Desentrañando el misterio de la hepatitis aguda infantil

Siete respuestas sobre la enfermedad que tanto está preocupando a los padres y cuyo origen es desconocido.
Imagen de archivo de un niño sosteniendo un modelo de un hígado.
Zinkevych via Getty Images/iStockphoto
Imagen de archivo de un niño sosteniendo un modelo de un hígado.

Sin haberse librado aún del susto de la pandemia, muchos padres viven acongojados tras la irrupción de una hepatitis aguda infantil de origen desconocido, que por el momento en la Unión Europea ya deja más de medio centenar de casos, mientras que en Reino Unido, el país más afectado, se han sobrepasado los 100. La OMS confirmó también esta semana la primera muerte de un niño por esta causa.

Según la OMS, se está considerando caso a los pacientes entre 0 y 16 años, que presentan hepatitis grave aguda —inflamación del hígado que requiere ingreso hospitalario y, en algunos extremos, un trasplante— y cuyos análisis descartan que se deba a los virus habituales de la hepatitis (A, B, C, D y E). ¿Cuál es la causa entonces? He ahí el quebradero de cabeza de los científicos.

La única certeza, por el momento, es que se ha descartado que esté vinculada con la vacuna contra el coronavirus o con el consumo de algún tipo de alimento o de medicamentos, dicho por la propia OMS. Se barajan varias hipótesis, pero ya hay un sospechoso al que se mira de cerca: el adenovirus 41. Y mientras se trata de recabar más información para tratar de confirmar esa teoría, los expertos coinciden en pedir cautela y calma.

Estas son las claves y lo que se conoce por el momento sobre esta hepatitis aguda infantil:

¿Cómo se detectó?

Como explica Antonio Rivero, de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) y perteneciente al Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba, todo comenzó así: “El Reino Unido tiene un sistema muy bueno de vigilancia, registran muy bien desde hace muchísimos años todos los casos de cualquier tipo de enfermedad por edades, y se dieron cuenta de que en el periodo entre enero y abril hubo un aumento en el número de casos de hepatitis aguda de origen desconocido comparado con otros años. Alertaron de eso y dijeron ’oye, aquí puede estar pasando algo”.

En países como España, por ahora y según los datos oficiales, no ocurre igual. “Ahora mismo, salvo quizás Israel, Estados Unidos y Reino Unido, el resto de países estarían en una situación que no han visto un aumento significativo de casos en niños desde enero”, incide Rivero.

¿Cuáles son los síntomas? ¿A qué deben estar atentos los padres?

“Las hepatitis en los niños muchas veces comienzan con sintomatología gastrointestinal, con diarrea y vómitos, y normalmente también con fiebre, aunque la mayoría de los casos que ha habido de esta hepatitis no filiada todavía, muchos de ellos no tenían fiebre”, aclara Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo, además de investigador ICREA y jefe del programa de Malaria en ISGlobal, centro impulsado por la Fundación ‘la Caixa’.

“Lo que debería llamar la atención es la ictericia, que la orina tenga coloración como si fuera Coca-Cola o que las heces sean anormalmente blancas”

- Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo

“Lo que debería llamar la atención porque, evidentemente la gran mayoría de síntomas gastrointestinales no serán hepatitis, es la coloración amarillenta del blanco de los ojos y de la piel, la ictericia”, añade. Bassat da otras dos claves muy visuales: que la orina tenga coloración “como si fuera Coca-Cola” o que las heces se descoloren y sean “anormalmente blancas”.

¿Cuál es la causa?

Es la pregunta del millón y la que la Ciencia intenta responder cuanto antes, puesto que por ahora no hay respuesta. Se barajan distintas hipótesis, pero hay una que cobra más fuerza que las demás: que sea un adenovirus el responsable. Pero por ahora, hay que recalcarlo, no es más que una teoría sin confirmar.

“En más de la mitad de los niños se ha encontrado el adenovirus, además de un subtipo específico que es el 41, y eso es altamente sospechoso. Lo que pasa es que los adenovirus en la infancia suelen causar cuadros muy benignos, respiratorios o gastrointestinales pero muy banales y esto son casos graves, que pueden ser incluso peligrosos para la vida del paciente. No está claro si es el adenovirus y si es una versión empeorada y más grave, si es el adenovirus que coexiste con otros patógenos —algunos de los niños habían tenido covid previamente— o si es otra cosa y todavía no hemos sido capaces de descubrirla”, resume Bassat.

