POLÍTICA
14/12/2019 10:07 CET | Actualizado 14/12/2019 13:23 CET

Investidura en el Congreso: qué hacer para evitar este bloqueo

La fragmentación en la Cámara Baja aúna más intereses dispares, algo que dilata y dificulta la elección del presidente del Gobierno.

EFE
Sánchez en el hemiciclo del Congreso de los Diputados

La Constitución tiene la culpa. El artículo 99 pauta cómo se elige al jefe del Ejecutivo en España. Y se lo pone difícil al candidato, Pedro Sánchez, quien ya ha fracasado en dos investiduras, en 2016 y en julio tras el 28-A. Ahora solicitará la confianza al Congreso que alumbró el 10-N, el más fragmentado desde 1977.

En la Carrera de San Jerónimo, la calle de Madrid donde se encuentra el Congreso, conviven entre despachos partidos radicalmente opuestos: desde independentistas catalanes de extrema izquierda (Cup) hasta la extrema derecha de Vox, capitaneada por Santiago Abascal. ¡Toma democracia!, que diría Rajoy.

Ninguno de los 16 partidos con representación tiene mayoría absoluta (176 diputados); un concepto viejo desde que los nuevos —Unidas Podemos y Ciudadanos— reventaron en 2015 el bipartidismo que reinó el país durante 36 años. Y el aspirante a presidente necesita esa mayoría en primera votación.

El problema es que alcanzar hoy esa cifra mágica que permite gobernar a pierna suelta supone un ejercicio de contorsionismo que obliga a los partidos a dejarse el alma pactando —o intentándolo— con varios partidos. En esas anda el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que suda por una mayoría simple en segunda votación: más votos a favor que en contra. 

Los socialistas se han reunido en tres ocasiones —la última en Barcelona— con los independentistas catalanes de ERC, cuyos 13 asientos en la Cámara son claves para que el preacuerdo de Gobierno entre PSOE y Unidas Podemos cristalice en la sala de mandos de La Moncloa.

Esa es la clave que hace todo más difícil: que los diputados pueden votar ‘no’, el arma de algunas formaciones para presionar a Sánchez y torpedear la formación de Gobierno. Algo que para el exdiputado del PSOE Eduardo Madina “es la opción acariciada siempre por los políticos pequeños”. 

El catedrático de Derecho Constitucional vinculado a Ciudadanos, Francesc de Carreras, explica que los padres de la Constitución forjaron ese sistema para que los gobiernos fueran estables, duraran cuatro años y no fuera fácil derribarles.

“La tradición constitucional española, tanto en la Monarquía como en la II República, era de inestabilidad gubernamental. Con una moción de censura difícil de conseguir y una cuestión de confianza fácil de ganar, se garantizaba la estabilidad”, razona De Carreras.

España no puede quedar atrapada en una paradoja de bloqueoEduardo Madina, exdiputado socialista

Lo que no anticiparon los constituyentes es la situación política de 2019. “España no puede quedar atrapada en una paradoja de bloqueo por la cual lo que menos vale en política —el no por el no— condene recurrentemente a este país a vivir bloqueos institucionales cada vez que se celebran elecciones generales”, comentó Madina en una tribuna.

El catedrático de Ciencia Política Fernando Vallespín también apunta a que hay algo que el poder Constituyente, que fraguó la Ley Fundamental, no contempló en 1978: “En ningún momento pudieron imaginarse que con el sistema electoral que acordaron y a la vista de los dos grandes partidos que ya se vislumbraban, fuera a desarrollarse un sistema multipartidista tan fuerte”. 

Ahora le toca al bipartidismo adaptarse. “No parece previsible que el PP, principal partido de la oposición, termine absteniéndose para que gobierne el PSOE, partido que ha ganado las elecciones. Así que la conclusión es evidente: algunos no han aprendido nada”, remacha Madina apuntando a los de Pablo Casado.

