepción de Kranidi. El martes, las autoridades informaron de un brote entre los migrantes alojados en este hotel de la península. Más de 150 de los 470 inmigrantes ha dado positivo y la instalación ha sido puesta en cuarentena. 

Una pandemia que sí afectará: la económica

Aunque Grecia ha sabido gestionar (de momento) la crisis sanitaria, no parece que vaya a librarse de la económica. Según el Fondo Monetario Internacional, la profunda recesión que se viene sobre Europa es ya inevitable. Prácticamente todos los países que son potencias turísticas sufren de manera exagerada la crisis, incluso aunque hayan contenido las muertes. Grecia, registrará una caida del 10% del PIB, según el FMI, más que Italia y España. Y su recuperación será lenta.

Un jarro de agua fría, otro más, para un país que aún no había terminado de recuperarse de la crisis anterior, que durante años fue la oveja negra de Europa y que empezaba a rozar con las yemas de los dedos algo parecido a la estabilidad.