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Ibon Martín, de las guías de viajes al boom del ‘thriller’ vasco

El creador del género ‘euskandinavo’ publica ‘La danza de los tulipanes’: “Por muy negra o truculenta que sea una novela, la realidad siempre la va a superar”.
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Ibon Martín, en la ría de Urdaibai (Vizcaya), donde está ambientada su novela 'La danza de los tulipanes'.

Lo mismo da indicaciones en inglés a unos turistas en el aeropuerto de Bilbao que se pone a charlar en euskera con uno de los guardas de San Juan de Gaztelugatxe sobre la famosa ermita vasca. Se nota que Ibon Martín (Donosti, 1976) fue, durante muchos años, escritor de guías de viajes y rutas por el País Vasco. Y ese pasado como “experto en rutas” le sigue persiguiendo tanto en su día a día como en su última novela, La danza de los tulipanes (Plaza & Janés).

“A la hora de escribir, primero pienso en el emplazamiento y luego en la trama. Muchas veces llego a un lugar y digo: ’¡Qué ganas tengo de traer una historia aquí!”, confiesa el escritor.

Esto fue justo lo que le pasó con el entorno de la reserva de Urdaibai, en Bizkaia, donde se cometen una serie de misteriosos asesinatos que son el punto de partida de su nuevo thriller. “En esta novela te metes de lleno en la vida vasca, en un punto de la costa donde todo el mundo se conoce”, describe el autor. “Además, me encanta la vida de bar; soy un puto cotilla y allí cojo muchas ideas”, puntualiza, con humor.

Aparte de la prensa digital, que revisa todas las mañanas, esa “vida de bar” ayuda a Ibon Martín a mantenerse al día. En La danza de los tulipanes habla de redes sociales y de morbo, de sexismo y violencia machista, de bullying, de La Manada… “Soy muy periodista de alma”, admite, y “las comparaciones con la actualidad surgen”. “A veces me han criticado que el libro vaya a quedar desactualizado al mencionar cosas del momento… Pero es que me sale así de natural; en cualquier conversación que escuches, salen temas del momento”, argumenta.

A lo largo de las páginas del libro aparecen maltratadores, monjas que ocultan crímenes y muertes retransmitidas en Facebook que, “por desgracia, podrían estar basados en hechos reales”. “La realidad supera la ficción”, comenta serio el autor. “Cuando escribo algo, mi reacción suele ser: ‘¡Buah, me he pasado! Esto no va a ser creíble’. Pero inmediatamente, a la mañana siguiente, lees la prensa o pones la radio y te das cuenta de que nunca te pasas. Lo que ocurre fuera siempre es mucho más terrible que lo que puedas contar en una novela de suspense. Por muy negra o truculenta que sea una novela, la realidad siempre la va a superar”.

“Poder generar miedo con unas imágenes de Facebook es una forma de terrorismo moderno”

La retransmisión en directo de un asesinato en redes sociales es uno de esos ejemplos. “Ese capítulo ya estaba escrito, mi editora, Virginia, ya lo había leído, y de repente me llega un WhatsApp suyo: ’¿Has visto lo que ha pasado en Nueva Zelanda con la mezquita?”, recuerda Ibon Martín. “Aquel hombre que entró emitiendo en streaming cómo mataba a la gente… Esas cosas las estamos viendo continuamente”, reflexiona. De hecho, en la novela aparece una profesión “espeluznante pero real”: la de revisor de contenidos de Facebook, encargado de evaluar qué publicaciones son o no apropiadas. “La gente que trabaja ahí siempre se queja de lo vulnerables que son. Al final, están delante de una pantalla y ante sus ojos desfilan cosas que nadie querría ver. Es terrible”, comenta el autor.

Pero no sólo lo ven ellos, sino también las miles de personas que pinchan en esos vídeos sólo por morbo. “El contenido de internet nos hace estar más informados, pero al mismo tiempo valoramos menos lo que estamos viendo. Vemos las cosas con una deshumanización total”, reflexiona. “El streaming de Facebook muestra desde ejecuciones del Estado Islámico hasta asesinatos de bandas de narcos mexicanos. Es una herramienta muy buena: el poder generar miedo con esas imágenes es una forma de terrorismo moderno”.

“Me resulta un ejercicio mucho más creativo meterme en la mente de una mujer”

Para imaginar los crímenes de sus novelas, Martín no necesita ver vídeos truculentos. El autor cuenta que cuando va de vacaciones con su familia, no deja de ver “escenarios magníficos” en los que piensa: “Mira, ahí podría pasar…”. “A veces me da miedo”, reconoce. “Me gusta mucho jugar con la belleza de los lugares y el horror de lo que puede ocurrir ahí. Entonces llega un momento en el que cuando ves algo bello, piensas ’¿cómo podría meterlo en una novela?”.

Luego sale a nadar y se olvida de todo. “Ese es mi truco”, confirma Martín, el mismo que aplica la protagonista de su última novela, la ertzaina Julia: “Todas las noches, cuando llega a casa y se lleva a cuestas todos los casos con los que ha empatizado muchísimo, Julia se va a nadar para formatear la mente”.

Precisamente el hecho de que sus protagonistas sean mujeres llama la atención a muchos. “A la hora de escribir consigo meterme mejor en la piel de una mujer que de un hombre. Creo que me ayuda a poner distancia conmigo mismo”, sostiene el autor. “Por ejemplo, para escribir sobre Julia y los capítulos de la zona de Mundaka me fui a vivir una temporada allí. Si estoy viviendo en la casa de Julia y escribo desde un punto de vista masculino, al final estoy escribiendo casi sobre mí”, explica Ibon Martín. “Me resulta un ejercicio mucho más creativo meterme en la mente y en la forma de pensar de una mujer”.

Del género ‘euskandinavo’

Inspirado por los thrillers escandinavos y por las semejanzas entre el País Vasco y el mundo nórdico, Ibon Martín se lanzó a la literatura de suspense con la saga Los crímenes del faro, compuesta por cuatro novelas editadas por él mismo. De ahí surgió el término ‘euskandinavo’, que se le ocurrió un día entre amigos y que, confiesa, le “entusiasma”. “Creo que si comparamos mis novelas con las de algún nórdico, cambian algunos paisajes, pero el tipo de karma que se respira es muy parecido”, afirma.

Así se dio a conocer en su tierra, pero ahora da el salto al panorama nacional (y quizás internacional) de la mano de Penguin Random House, pese a sus reticencias iniciales a publicar con una ‘gran editorial’. Finalmente, no se arrepiente de haber dado el paso: “Esta es la novela con la que más a gusto me he quedado. Hay un salto entre lo que había escrito anteriormente y esto, y ha sido gracias a [mi editora] Virginia”. Ella sólo tiene palabras de halago hacia el autor y de sorpresa por el boom que, sospechan, se les viene encima: “Las primeras ediciones anticipadas desaparecían en días de la oficina. Se tuvo que reimprimir dos veces más. Nunca habíamos recibido tanto feedback”.

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