Al haber aparecido el adenovirus en varios casos, Raúl Rivas, catedrático del Área de microbiología de la Universidad de Salamanca, explica que se ha puesto el foco en él y se ha pedido “que se busque exhaustivamente en las muestras que puedan aparecer de casos presentes, futuros e incluso casos antiguos para ver si hay una relación”.

¿Y qué es un adenovirus?

“Hay como siete especies de adenovirus que las nombramos de la A a la G. Tienen lo que llamamos serotipos (hay más de cien): el 40 y 41, que es éste que nos atañe, son similares, son adenovirus que denominamos entéricos y son un poquito especiales, son los únicos que forman la especie F”, puntualiza Rivas.

“Todos ellos son muy contagiosos y se pueden contagiar tanto de forma directa como a través de las secreciones de una persona infectada (cuando habla, tose o grita). También puede ocurrir la infección por transmisión fecal-oral, por ejemplo al cambiar un pañal y no lavarse bien las manos, o a través de un objeto contaminado, porque el virus aguanta un poquito de tiempo sobre los objetos inanimados”, agrega.

Los adenovirus pueden causar enfermedades en las vías respiratorias, el intestino, los ojos, el hígado, el tracto urinario y las vegetaciones, también llamadas adenoides. “Cuando llevamos a los niños y el médico te dice ‘Eso es algún virus que está circulando’, muchas veces es un adenovirus”, menciona el catedrático.

“Cuando llevamos a los niños y el médico te dice ‘Eso es algún virus que está circulando’, muchas veces es un adenovirus”

- Raúl Rivas, catedrático del Área de microbiología de la Universidad de Salamanca

Como señala, dentro de los adenovirus, el 40 y el 41 afectan particularmente a niños pequeños. “Lo que pasa es que lo normal es que las infecciones se resuelvan solas con unas ligeras molestias (mucosidad, fiebre, malestar gastrointestinal...), pero sí que es verdad que en pacientes inmunocomprometidos o que han tenido trasplantes pueden ocasionar enfermedades graves. También se ha visto que algunos adenovirus tienen capacidad para generar hepatitis agudas”, recalca Rivas.

El experto aporta otro dato: “Los adenovirus no son estacionales: podemos infectarnos a lo largo de todo el año, aunque sí que es verdad que normalmente los picos de infección suelen darse a finales del invierno y de la primavera, justo en el periodo en el que estamos”.

Además, señala “que haya un cambio con este virus o que sea un nuevo adenovirus el que esté causando esto está todavía por ver pero eso implicaría que habría que empezar a intentar desarrollar algún tipo de defensa, ya sea a nivel de vacuna o de tratamiento antiviral. Es pronto todavía para determinarlo. Para otras hepatitis tenemos vacunas eficaces, pero contra estos adenovirus estamos un poco desnudos”.

¿Por qué se están produciendo casos en niños y no en adultos?

Al no estar clara aún la causa, todo son hipótesis. “Si fuera un virus, hay algunos que tienen especial impacto en población infantil, igual que ocurre al revés, como con el covid. En el caso de tóxicos o de algo ambiental, puede ser algo a lo que estén expuestos los niños”, justifica Rivero.

“Es pronto para saberlo, pero los adenovirus tienen especial incidencia en los niños y, especialmente, en los menores de dos años, por eso hay cierta sospecha de que puedan estar involucrados de alguna forma”, aporta Rivas. Como recuerda, no hay ningún patrón que correlacione los casos en los diferentes países, ni “en cuanto a cuestiones ambientales, alimentarias, de algún medicamento que estuviesen tomando...”. Por eso es bueno que se sigan tomando muestras “para saber, si es que hay un adenovirus, qué tipo y si es el 41, si ha sufrido alguna mutación que favorezca un mayor daño hacia el hígado”.

“Es bueno que se sigan tomando muestras para saber, si es que hay un adenovirus, qué tipo y si es el 41, si ha sufrido alguna mutación que favorezca un mayor daño hacia el hígado”

- Antonio Rivero, de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica

Para Bassat, en el caso de que se confirme que el responsable es un adenovirus, “la gran mayoría de los adultos ya han estado expuestos a ellos y, por lo tanto, ya están de alguna manera protegidos”. “Los niños no y además en los dos últimos años han estado sobreprotegidos, al estar llevando mascarilla y al haber tanta higiene de manos, y esa es otra posible explicación: que un sistema inmunitario al que no lo has expuesto de forma rutinaria a muchos patógenos no es capaz de responder y de defenderse con la misma eficacia que un sistema que sí ha estado expuesto”.

¿Tiene relación con el covid?

Rivero recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha apuntado que debido a la pandemia “los niños han estado menos en contacto entre ellos” y debido al uso de la mascarilla y otras medidas de higiene, “su inmunidad no está entrenada”. Sin embargo, para él, eso no concuerda con que hayan aparecido casos en niños de apenas meses hasta 16 años: “Los de 16 tienen más que entrenada su inmunidad”.

Para Rivas las mascarillas “pueden haber tenido algo de efecto” en el sentido de que los niños hayan estado menos expuestos a patógenos y subraya que con su uso bajaron “muchísimo los índices de gripe y de otros virus", incluidos los adenovirus.

Lo que está descartado es que estas hepatitis puedan estar vinculadas a la vacuna del covid y la especialista de la OMS, Philippa Easterbrook, fue tajante al respecto en rueda de prensa: “No hay nada que indique una relación con la vacuna contra la covid, puesto que una gran mayoría de los niños [en los que se ha detectado la enfermedad] no han recibido esta vacuna”.

“Es absurdo”, dice directamente Rivas. “Las vacunas, me da igual que sea Sputnik, que Jannsen o la de AstraZeneca, estaban basadas en vectores recombinantes de adenovirus, pero eran adenovirus diferentes”, añade.

“No hay nada que indique una relación con la vacuna contra la covid, puesto que una gran mayoría de los niños [en los que se ha detectado la enfermedad] no la han recibido”

- Philippa Easterbrook, especialista de la OMS

“Para empezar, la de Sputnik sí que es verdad que eran adenovirus humanos pero eran el 5 y el 26. La de Jannsen era el 26 y la de AstraZeneca ni siquiera era humano, era un adenovirus de chimpancé”, detalla.

Según el catedrático, “lo que sí que es cierto es que parece que también algunos de los niños habían sufrido infección por el SARS-CoV-2. Algunos la habían pasado, otros la estaban pasando e incluso algunos se detectó la coinfección entre adenovirus y SARS-CoV-2. ¿Puede haber una relacion? Es posible, pero de momento no lo sabemos”. De igual manera, se desconoce si la infección de SARS-CoV-2 puede ser la responsable de haber debilitado el sistema inmunológico de los niños y “predisponer a una infección por adenovirus que cause un mayor daño conjunto”.

¿Con qué mensaje tienen que quedarse los padres?

Los expertos coinciden en mandar un mensaje de calma y prudencia y, de hecho, varias asociaciones pediátricas de España han pedido “cautela y serenidad”. “Yo creo que ahora mismo los que tienen que estar atentos y preocupados son los pediatras y los epidemiólogos, que ahora tienen que investigar y entender qué está pasando. Los padres no deberían preocuparse; han sido casos graves y evidentemente eso siempre preocupa, pero han sido menos de 200 casos en los últimos cuatro meses, con lo cual no deja de ser una cosa relativamente pequeña. Yo no lanzaría ningún mensaje de alarma a nivel poblacional y simplemente dejaría que los médicos y los investigadores hagan su trabajo”, opina Bassat.

Rivero recalca que ahora En España lo que se está haciendo es registrar todos los casos de forma retrospectiva, el estudio epidemiológico, microbiológico y toxicológico, además de una vigilancia estrecha: “Si se encuentra la causa, se puede establecer un diagnóstico, establecer las vías de transmisión y unas medidas preventivas. En último término, también un potencial tratamiento. Pero lo fundamental es identificar por qué se están produciendo”.

“No estamos en una situación de aumento del número de casos, por lo tanto ahora mismo, absoluta prudencia. No es para una alerta ni mucho menos lo que tenemos ahora mismo”, tranquiliza.