Tanto Sánchez, preocupado por no culminar su viaje a la presidencia a pesar del respaldo mayoritario en las urnas, como el PP, alarmado por los socios en los que previsiblemente se apoyará el líder socialista, han abanderado propuestas para hacer menos estricto el sistema de elección del jefe del Gobierno. ¿El objetivo? Evitar la parálisis política por falta de acuerdos.

El bipartidismo quiere cambiar

Sánchez, que ya tiene cerrada la estructura del futuro Gobierno con Podemos, avanzó que el primer acuerdo que propondrá a la Cámara si desembarca en La Moncloa será la reforma del artículo 99 de la Constitución. “Un artículo que no funciona y hay que reformar”, dijo.

El presidente en funciones ve con buenos ojos el sistema de elección de alcaldes. En él, si el candidato a regidor no obtiene el voto favorable de la mayoría absoluta de los concejales que integran la corporación, queda investido en segunda votación el concejal que encabece la lista que haya obtenido mayor número de votos populares. 

Hemiciclo del Congreso de los Diputados vacío

Casado ha recuperado la propuesta que lanzó cuando los suyos le alzaron a la presidencia del partido en 2018: una prima de escaños para el ganador de los comicios. El retoque que plantea el PP en la elección del presidente se puede hacer sin tocar la Constitución, según comentan a El HuffPost fuentes del partido.

Se haría con un cambio de la Ley Electoral, ya que, recuerdan, la Ley Fundamental permite que el Congreso pase de 350 a 400 escaños para “dar una prima al ganador para que estos bloqueos no sigan ocurriendo”.

Ese plus aupó en Grecia al líder de Nueva Democracia (equivalente al PP), Kyriacos Mitsotakis, a la mayoría absoluta. Y eso que solo superó en ocho puntos a la segunda formación, Syriza, sin llegar al 40% de los votos. Pero lo importante, según Casado, es que después de las elecciones Grecia ya tenía Gobierno; una “solución más pragmática” que “perder” más de dos meses en bloqueos postelectorales.

Más de 542 días en funciones en cuatro años

Los días pasan y el bloqueo persiste. Al frente del país hay un Gobierno con las manos atadas y sin legitimidad para dirigir en plenitud. Pero el problema no es nuevo. El expresidente Rajoy también estuvo en las mismas. Desde las elecciones del 20 de diciembre de 2015 hasta que el exlíder del PP formó Gobierno —repetición electoral incluida en 2016— transcurrieron 315 días con un Ejecutivo en interinidad.

A a esos 315 días de Rajoy en funciones hay que sumar los 227 de Sánchez desde el 28-A hasta este jueves. En total, 542 jornadas. Más del 37% del tiempo de una legislatura normal de cuatro años sin un Ejecutivo capaz de llevar a buen puerto las grandes reformas y consensos que los organismos internacionales reclaman.

El artículo 21 de la Ley del Gobierno recoge que el Ejecutivo en funciones “limitará su gestión al despacho ordinario de los asuntos públicos, absteniéndose de adoptar, salvo casos de urgencia [...] cualesquiera otras medidas”. La cuestión es que el país lleva demasiado tiempo controlado por esta figura.

Algo que, opina Vallespín, genera costes. “En Israel, por ejemplo, han hecho una evaluación del coste del tiempo que llevan sin Gobierno: 4 mil millones de dólares. En España es difícil saberlo. Y aunque la política es hoy en gran medida gestión, eso no significa que no haya pérdidas. Sobretodo la producción legislativa; el aplazamiento de reformas”.

El catedrático ya vinculó en verano el bloqueo a Cataluña y propuso cambios en la elección del jefe del Ejecutivo. “Si así no somos gobernables, habrá que hacer algo”, reflexionó antes de lanzarse a proponer un sistema mayoritario de doble vuelta que facilite la designación de un gobierno.

