Mafalda, la rebelde de la sopa con la que Quino sigue conquistando el mundo

Mafalda, la rebelde de la sopa con la que Quino sigue conquistando el mundo

El humorista gráfico, fallecido este miércoles a los 88 años, dibujó hace 50 años un personaje que, muy a su pesar, hoy sigue vigente. Sus preguntas de 1964 se adaptan perfectamente a 2020.

quino

“La Mafalda es un dibujo, no es una persona de carne y hueso. Pero a veces me tratan como si hace 26 años hubiera matado a un grupo de nueve personas, los nueve personajes de la tira. A veces me tratan como si fuera un asesino”.

Basta leer estas palabras que Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón) pronunció en 1999 para darse cuenta de lo que Mafalda significó para su generación y las posteriores. El humorista gráfico argentino, fallecido este miércoles 30 de septiembre a los 88 años, sólo le dedicó 10 años de su carrera profesional (de 1964 a 1973), pero fueron suficientes para que la niña que quería “resolver el dilema de quiénes son los buenos y quiénes los malos en el mundo”, como él mismo la describía, se convirtiese en un icono a nivel mundial.

Sus historias, recogidas en 11 libros, numerados de 0 a 10, y también en un único volumen —Mafalda. Todas las tiras (2011)—se han traducido a más de 20 idiomas y sus viñetas están hoy tan de actualidad como cuando la dibujó por primera vez en 1962. Fue para un anuncio publicitario que no llegó a salir, su primera tira en realidad se publicó el 29 de septiembre de 1964. 50 años más tarde, todas las viñetas publicadas hasta entonces y otros inéditas se se recopilaro en el especial Todo Mafalda (2014). En  2018 vio la luz la recopilación en torno al feminismo Mafalda. Femenino singular, y en 2019, Mafalda. En esta familia no hay jefes.

  Viñeta de despedida de Mafalda en 1973.

“Está vigente porque todo lo que denuncia sigue igual. El mundo que él disecciona de forma tan dura y con tanta tristeza y profundidad estaba de actualidad cuando empezó a trabajar y lo sigue estando ahora. Ahí está la paradoja de su obra”, explica Judith Gociol,  Coordinadora del Archivo de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional. 

“Quino era un cómplice que desde Argentina nos pintaba cosas que aquí en España no se podían decir. Quino encontró, a través de este grupo de niños pequeños, la posibilidad de expresar problemas universales relativos a la pobreza, la lucha de clases, el hambre en el mundo, la desigualdad… El truco de Quino fue utilizar a unos niños para expresar grandes preguntas universales, formuladas con mucho humor, ternura y picardía”, explica el humorista gráfico Peridis que, con 79 años y casi 45 de carrera como dibujante, reconoce en el argentino su principal fuente de inspiración en sus inicios. 

El truco de Quino fue utilizar a unos niños para expresar grandes preguntas universales, formuladas con mucho humor, ternura y picardía
Peridis, humorista gráfico

Raquel Riba Rossy, creadora del personaje de cómic Lola Vendetta, no sabe decir si Mafalda es su único referente pero sí que le ha inspirado en su carrera. “Yo era una niña que leía a Mafalda y me identificaba con ella. No entendía los temas más universales pero me gustaba, por ejemplo, el tema de las mujeres. Ponía de manifiesto cosas que al final eran muy feministas en un momento en que el feminismo no estaba en boga”, explica la artista de 30 años, para la que parte del éxito de esta historia es que el lector puede encontrar fácilmente similitudes entre los personajes de Mafalda y su círculo cercano. “Todos tenemos una amiga que es Susanita”, añade.

“Mafalda aportaba muchas cosas. Era rebelde en casa porque no le gustaba la monotonía de la sopa, pero sobre todo hacía preguntas. Se preguntaba sobre las injusticias, sobre los peligros que amenazaban la tierra, sobre la relación padres e hijos, y sobre la mujer. Dicen que ha sido la primera niña feminista, y es posible”,  apunta Peridis, que concluye destacando que “lo más importante de Mafalda era su impertinencia y su curiosidad”. 

Cambió la forma de ver el mundo y, en cierto modo, la forma de dibujarlo. Quino, que abandonó la carrera de Bellas Artes dos años después de empezarla, también influyó en las viñetas de prensa. “Para mí, a parte de haber sido una iniciación al cómic, Mafalda supuso el descubrimiento de la tira gráfica de prensa, del chiste en tres viñetas. Además, supuso una iniciación a la política en esencia, a los planteamientos ideológicos”, cuenta el humorista gráfico Pedro Sabiote, que insiste en ir más allá de Mafalda: “Tiene viñetas de un solo dibujo y comentarios que son geniales. Mafalda ha secuestrado al resto de su trabajo, que son obras increíbles en dibujo y contenido”.

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“Si la dibujara hoy, probablemente, Mafalda sería hija de una familia ensamblada. Es una problemática que me atrae: hijos de dos papás o dos mamás, ver cómo se crían”, contó Quino en una entrevista en 2013. Si era así el entorno familiar de Mafalda es porque así era la típica familia de clase media argentina de esa época. “Ese micromundo le sirvió para hablar de un mundo mucho mayor. Desde lo doméstico salió realmente al mundo”, explica la argentina Judith Gociol, sobre el hogar compuesto por un padre corredor de seguros, una madre ama de casa (pero licenciada) y dos hijos, Mafalda y Carlitos.  

“Se quedó en el corazón de la gente, probablemente porque habla de temas eternos: las relaciones entre padres e hijos, entre amigos. La suya es una familia como la que muchos chicos tienen. Aunque la clase media ha cambiado mucho”, reflexionaba sobre su éxito el propio Quino en esa misma entrevista de 2013. Tal es la dimensión que en tiempos de redes sociales Mafalda acumula en su cuenta en Facebok 6,5 millones de seguidores. La de Twitter cuenta con más de 130.000. Su relevancia la llevó, el día del fallecimiento de su padre Quino, a acompañarlo inevitablemente en la lista de trending topics de esa red social. 

El gran logro de Quino fue acercar a toda una generación y a la siguiente a las situaciones políticas y sociales del mundo contemporáneo”
Winston Manrique, dibujante

“Para cualquier cosa de los últimos tiempos siempre hay un Mafalda o un Quino”, reitera el crítico literario Winston Manrique. “El gran logro de Quino fue acercar a toda una generación y a la siguiente a las situaciones políticas y sociales del mundo contemporáneo”.

El premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez resumía su éxito en una sola palabra: quinioterapia, como tituló un texto publicado sobre el argentino en 1992. “Lleva muchos años demostrándonos que los niños son los depositarios de la sabiduría. Lo malo para el mundo es que a medida que crecen van perdiendo el uso de la razón, se les olvida en la escuela lo que sabían al nacer, se casan sin amor, trabajan por dinero, se cepilla los dientes, se cortan las uñas, y al final —convertidos en adultos miserables— no se ahogan en un vaso de agua sino en un plato de sopa. Comprobar esto en cada libro de Quino es lo que más se parece a la felicidad”. 

  5f74dbba240000ed04d12861Getty Images

Resulta paradójico teniendo en cuenta la pena con la que se va Quino. “Sé que lamentaba que el mundo no había cambiado y que por eso su trabajo seguía teniendo vigencia”. Quizás si Mafalda, a la que no le gustaba ni la sopa ni la violencia, se hubiese convertido en traductora de la ONU, como ella quería, las cosas hoy nos irían mejor.