POLÍTICA
18/04/2021 09:49 CEST | Actualizado 19/04/2021 09:50 CEST

Hosteleros que desmontan el mito de Ayuso como su ‘patrona’

Echan en falta ayudas directas al sector y aseguran que sobreviven a duras penas: "En febrero, mi sueldo fueron 32 pavos".

SERGI GONZÁLEZ
Belén, copropietaria del bar La Lata de Cascorro.

Lo pusieron un Lunes Santo y el Domingo de Resurrección, el ‘fenómeno’ estalló en redes socialesBelén, copropietaria del bar La Lata de Cascorro, casi se ha hecho famosa a su pesar por colgar un cartel en la cristalera de su local en el que se desvinculaba del discurso mayoritario del sector de la hostelería en defensa de la gestión del Gobierno de la Comunidad de Madrid en pandemia.

“Lo sentimos… si en algo nos equivocamos, la culpa es de Ayuso”, reza el cartel principal, acompañado de otros dos en los que se critica que el Gobierno regional no haya dado ayudas directas a la hostelería, y que la partida de ayudas del Gobierno central se retrase por la convocatoria de elecciones el próximo 4 de mayo.  

“Decidimos ponerlo en la cristalera hartos de la glorificación que se estaba haciendo de la señora Ayuso y del Partido Popular como patrones de la hostelería”, explica Belén, que regenta este bar en el madrileño barrio de Lavapiés desde hace cinco años. 

Los centenares de reseñas, fotos, tuits y retuits generados en torno al cartel le han traído críticas, pero sobre todo apoyos. “El otro día se acercó una vecina a traerme una rosa para darnos las gracias”, cuenta la copropietaria de La Lata. “Está viniendo gente de otros barrios, nos están llamando por teléfono… el apoyo es mayoritario”, afirma.

SERGI GONZÁLEZ
Cartel en el bar La Lata.

Belén sabe además que otros hosteleros comparten postura con ella. “No somos los únicos que pensamos así… pero mira lo que pasa cuando lo dices”, señala. 

Lo que pasa es que, aparte de la solidaridad que ha recibido de muchas personas, hay otras que no se lo han tomado tan bien, y a través de mensajes en redes han acusado a los dueños de La Lata de ser unos vagos y no querer trabajar. “No es que queramos estar cerrados; obviamente, no queremos que haya un virus”, exclama Belén. “Si alguien quiere saber la verdad, que vengan y que pregunten a la gente del barrio si somos unos vagos”, dice.

“Lógicamente, nosotros vivimos de esto y estamos agradecidos de poder trabajar, por supuesto, incluso poniendo en riesgo nuestra vida y con muchos mareos. Pero bueno, estamos sobreviviendo. Y lo estamos haciendo sin ayudas”, afirma Belén.

Hay una idea de que la Comunidad ha apoyado a tope a la hostelería cuando, en realidad, poco ha hecho por ella

No hay que irse muy lejos de La Lata para encontrar a otros hosteleros que piensan como ella. Pamela, dueña del bar Calvario, calcula que podrá aguantar como mucho tres meses más con su local abierto si las circunstancias no cambian. Hasta ahora ha ido tirando de sus ahorros, pero “el dinero que tenía guardado también se acaba”, dice. El 50% de aforo con el que puede abrir su bar 75% en caso de tener terraza— no le llega para mantenerse si no puede acceder a otras facilidades. 

“Hay una falsa concepción de que la Comunidad de Madrid ha ayudado a la hostelería sólo por el hecho de dejarla abrir en condiciones que realmente no son óptimas para nuestro trabajo”, sostiene Pamela. “Nuestra posibilidad de trabajar se ha visto reducida y no se nos ha compensado”, lamenta.

Pamela, que regenta el bar Calvario desde hace casi seis años, ya ha perdido la esperanza de recibir ayudas directas, pero echa en falta “qué sé yo… reducciones de la cuota de autónomos o aplazamientos en el IVA o cualquier otra cosa que nos pueda ayudar a seguir avanzando”, dice. “Hay una idea de que la Comunidad ha apoyado a tope a la hostelería cuando, en realidad, poco ha hecho por ella”.

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Pamela, propietaria del bar Calvario.

Tanto Belén como Pamela conocen casos cercanos de negocios que “se han caído por el camino” en esta pandemia, en la Comunidad de Madrid, “porque quizás no les han dejado poner alguna mesa fuera o porque no les han dado ni cien euros de ayuda”, cuenta Belén, o porque “esperaron un par de meses las ayudas pero no llegaron, y no pudieron soportarlo”, añade Pamela. Ninguna de ellas ha podido acogerse a ayudas más allá de la prestación por cese de actividad que se dio a los autónomos durante los tres primeros meses de estado de alarma. “Pero de la Comunidad de Madrid, ninguna. Las que ofrecieron, si se ofrecieron en algún momento, eran prácticamente imposibles de alcanzar”, cuenta Pamela. “No es oro todo lo que reluce”, apostilla Belén.

Madrid, la única comunidad que todavía no ha dado ayudas directas a la hostelería, se escuda en que la mejor ayuda es permitir que abran los bares y restaurantes. Para muchos hosteleros, esto no basta. 

Sí, nos permites abrir, muchas gracias y genial todo. Pero no es suficiente. Parece que ya está todo hecho y que este Gobierno es nuestra salvación. Pues no

El Gobierno regional sí ha aprobado ayudas indirectas, en forma de avales o préstamos, y argumenta que tiene una partida de 85 millones de euros reservada para ayudas directas a este sector. Pero a falta de un acuerdo de presupuestos regionales y con la convocatoria anticipada de elecciones, los hosteleros y pymes tendrán que esperar. “Sí, nos permites abrir, muchas gracias y genial todo. Pero es que no es suficiente. Y el hecho de que estemos abiertos parece que tapa todo lo demás”, lamenta Belén, de La Lata. “Parece que ya está todo hecho y que este Gobierno es nuestra salvación. Pues no”, remacha. 

