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20/11/2021 10:16 CET | Actualizado 20/11/2021 10:16 CET

¿Hemos aprendido la lección?

Cuando empezó el virus nos repetíamos sin parar los cambios que nos traería esta experiencia traumática.

REUTERS
Vacuna

En marzo de 2020 un virus entonces desconocido provocó la actual pandemia  y tuvimos que confinarnos en nuestros hogares para contener su propagación, viviendo situaciones que solo habíamos visto en películas de ciencia ficción. Fue entonces cuando nos repetíamos sin parar los cambios que nos traería esta experiencia traumática.

Decíamos que saldríamos mejores y cada día a las 8 de la tarde salíamos a nuestros balcones a reconocer el trabajo realizado por el personal sanitario, nuestros héroes y heroínas, aquellos que combatían cada día en los hospitales. Hoy parece que ya nos hemos olvidado de ellos, de todos los que garantizaban  nuestra salud y el mantenimiento del resto de servicios esenciales y trabajaban para que nuestras vidas resultaran lo menos afectadas posibles ante una situación tan excepcional.  

Por buscar algún otro elemento positivo ante el horror provocado por la pandemia, además de las muestras de solidaridad y reconocimiento que expresamos de forma espontánea y colectiva, uno fue, sin duda, la reducción de la contaminación derivada de la considerable disminución de la circulación de vehículos y la menor actividad industrial. En nuestras ciudades se pudo respirar aire limpio. Era enormemente gratificante poder fotografiar Madrid con la sierra de fondo, sin esa fea boina de contaminación que nos mata poco a poco sin darnos cuenta y que mata a nuestro planeta. A pesar de ello, en la Cumbre del Clima, celebrada recientemente en Glasgow, poco hemos avanzando en medidas contundentes para luchar contra las consecuencias del cambio climático que amenaza la supervivencia de nuestro planeta.  

La escasez de mascarillas sanitarias, respiradores y otros elementos imprescindibles para protegernos, nos mostró con contundencia nuestra dependencia de mercados exteriores y nos comprometimos a trabajar para garantizar su suministro sin necesidad de importarlos como también lo hicimos de otros productos estratégicos. Un año y medio después no se percibe que desde la Unión Europea se haya realizado ninguna acción en este sentido. Es más, en los últimos meses y con la reactivación de la economía mundial se han intensificado las consecuencias negativas derivadas de esta dependencia exterior, con la escasez de materias primas y componentes para las industrias, que está provocando la paralización de muchas fábricas de nuestro país; el incremento considerable de los precios de la energía; de los costes del transporte marítimo, etc. 

Todavía tenemos margen para que de esta pandemia podamos salir mejores y más fuertes: protegiendo y cuidando a aquellos profesionales esenciales que se mostraron imprescindibles en nuestras vidas, garantizando unas condiciones laborales dignas y estables; luchando con contundencia contra el cambio climático, garantizando que las futuras generaciones puedan disfrutar de nuestro planeta en unas condiciones óptimas; asegurando la independencia energética de Europa a través del impulso de las energías renovables y de las tecnologías de almacenamiento energético masivo que nos permitan poder disfrutar de las energías limpias las 24 horas del día los 7 días de la semana, reindustrializando nuestro continente buscando ser competitivos; con innovación y tecnología, y en ningún caso rebajando las condiciones laborales y los salarios. 

Europa ha demostrado en esta pandemia el gran potencial que tiene cuando trabajamos juntos, permitiéndonos acceder a las vacunas de forma rápida y masiva, accediendo a importantes recursos financieros para garantizar una pronta recuperación, compartiendo los riesgos para impulsar nuestra economía. Pero también ha quedado en evidencia que es imprescindible rediseñar los mecanismos de gobernanza para agilizar nuestros procedimientos y decisiones, y que estos permitan ir al ritmo necesario para afrontar los retos a los que nos vamos a enfrentar en una realidad con una alta volatilidad donde los cambios se aceleran. La política, los procesos de toma de decisiones, deben de adaptarse, manteniendo todas las garantías, a la rapidez con la que se producen los cambios en la sociedad que nos toca vivir. Ello la permitirá preservar de forma eficaz aquello a lo que sirve el interés común. 

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