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13/07/2020 08:55 CEST | Actualizado 13/07/2020 08:55 CEST

"Ideología de género"

Quien define su posición ideológica y su acción política sobre un modelo conservador necesita al machismo como esencia y como argumento.

ilbusca via Getty Images
Antigua ilustración que representa al Caballo de Troya. 

Lo de la derecha y la ultraderecha no deja de ser curioso, para ellas la ideología tiene género, las cuotas tienen género, las “denuncias falsas” tienen género, los “chiringuitos de las subvenciones” tienen género, los cuidados tienen género, la incapacidad y la debilidad tienen género… pero “la violencia no tiene género”.

En el fondo, reconocen la existencia de una construcción social y cultural que permite asociar determinados elementos a la idea que se tiene de lo que es un hombre y de lo que es una mujer, y que a partir de esas ideas se definen las funciones, los roles y los espacios propios de hombres y mujeres. Luego todo ello se refuerza con los estereotipos y el control social para que la reputación y el reconocimiento  gestionen los límites para unos y para otras, de manera que todo parezca dentro de la normalidad, aunque la realidad se manifieste a través de la injusticia de la desigualdad, y se traduzca en una sobre-representación de los hombres en los puestos de poder, y de las mujeres en el terreno de lo precario con brechas en el cuerpo y en las relaciones a la hora de disfrutar de sus derechos.

Para el machismo, que los hombres ocupen la mayoría de los puestos en los espacios de toma de decisiones, es igualdad; que cobren un 20% más que las mujeres el hacer el mismo trabajo básico, es igualdad; que tengan un 34% más de tiempo libre que las mujeres cada día, es igualdad; que el modelo de reconocimiento sea el que ellos han impuesto y se centre en lo masculino, es igualdad… En cambio, que las mujeres y el feminismo cuestionen esa realidad, que critiquen la construcción social que ha dado lugar a ella y la refuerza a diario, y que reivindiquen modificarla para alcanzar la justicia social que la discriminación ha evitado, es desigualdad.

Las religiones siempre han jugado un papel fundamental en la defensa del modelo machista.

Y no es un error, sino la forma de defender esos privilegios que sitúan lo masculino en el centro, a los hombres decidiendo y al tiempo de su lado. Sin presencia, capacidad, modelo y oportunidad, que es lo que han dejado para las mujeres, nada puede cambiar.

Por ello atacan de forma tan beligerante a la igualdad y al feminismo, porque su estructura jerarquizada de poder está levantada sobre la injusticia de la desigualdad, y sobre la mentira de lo masculino. Y la única forma de “normalizar” esa construcción social es naturalizarla, es decir, presentarla como una consecuencia del “orden natural”, para que parezca que la decisión viene de manos de una naturaleza que ha hecho a hombres y mujeres diferentes con el objeto de que lleven a cabo funciones distintas, y luego decidir que eso debe traducirse en limitación de derechos y oportunidades.

Para el machismo su forma de construir las relaciones sociales en todos sus espacios, no sólo en lo privado, es lo “natural” y lo “normal”, y presentan ese marco de significado como “neutral”, es decir, sin carga ideológica, sin objetivos definidos, sin defensa de intereses, sin refuerzo de posiciones… A partir de ese planteamiento, todo aquello que lo cuestiona es considerado como un ataque al modelo de convivencia, o sea, a la normalidad, o lo que es lo mismo, al propio orden natural. Y se presenta, no como una crítica al modelo ni a quienes lo hacen posible para mantener sus privilegios, sino a todo el orden dado y a los propios designios de la naturaleza, y de manera indirecta contra el responsable de la misma desde la trascendencia divina, por eso las religiones siempre han jugado un papel fundamental en la defensa del modelo machista, y por ello en la actualidad parte de los ataques contra la igualdad y el feminismo se hacen desde posiciones religiosas.

Quien define su posición ideológica y su acción política sobre un modelo conservador necesita al machismo como esencia y como argumento.

Al hablar de “ideología de género” buscan dos objetivos, por un lado, esconder al machismo como una construcción ideológica bajo una aparente “neutralidad”, y así limitarlo a determinadas conductas, cuando en realidad el machismo es esa cultura de “normalidad”. Y por otro, presentar las críticas al machismo como parte de una posición interesada que busca privilegios y “chiringuitos” sobre la destrucción del orden histórico, y de las instituciones y referencias que la sociedad se ha dado: familia, valores, tradición, costumbres, creencias… no como un avance para superar la deuda histórica con los Derechos Humanos, que aún tiene pendiente a la igualdad.

Quien define su posición ideológica y su acción política sobre un modelo conservador necesita al machismo como esencia y como argumento, por eso no es extraño que, siendo una cuestión cultural, sean los partidos de la derecha y la ultraderecha quienes hacen política con él. Saben que pueden plantear la defensa de la patria con el ejército y de lo comportamientos del día a día con la policía, pero su modelo cultural sólo puede ser defendido por medio de su “ideología de género machista”.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor.