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05/04/2021 11:57 CEST | Actualizado 05/04/2021 12:00 CEST

No, un hombre maltratador no es un "enfermo"

El documental de Rocío Carrasco está dejando entrever la necesidad de una educación y una mayor concienciación contra el machismo.

GTRES
Rocío Carrasco y Antonio David Flores en 1996.

La emisión del cuarto y quinto capítulo de Rocío, contar la verdad para seguir viva, en Telecinco, ha abierto un nuevo debate. Tras conseguir la semana pasada que miles de mujeres españolas identificasen qué es la luz de gas —un tipo de maltrato muy sutil—, este domingo el documental ha puesto sobre la mesa otro problema en torno a la violencia machista: ver como enfermos a los maltratadores. 

Pero tanto las expertas en violencia de género dentro de plató como muchos usuarios en redes sociales han advertido sobre el peligro de llamar “enfermo” al supuesto maltratador. Hacer de la violencia machista una patología significa alejarla de la idea de que se trata de un problema estructural y lleva a pensar que los agresores son unos “desequilibrados” y unos “locos”.

Llamarlos “enfermos”, animalizarlos o decir que son “monstruos” supone excusarlos de algún modo de su comportamiento

Llamarlos “enfermos”, animalizarlos o decir que son “monstruos” supone excusarlos de algún modo de su comportamiento. No. Estos maltratadores son hijos sanos del patriarcado, como ya se ha señalado en varias ocasiones por parte de las feministas. Hombres de los que alguien algún día se enamoró, “buenos padres” para algunos —como lo ha sido Antonio David para una gran parte de España durante los últimos 20 años—... Y sí, están en la calle. Pero también los hay en las instituciones, en la televisión, en el cine, dentro de nuestras familias… 

Seguramente crecieron viendo porno en el que se denigra a la mujer. Alguien les dijo alguna vez que las chicas de su clase no podían jugar con ellos al fútbol. Tenían que coser. Luego el cine y los libros les enseñaron que las mujeres eran el sexo débil. Que las que disfrutaban de su sexualidad eran unas “zorras”. Años después, pensaron que sería divertido pagar por consumir mujeres en un burdel. Llegó un influencer con miles de seguidores haciendo apología de la violación. Y después, cuando estas posiciones fueron señaladas, aparecieron quienes las defendían como si fuese humor. Con una violación cada siete horas en España y en un país donde una de cada dos mujeres ha afirmado haber sufrido algún tipo de violencia. 

Según las cifras oficiales, 1.083 mujeres han sido asesinadas por violencia de género en España. Esto significa que más de 1.000 hombres asesinaron a sus parejas o exparejas desde ese año. No eran enfermos. No eran monstruos. Muchos eran el típico “chico majo que siempre saludaba”, según afirma algún vecino a la cadena de televisión de turno en la puerta del lugar donde se ha producido el asesinato. 

No es un problema patológico. Es un problema social y político. Por eso hay que abordar el machismo desde los primeros años de la educación, desde la política, la cultura, los medios de comunicación… Es un problema de todos. No de unos cuantos enfermos.

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