El 99 es un artículo que no funciona y hay que reformarPedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones

Ciudadanos, sin embargo, no cree que la causa de los días sin Gobierno en funciones sea de la norma. “La mejor receta para evitar el bloqueo son los grandes acuerdos y las mayorías sólidas. Es decir, presentarse a una investidura con una mayoría amplia y segura: un gran acuerdo entre constitucionalistas, esa es la vía Arrimadas. PP y PSOE son responsables del bloqueo”, comentan a este medio fuentes del partido.

También critican esos anhelos de cambio de PP y PSOE en Podemos, donde creen que la mejor forma de evitar el bloqueo es que el bipartidismo asuma que su tiempo se acabó y que engrase la maquinaria de la cultura y el pacto.

Los morados cargan contra la ocurrencia del PP de la prima de escaños al ganador, porque, dicen, desvirtuaría el germen de la representación del diputado: la elección por sufragio. El único cambio que contemplan los morados es el del método de conversión de votos a escaños.

Matar a D´Hondt y entronar a Sainte-Lagüe —los nombres de los ideologos de los sistemas— para mejorar la proporcionalidad, que el Consejo de Estado ya constató que tenía “desajustes importantes”. Esta modificación haría que en algunas provincias pequeñas entrara un tercer o cuarto partido —Podemos o Ciudadanos—, pero también cualquier otro pequeño o regional.

Los espejos en los que mirarse

El objetivo de Sánchez, contó, es impedir coaliciones negativas que bloqueen la investidura y aboquen a la “repetición sistemática de las elecciones”. El PP mira el modelo griego y los socialistas a los ayuntamientos. ¿Pero son posibles estas alternativas?

El politólogo de la Universidad Carlos III Pablo Simón echa un jarro de agua a las expectativas del bipartidismo: “No hay mayorías para reformar la investidura del artículo 99 e ir a un modelo vasco o asturiano, que impiden bloqueos. Tampoco para que si no hay acuerdo se invista al candidato de la lista más votada [como ocurre en los Consistorios]”.

Simón cree que dar 50 diputados más y subir el número de representantes a 400 “es un sistema muy burdo y no arregla que ni así se llegue a mayorías absolutas”. Y no anda desencaminado, porque esa prima no daría al PSOE los 176 necesarios ahora —tiene 120— y seguiría dependiendo de otro partido para formar un Gobierno. 

Vascos, asturianos y castellanomanchegos cuentan con normas que regulan la elección de los presidentes que no contemplan el bloqueo. En Euskadi y en Asturias se fijó por ley —sin modificar los Estatutos— que en segunda votación los diputados solo pueden votar a favor o abstención. Es decir, no se contemplar el ‘no’. Así, el candidato será presidente con seguridad.

EFE
El presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García-Page, en el parlamento autonómico

En Castilla–La Mancha se optó por el sistema de los ayuntamientos y se dejó escrito en el Estatuto. El problema de la senda castellanomanchega, que implicaría el nombramiento automático por Felipe VI como presidente del Gobierno del candidato con más apoyo, es que armaría un Ejecutivo sin respaldo parlamentario.

Ese Consejo de Ministros, advierte el especialista en Derecho Constitucional Eduard Ariza, “transitaría el poder en la esterilidad legislativa hasta que, cumplido el plazo de un año (art. 115.3 CE), su fcinterés electoral le sugiriera la fecha de elecciones anticipadas”. Inestabilidad al canto. 

La investidura de Sánchez, no obstante, transita estos días por el peaje catalán. Aún no ha trascendido el precio. No se ha hecho público el contenido de las negociaciones, ni de los puntos de acuerdo.

Por el camino, el PSOE ha asumido que en Cataluña hay “un conflicto político”. Y ERC ha conseguido que Sánchez se comprometa a llamar por teléfono al president Torra. También lo hará a los otros 16 presidentes autonómicos. Un paso más en medio de un bloqueo estructural.  

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