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13/03/2021 10:15 CET | Actualizado 13/03/2021 10:15 CET

Hoy hace 50 años que naciste, querida Carme

Fuiste ejemplo no solo en las victorias sino también y, sobre todo, en las derrotas.

GTres
Carme Chacón en un comité del PSOE en 2015.

Hoy hace 50 años que naciste, querida Carme. Con una cardiopatía congénita y con unas ganas inmensas de vivir, conquistaste espacios de poder que no estaban destinados a una mujer, mucho menos catalana y embarazada. Tu narrativa de vida se puede construir mejor en torno a la metáfora de despegar los pies del suelo que de romper el techo de cristal: viniste de la cultura del esfuerzo, del pueblo y era con la gente como más brillabas, como mejor te sentías.

Es cierto que la imagen pasando revista a los militares en tu nombramiento como Ministra de Defensa sigue en la retina de millones de españoles, pero esa imagen no fue ni mucho menos el cénit ni el destino de nada. Fue uno más de tantos pasos firmes y decididos que diste, soportando los insultos y monsergas de una derecha enfurecida por este terreno conquistado en favor de la igualdad entre hombres y mujeres.

Me gustaría que pudiéramos hablar sobre el convulso panorama político español y también que, vino blanco mediante, celebráramos la explosión de vida y de lucha que estamos viviendo en los feminismos. Sé que te hubieras alegrado mucho por la pelea de las compañeras argentinas a favor de la despenalización del aborto o por la toma de palabra de miles mujeres acosadas en la industria del cine y en tantas otras. Hubieras disfrutado mucho con tanta vida reivindicada, desbordante y convulsa.

Tus pasos siempre fueron firmes, también cuando las críticas venían de tus propios compañeros y compañeras de partido

Tus pasos siempre fueron firmes, también cuando las críticas —muchas de ellas profundamente machistas— venían de tus propios compañeros y compañeras de partido. Supiste resistir y plantar cara a una estructura pensada por y para los hombres y te pusiste enfrente de aquellos y aquellas que entendían que el poder se conjugaba en primera persona del singular y cuyo género tenía que ser necesariamente el masculino. Entendiste muy bien la importancia de los equipos, del feminismo y de ejercer el poder con afecto y firmeza.

Querida Carme fuiste ejemplo no solo en las victorias sino también y, sobre todo, en las derrotas, que como tú misma señalabas “nunca se debían dar por perdidas”. Los que tuvimos la fortuna de contar con tu amistad, sabemos que la lealtad y la alegría de vivir eran de tus mejores cualidades; una vida vivida en plenitud, unos años llenos de vida que supiste disfrutar y que pudiste conquistarle a tu corazón.

Es difícil acostumbrarse a tu ausencia. Sigue doliendo y, la verdad, es difícil asumir que nunca más podremos tomarnos un vino o reírnos de bromas absurdas. Es complicado pensar que ya no podremos disfrutar de la vida bailando o soñando. Pero, a pesar de ese dolor, estoy feliz porque viviste la vida como quisiste e intensamente, disfrutaste, reíste y soñaste. Tus años estuvieron cargados de vida, y tu legado es y será muy importante para la lucha de tantas mujeres, de tantas personas oprimidas.

Estos meses he tenido la oportunidad de dar unas charlas a chicos y chicas de educación secundaria y de formación profesional sobre autoestima, autoconcepto, estereotipos y prejuicios. En la última diapositiva de la presentación aparecías tú con una fantástica frase que nos legaste: “quiero pensar que cada derrota que no doy por perdida es una victoria de mañana”. No sabes lo feliz que me hizo poder compartir tu legado con adolescentes, hablarles de tu capacidad de superación y de cómo rompiste estereotipos con tu ejemplo. No podía evitar sonreír cuando veía que alguna chica miraba atenta a aquella mujer que aparecía en la pantalla imaginando que ella también podría llegar hasta donde tú llegaste. Gracias también por eso, mi querida Carme.

Te echo de menos.

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