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Renzo, propietario del bar Astro Zombie Bar.

Renzo, propietario del Astro Zombie Bar desde hace dos años y medio, ha buscado debajo de las piedras para poder acogerse a alguna ayuda y, de momento, nada. “En febrero, mi sueldo fueron 32 pavos. Me compré una almohada y una cajita de calcetines. ¿Y a quién se lo tengo que agradecer? A nadie. A mí, por partirme el lomo”, dice.

Pamela lo intentó en junio solicitando al Ayuntamiento un permiso para poder poner un par de mesas fuera, a modo de terraza. Le contestaron ocho meses más tarde, en febrero de este año, con una respuesta negativa que, según cuenta, tampoco se correspondía con lo que ella había pedido. “Para tener que esperar otros ocho meses, no he vuelto a hacer el trámite”, se resigna.

Estamos a merced de nuestros caseros y de nuestros clientes. Mientras tanto, seguimos pagando las mismas cuotas y los mismos impuestos

Si ahora sobrevive es gracias a que la casera de su local le ha reducido el alquiler estos meses de pandemia. “Tengo muchísima suerte”, agradece la mujer. “Pero tampoco hay una normativa que a los propietarios les dé facilidades con sus hipotecas. Estamos a merced de nuestros caseros y de nuestros clientes”, dice. “Mientras tanto, nosotros seguimos pagando las mismas cuotas y los mismos impuestos”.

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Detalle del Astro Zombie Bar.

Pamela tenía una trabajadora que finalmente se ha dardo de baja porque con la prestación que recibía del ERTE no le alcanzaba. En La Lata, han pasado de ser once empleados a ser nueve, dos de ellos todavía afectados por el ERTE. Renzo, del Astro Zombie Bar, siempre ha trabajado solo, pero ahora tiene un empleado que lo cubre mientras él está de baja por paternidad. 

Si ahora se mantiene es precisamente gracias a esa baja, y a que pudo negociar el alquiler del local con su casera, que le ha permitido no pagarlo mientras duren las restricciones. “Honestamente, no sé cómo ha hecho otra gente. Pero es que bajo los términos con los que me están dejando trabajar, solamente estoy trabajando para seguir pagando impuestos”, dice. “Pago mis impuestos desde que abrí el bar hace tres años, y parte de esos impuestos van a ayudas. Si gente como [del sector de] los toros recibe ayudas, ¿por qué yo, que quiero seguir trabajando pero no puedo, no recibo algo que me blinde para no tener que seguir sangrando?”, se pregunta el dueño del Astro Zombie.

Si gente como el sector de los toros recibe ayudas, ¿por qué yo, que quiero seguir trabajando pero no puedo, no recibo algo para no tener que seguir sangrando?

Renzo admite que algunas personas de su gremio, aun siendo de izquierdas, celebran la gestión del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso por haber sido mucho más laxa que otras comunidades en las restricciones a la hostelería. Pero él no compra este discurso. “Cuando te pilla una pandemia, todo se va a la mierda y te dan algún tipo de luz, la que sea, pues te agarras a eso. Entiendo las posiciones de todo el mundo, pero yo tengo la mía”, dice. 

“No creo que nadie sea el patrón de la hostelería, ni que ninguna autoridad competente nos haya salvado la vida”, opina Renzo. “Si estás cerrando mi puesto de trabajo, no digo que me des pasta, pero sí algo que me permita seguir comiendo, y eso no ha pasado”, lamenta.

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Detalle del Astro Zombie Bar.

Renzo describe su manera de sobrevivir a la pandemia “como un tetris al principio, y luego como un ajedrez”. Su bar, pequeño, sin terraza y con “alma rockera”, no ha podido adaptarse del todo bien a las medidas actuales por el covid. 

Antes de la pandemia, sus clientes solían llegar en torno a las 11 de la noche, hora a la que actualmente empieza el toque de queda en la comunidad. “Mis horas más fuertes de trabajo están muertas, y no hay forma de readaptar eso. No me voy a poner a vender papas fritas ni ensaladas. El lema del bar es ‘el mejor rock and roll del planeta en el corazón de Madrid’. No te voy a vender la mejor hamburguesa del planeta en el corazón de Madrid”, explica.

Moví todas las fichas para que el proyecto que tengo siga funcionando incluso así. Pero es dificilísimo

Renzo asegura que si sigue abierto es por sus ganas y su impulso, “no porque nadie me haya echado un cable en nada”. “Moví todas las fichas para que el proyecto que tengo siga funcionando incluso así. Pero es dificilísimo”, reconoce.

“Que otros sitios lo estén haciendo como el ojete no quiere decir que aquí se esté haciendo bien”, argumenta el propietario del Astro Zombie. “Y no me dejo engañar. No te voy a aplaudir para que me des chuches, como cuando se las das al perro. Respeto la posición de cada uno, porque cada negocio es un mundo y cada uno ha peleado su batalla. Pero yo sigo peleando la mía, y seguramente me quedará para rato”, señala. 

Renzo es realista con su situación y, aunque cada día le da mil vueltas a las posibilidades de su local, sabe que una de ellas es bajar la persiana. “¿Que si me he planteado cerrar? Por supuesto. Una y mil veces”, contesta. “Lo digo con el dolor de mi corazón, pero si veo que esto no tira, lo cierro. Fin de la historia. No me voy a endeudar”. 

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