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29/06/2019 09:05 CEST | Actualizado 29/06/2019 09:05 CEST

¿Puedes hacer algo por mejorar la calidad de tu semen?

Estudios recientes apuntan a un descenso del 50% de concentración espermática en los últimos 40 años. Se puede revertir.

Irina Shatilova via Getty Images

El cuento de papá pone una semillita en mamá no es tan breve ni tiene siempre un final feliz. Los problemas para ser padres son cada vez más frecuentes y, en los casos de infertilidad en una pareja, la literatura empírica atribuye un 40% de responsabilidad a cada uno de los miembros y el 20% restante, a causas desconocidas.

No siempre ha sido así. Tradicionalmente se ha señalado a la mujer como la responsable de que una pareja en edad fértil no pueda tener descendencia aunque “eso ya ha pasado a la historia”. 

Lo constata Jaime Mendiola, profesor y doctor del área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Murcia. Él es uno de los expertos españoles que ha focalizado sus esfuerzos en estudiar la causa contraria: cuando el problema lo tiene él. Sus estudios siguen la tendencia de los trabajos que le enseñaron siendo estudiante universitario: la calidad es cada vez peor.

La calidad de las semillitas es cada vez más baja

Las primeras investigaciones que hablan de una disminución de la calidad seminal aparecieron a principios de los años 80. Desde entonces, se han sucedido otras investigaciones que apuntan a un decrecimiento progresivo, lento y evidente. Una de las últimas que apuntan a esta misma tendencia, y en la que precisamente ha colaborado Mendiola, afirma que el semen de los hombres occidentales es peor ahora que hace 40 años.

Según este estudio, la concentración espermática ha descendido un 50%, y la caída ha sido constante desde que aparecieron las primeras investigaciones. “Hemos perdido calidad seminal al ritmo de un 2% anual desde 1970 hasta 2010”, concreta Mendiola .

Otras investigaciones lo corroboran, como la última del Human Reproduction Update, que concluye también que la calidad del esperma se ha reducido a la mitad en estos últimos 40 años.

Sobre España hay pocos estudios en profundidad. Uno de los más recientes, firmado también por el docente de la Universidad de Murcia, pone el foco en los jóvenes de esta comunidad y constata que un 15% de los universitarios estudiados presentan una concentración inferior a los 15 millones de espermatozoides, lo que se traduciría en que, potencialmente, podrían tener problemas de infertilidad. 

Una muestra se considera normal cuando la concentración de espermatozoides por mililitro es superior a 15 millones.

Cuanto mayor concentración, mejor

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Según explica Mendiola, la calidad seminal está determinada, principalmente, por cuatro parámetros: el volumen del eyaculado, la concentración (en millones de espermatozoides por mililitro), la movilidad y la morfología. Dada la complejidad para monitorizar estos indicadores y obtener un análisis completo, los expertos toman como componente representativo la concentración. 

“Es el potencial indicador de fertilidad”, redunda Nicolás Garrido, director de la Fundación IVI y coautor de un estudio publicado a finales de 2018 que corrobora la tendencia a la baja de la calidad seminal y en el que se señala que el riesgo de los hombres de precisar tratamientos de fertilidad para ser padres ha incrementado un 9%. “Es una realidad que hace saltar las alertas respecto a la evolución de la fertilidad del varón”.

Se ha visto que los varones con peor calidad seminal han estado hospitalizados más tiempo y tienen más enfermedades crónicasJaime Mendiola, doctor en Medicina Preventiva

Los últimos estudios (y sus conclusiones) están a su vez abriendo la puerta a una línea de investigación nueva que parte de la calidad seminal como un marcador global de salud del varón y no como una cosa aislada que únicamente afecta al ámbito reproductivo. 

“Se ha visto que los varones con peor calidad seminal han estado hospitalizados más tiempo, tienen más enfermedades crónicas, más mortalidad, alteraciones del sueño, menor esperanza de vida o estrés psicológico”, resume Mendiola.

Peor calidad de vida, peor semen

Irina Shatilova via Getty Images

La capacidad seminal de un varón depende de factores múltiples por lo que “es difícil atribuir esta disminución a uno solo”, asegura Garrido. A pesar de ello, “como en cualquier enfermedad crónica, existen hábitos y aspectos externos que influyen en esta tendencia a la baja”, afirma Mendiola. 

Los hábitos tóxicos, como el consumo de tabaco o de estimulantes; los malos hábitos alimenticios y la obesidad, el estrés o los tóxicos ambientales y químicos son algunos de los factores que pueden alterar la calidad del semen. A esto hay que sumar las exposiciones prenatales y el factor edad —a partir de los 35 años desciende la calidad del semen—. “En líneas generales, cualquier hábito o sustancia que provoca un deterioro en la salud, de una forma u otra, provoca un deterioro en la calidad de semen”, afirma Garrido. 

Aunque se desconozca la influencia de cada uno de estos factores de forma individual, lo que está claro es que las causas no provienen de cambios genéticos ya que, tal y como explica el docente de la Universidad de Murcia, “tardan más en evolucionar”. De ahí la buena noticia: pueden ser reversibles. 

Tienes en tus manos mejorar 

Irina Shatilova via Getty Images

“Cualquier intervención que evite las causas se presupone como un efecto positivo, pero es difícil ver en qué proporción afecta cada una”, insiste el director de la Fundación IVI. Se trata de seguir la lógica: si sabemos que algo nos perjudica y ese algo es evitable, evitémoslo. 

Aunque esto no sea una garantía de fertilidad, acumula probabilidades de mejora y, sobre todo, trasciende del ámbito de la fertilidad. Ahora, como los tratamientos de infertilidad han evolucionado, a las parejas nos les importa esto de la calidad seminal. Si no pueden tener un bebé, van a una clínica, le hacen un tratamiento y listo. Da igual que fumes o comas mal, te van a dar una solución. Lo interesante desde el punto de vista de la salud pública no es que exista esa alternativa sino los factores de prevención, qué podemos hacer antes de llegar al tratamiento: una vida saludable, no sedentarismo, evitar exposiciones a tóxicos y contaminantes, dieta saludable”, reflexiona Mendiola.

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