He empezado a conocer a alguien durante la pandemia, y ni tan mal

La segunda cita fue directamente sexo por videollamada, algo normal teniendo en cuenta que estamos encerrados, solos y cachondos en casa.

No he tenido mucha suerte en el amor en los últimos años, pero me atrevo a decir que el coronavirus podría suponer un punto de inflexión en mi estado social.

En la situación actual, el tema de las citas no tiene demasiada relevancia, pero es bonito pensar que el coronavirus puede traer algo más que desgracias (que indudablemente las trae). Citas aparte, el coronavirus le ha recordado a la humanidad la importancia de la interacción social.

Cuando estuve aislada con fiebre, tos y neumonía por el susodicho virus, estaba echándole un ojo a una aplicación para ligar porque había hecho match con un hombre al que llamaré Matt. No me lo pensé mucho y en vez de andar con ojo por los muchos peligros que vivimos las mujeres millennial (que el tío deje de hablarte de repente, que te mande fotos de su pene...), di por hecho que nuestra conversación no tardaría en perder fuelle, teniendo en cuenta que estamos confinados. Los estudios demuestran que si no estáis dispuestos a quedar o al menos a daros los números después de los primeros mensajes, es improbable que lleguéis a tener una cita en persona.

Y quién me lo iba a decir: casi tres semanas después, Matt y yo hemos hecho un montón de videollamadas y hablamos durante horas todas las noches.

“Quizás lo nuestro termine siendo una aventura intrascendente, pero siempre asumimos ese riesgo cuando tenemos citas del tipo que sean”

Nuestra primera cita marcó la pauta. Hablamos durante cinco horas, nos emborrachamos muchísimo y la videollamada se puso picante. La segunda cita fue directamente sexo por videollamada, nada de lo que sorprenderse teniendo en cuenta que estamos encerrados, solos y cachondos en nuestras respectivas casas.

Pero el sexo es solo una parte de todo lo que hacemos. Vemos películas por la noche, jugamos a videojuegos, hacemos tests para conocernos mejor, hablamos de nuestras familias, de nuestras relaciones anteriores, del trabajo, etc. Nos mandamos mensajes todas las mañanas para preguntar qué tal estamos y ya tenemos varias bromas privadas que solo entendemos nosotros dos. Si alguno de los dos tiene un mal día, lo hablamos para animarnos. Por ejemplo, cuando me dijeron que un amigo mío estaba muy enfermo, Matt dejó que me desahogara con él.

A todos los efectos, estamos empezando a salir juntos, salvo por el pequeño detalle de que aún no nos conocemos en persona.

Ya me he visto en situaciones similares en el pasado, como cuando estuve seis semanas conociendo a un hombre mientras él estaba en la playa y cuando tuvimos nuestra primera cita me di cuenta de que era completamente diferente en persona (me refiero a su personalidad, no me engañó con otra foto). En general, prefiero que la primera cita llegue pronto porque odio las primeras conversaciones intrascendentes cuando nos conocemos por chat (me aburre repetir en qué trabajo, de dónde soy y cuáles son mis aficiones), así que prefiero descubrir lo antes posible si somos compatibles de verdad.

“Es bonito pensar que el coronavirus puede traer algo más que desgracias”

Pero esta vez no me preocupa que esté sucediendo al revés.

Sé lo que estás pensando: “Sé realista, igual no os gustáis cuando quedéis y esto habrá sido una pérdida de tiempo”, o “lo que estáis haciendo es una locura”. Y coincido: quizás lo nuestro termine siendo una aventura intrascendente, pero siempre asumimos ese riesgo cuando tenemos citas del tipo que sean.

La parte negativa de las relaciones virtuales es que se vuelven muy intensas muy pronto y no puedes saber con certeza en qué medida vuestra conexión es auténtica. A veces es difícil interpretar la intención de un mensaje escrito y por eso nosotros preferimos las videollamadas.

Matt y yo tenemos vidas muy ajetreadas y ambos creemos que nos habría costado semanas o incluso meses llegar a este mismo nivel de confianza si nos hubiéramos conocido en persona (si hubieran ido bien las cosas). Incluso hemos tenido ya nuestra primera discusión (y al recordar por qué fue, resulta que fue una tontería que surgió al preguntar quién se iba a enamorar antes del otro). Después de eso, decidimos reducir un poco las llamadas, pero ha sido un cambio importante y necesario para calmar las cosas. Como he dicho antes, las emociones parecen más intensas en las circunstancias actuales.

Quizás se deba a que ambos estamos aburridos en casa y no tenemos más distracciones y por eso estamos dispuestos a invertir más energías en conocernos, o quizás solo se deba a que todavía no ha habido contacto físico (aunque hemos practicado mucho sexo por videollamada de formas muy creativas), pero por ahora nos está yendo bien.

Existe la posibilidad de que esto solo sea un match virtual que terminará en cuanto nos conozcamos en persona cuando el coronavirus nos lo permita, pero por ahora, prefiero seguir jugándomela.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.