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25/02/2021 18:05 CET | Actualizado 25/02/2021 18:05 CET

Hablemos de 'Chungking Express'

Una obra maestra de Wong Kar-Wai que parece haber pasado desapercibida.

Chungking Express
Una escena de la película Chungking Express

No es necesario haber visto mucho cine para percatarse de la valía de una película. Un gesto, un plano o una línea de diálogo pueden hacernos descubrir, impensadamente, todo un universo que nos imbuye en un viaje vital, estético y hasta lisérgico. Una película nos puede cambiar la vida.

Wong Kar-Wai es uno de esos directores que transitan decididamente hacia la consecución de un deseo, el de seducir a los espectadores. Y lo hace agasajando sus sentidos, desplazando el foco de atención hacia los elementos más primarios, intelectualizando los impulsos y ofreciéndolos en un metraje en el que los parámetros sintáctico, fotográfico y narrativo se controlan de forma inquebrantable. Qué sería del cine sin Wong Kar-Wai. Que sería de nuestra vida sin sus personajes.

Aun sintiendo auténtica debilidad por In the Mood for Love y admirando profundamente 2046, My blueberry nights, The Grandmaster y Happytogether, no puedo sino admitir que Chungking Express (1994) es una obra maestra, una de tantas del autor, que parece haber pasado desapercibida. Pese a ser una genialidad sin paliativos, poca porción del público general ha descubierto la belleza que sin duda posee. Y eso hay que corregirlo.

'Chungking Express' es una obra maestra que parece haber pasado desapercibida

Ahora que Avalon ha apostado por la proyección en salas de esta joya cinematográfica y que se puede disfrutar aun hoy en día en los Renoir Princesa, qué mejor ocasión para ahondar en aquellos rasgos que hacen única y luminosamente magnética a esta cinta de Wong Kar-Wai.

La trama alude, como la generalidad de películas del director hongkonés, a la soledad y a la eventualidad del amor en una relación. En puridad, en dos relaciones, ambas acontecidas en las calles de Tsimhatsui, un conocido barrio de Hong Kong.

La primera historia, noir e impregnada de una atmósfera repleta de nocturnidad y luces de neón, está protagonizada por una traficante de drogas (Brigitte Lin), una mujer misteriosa que se oculta bajo una peluca rubia, unos Manolo Blahnik y unas gafas de sol. Su talante es implacable, está sola, efectivamente, pero no parece sufrir con la soledad. Su problema radica en haber perdido un importante alijo de cocaína que había confiado a unos trabajadores hindúes.

Amenazada de muerte, pero segura de salir adelante, se introduce en un club nocturno donde se encuentra a la segunda alma solitaria de Chungking Express, el agente 223 (Takeshi Kaneshiro). Este ha recalado en el local porque, a pesar de que la cercana ruptura con su pareja le ha dejado evidentes cicatrices, no quiere dejar pasar la noche de su cumpleaños. Obsesionado con que ella volverá, cada día compra una lata de piña que caduque precisamente ese día. Si ella no aparece hoy, su amor también habrá prescrito. Cuando traficante y agente se encuentren y pasen una noche juntos en un hotel (ella durmiendo, él comiendo ensaladas chef), sus vidas se reiniciarán. Él olvidará a May y ella acabará con el capo que la amenaza.

La segunda historia completa este friso de emociones encontradas, con un halo de luminosidad y optimismo insólitos en el cine de Wong Kar-Wai. Otro agente, el 663 (mítico Tony Leung), acude a diario a un local de comida rápida. Allí consume religiosamente su ensalada chef (las concomitancias entre ambas historias son innegables). Allí conoce a una alocada camarera llamada Faye (Faye Wong), quien se enamora de inmediato del agente. Cuando él sea abandonado por su pareja y padezca lo indecible intentando recuperar su estado anímico, la camarera se adentrará en su vivienda hasta adaptarla a su propia personalidad. Poco a poco su presencia se hará más evidente, conquistando de forma inadvertida al agente 663.

Película de culto extraordinariamente personal, en ella se percibe el entusiasmo de la juventud, del verano, de la liviandad de espíritu. Con rasgos propios de Kar-Wai como su impecable estilización, la cuidada banda sonora, la fotografía de Christopher Doyle (en esta ocasión, junto con Andrew Lau) y la cotidianeidad en la que se enmarca su puesta en escena e interpretación, Chungking Express es todo lo que se le puede pedir a una película.

Porque en una misma cinta se concentra acción, thriller, romance, comedia y drama, con unos personajes palpitantes y animistas y la siempre atractiva llamada hacia las pulsiones elementales que nos son comunes, elevan esta película a la categoría de evento.

El cineasta ha asegurado que rodará la secuela: 'Chungking Express 2020'

Rodada tras Ashes of Time, esta cinta no solo subvierte los principios de su predecesora, sino que se amplifica en su siguiente película, Fallen Angels, cuya historia fue desgajada de Chungking Express. Por si fuera poco, el cineasta ha asegurado que rodará la secuela bajo el título Chungking Express 2020, que abordará la vida de dos jóvenes, Xiaoqian y May, que se niegan a unirse sentimentalmente con aquellos a quienes les han asociado por razones genéticas, buscando el amor verdadero.

A la espera de esta nueva entrega, solo se puede incidir en el preciosismo que destila la cinta original, la cual rinde tributo tanto a Gloria de Cassavetes como al mejor cine noir, al tiempo que entrega espontaneidad e improvisación a raudales.

Imbuirse en la emoción pura de Kar-Wai es el mejor plan para estos días tan ávidos de primavera. Permítanme otra recomendación, si les gusta este magnífico cineasta, no duden en hacerse con el libro que escribió sobre él otro genio sin necesidad de presentación, Carlos F. Heredero. Ambos inconmensurables.

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